
{"id":347,"date":"2014-04-02T00:00:15","date_gmt":"2014-04-01T22:00:15","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=347"},"modified":"2014-04-03T11:33:04","modified_gmt":"2014-04-03T09:33:04","slug":"no44-el-sueno-por-clara-lonnrot","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=347","title":{"rendered":"N\u00ba44- El Sue\u00f1o. Por Clara L\u00f6nnrot"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Antonio Oliva tuvo un sue\u00f1o. So\u00f1\u00f3 que un soldado se dirig\u00eda hacia \u00e9l con la bayoneta cargada, dispuesto a matarle. No parec\u00eda un combatiente republicano, sino un soldado alem\u00e1n de la Gran Guerra. Antonio Oliva se dirigi\u00f3 a \u00e9l en el sue\u00f1o y le dijo: \u201cNo me mates. A\u00fan no puedo morir, soy demasiado joven\u201d.<!--more--> \u201cNo te matar\u00e9 hoy \u2014le contest\u00f3 el soldado\u2014 pero no por compasi\u00f3n, ni tampoco por tu juventud. No te matar\u00e9 porque esto es un sue\u00f1o, y las heridas recibidas en sue\u00f1os no hieren el cuerpo. Pero antes de que termine el mes este mismo acero te partir\u00e1 el coraz\u00f3n\u201d. Corr\u00eda el a\u00f1o de mil novecientos treinta y ocho y Antonio Oliva combat\u00eda en el frente del Ebro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aquella misma noche desert\u00f3. Camin\u00f3 por senderos y veredas evitando las carreteras principales, buscando siempre el sur. De una granja rod\u00f3 rob\u00f3 ropas civiles, aprendi\u00f3 a mendigar comida y a evitar el ataque de los perros, pas\u00f3 hambre y fr\u00edo, y por fin, a finales de octubre de mil novecientos treinta y ocho, lleg\u00f3 al pueblo que le vio nacer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esper\u00f3 la protecci\u00f3n de la noche para entrar en el pueblo. Se le hicieron eternas las horas, las \u00faltimas de su huida, que pas\u00f3 entre aquellos olivos. Cuando la oscuridad fue completa, se aventur\u00f3 por las callejas s\u00f3rdidas de la periferia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Anduvo a ciegas, evitando los lugares iluminados y huyendo de las voces, para no ser reconocido, hasta que empez\u00f3 a presagiar los lugares familiares de la infancia. El deseo de llegar le hizo entonces temerario. Cruz\u00f3 resueltamente las calles sin preocuparse de que pudieran verle y lleg\u00f3, por fin, al pesado port\u00f3n de la casa, ahora deshabitada, que un d\u00eda fue su hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lleg\u00f3 a la puerta con la llave ya en la mano. No sin cierta torpeza, la introdujo en la cerradura, le dio dos vueltas que parecieron chirriar en todo el pueblo. Despu\u00e9s de un empuj\u00f3n t\u00edmido golpe\u00f3 con fuerza y la puerta se abri\u00f3. Al otro lado estaba la oscuridad confortable del zagu\u00e1n. Entr\u00f3 corriendo y cerr\u00f3 la puerta tras de s\u00ed, apoyando la espalda contra ella. Cerr\u00f3 los ojos y aspir\u00f3 profundamente: Por fin hab\u00eda llegado al \u00fanico lugar del mundo donde se sent\u00eda seguro<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Eduardo Ortega lleg\u00f3 al n\u00famero catorce de la calle de G\u00e9nova a la hora fijada. Mir\u00f3 hacia atr\u00e1s para comprobar que no le siguieran, como hab\u00eda hecho tantas veces en los \u00faltimos meses. En la acera de enfrente un hombre le\u00eda el peri\u00f3dico sentado en un caf\u00e9. Pod\u00eda ser alguien que vigilaba la puerta, pero c\u00f3mo saberlo. Decidi\u00f3 ignorar la se\u00f1al de peligro y subir la escalera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el segundo izquierda le esperaban cinco hombres taciturnos que le abrieron despu\u00e9s de una breve contrase\u00f1a. Era una c\u00e9lula de la C.N.T. en la clandestinidad, y esa ser\u00eda la \u00faltima vez que se reunieran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esperaban al jefe, que tardaba en llegar. Y no lleg\u00f3. En su lugar llegaron diez hombres armados que los arrojaron contra el suelo y los maniataron, golpe\u00e1ndoles son sa\u00f1a. Eduardo Ortega pudo reconocer en uno de ellos al hombre que le\u00eda el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Fue conducido a un calabozo sin ventana donde permaneci\u00f3 veinte d\u00edas, desnudo y encadenado. Cada uno de esos veinte d\u00edas fue golpeado e insultado. Le ped\u00edan nombres, lugares, fechas concretas. Eduardo Ortega no sab\u00eda muchas cosas, pero no habl\u00f3. Cada uno de esos veinte d\u00edas llor\u00f3 y suplic\u00f3, alguna vez se orin\u00f3 encima de miedo, pero no cometi\u00f3 la indignidad de la delaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El d\u00eda veinte de octubre fue obligado a vestirse e introducido en un cami\u00f3n. Iba a ser trasladado a Sevilla para ser sometido a un juicio militar. El resultado seguro era la pena de muerte, pero no sinti\u00f3 compasi\u00f3n de si mismo: al menos sab\u00eda que parar\u00edan los golpes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A las tres de la tarde oyeron el sonido de un avi\u00f3n, tal vez varios. Pronto supieron que eran varios y que eran republicanos. Una bomba son\u00f3 a poca distancia, luego otras muchas. El cami\u00f3n aceler\u00f3 la marcha. Los prisioneros gritaban pidiendo que los liberaran, el soldado que les vigilaba intentaba hacerles callar, amenaz\u00e1ndoles con su arma. Eduardo sinti\u00f3 que una explosi\u00f3n le destrozaba los t\u00edmpanos y not\u00f3 que era arrojado por los aires. \u00c9ste era su \u00faltimo recuerdo del bombardeo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Recobr\u00f3 el conocimiento sobre el cuerpo del soldado que les custodiaba, que en momento de la explosi\u00f3n estaba frente a \u00e9l y que le sirvi\u00f3 de colch\u00f3n. Ten\u00eda una profunda herida en la frente y un fuerte golpe en la rodilla, los o\u00eddos le zumbaban por la detonaci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s estaba vivo, cosa que ninguno de los otros pod\u00eda decir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cami\u00f3n estaba tumbado sobre un costado. Arrastr\u00e1ndose, pudo encontrar la salida. Busc\u00f3 las llaves de los grilletes en el bolsillo del oficial, muerto en la cabina. Un momento antes de huir, se volvi\u00f3 a contemplar el desastre. \u201cQu\u00e9 horror\u201d \u2014pens\u00f3. Luego se perdi\u00f3 entre los olivos centenarios que bordeaban el camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tres d\u00edas anduvo perdido en aquel laberinto geom\u00e9trico de olivos, comiendo aceitunas verdes y bebiendo su propia orina. Por la noche so\u00f1aba que los \u00e1rboles se convert\u00edan en guardias que le apresaban. Alguna vez divis\u00f3 la silueta lejana de una casa u oy\u00f3 las voces de los jornaleros, pero tem\u00eda que le delataran a la Guardia Civil y prefiri\u00f3 ocultarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al atardecer del tercer d\u00eda alcanz\u00f3 la cima de una loma desnuda, desde all\u00ed divis\u00f3 un pueblo y un castillo en ruinas. La compa\u00f1\u00eda de los hombres es grata aunque uno sea un fugitivo, adem\u00e1s \u2014pens\u00f3\u2014 un hombre no puede vivir como las bestias. Y sin dudarlo m\u00e1s se dirigi\u00f3 hacia el pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Era noche cerrada cuando pas\u00f3 ante las primeras casas. Avanz\u00f3 buscando la sombra de los muros y el silencio de las calles estrechas. Huyendo de unas voces se adentr\u00f3 en un callej\u00f3n que no ten\u00eda salida. Se vio cercado, para huir subi\u00f3 al tejado de un cobertizo, y de ah\u00ed a una azotea. De esa azotea pas\u00f3 a otra, y luego a otras muchas, En la \u00faltima se qued\u00f3 dormido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Le despert\u00f3 el sol de octubre ya entrada la ma\u00f1ana. El d\u00eda era hermoso, y eso le parec\u00eda un buen presagio. Inspeccion\u00f3 la azotea y el patio de la casa: la hierba crec\u00eda en las grietas del suelo y en el lavadero hac\u00edan nidos las golondrinas. Sin duda, la casa estaba deshabitada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Apoy\u00e1ndose en el pretil de una ventana salt\u00f3 de la azotea al patio, no sin grave peligro, y forz\u00f3 la puerta que daba acceso a la casa. En aquella casa permaneci\u00f3 una semana, sin m\u00e1s comida que unas galletas rancias ni m\u00e1s agua que la que pudo recoger de la lluvia del mi\u00e9rcoles. La herida de la frente se hab\u00eda infectado y deliraba de fiebre. Por las noches so\u00f1aba que los soldados le torturaban. Un enorme cuchillo que encontr\u00f3 en la cocina le acompa\u00f1aba siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La noche del s\u00e9ptimo d\u00eda oy\u00f3 ruidos en la puerta de la casa. Prest\u00f3 atenci\u00f3n, el sonido era inequ\u00edvoco: alguien estaba haciendo girar la llave en la cerradura. Estaba d\u00e9bil y enfermo, pero no se iba a dejar capturar f\u00e1cilmente. Apret\u00f3 firmemente el pu\u00f1o del cuchillo y se dirigi\u00f3 hacia el zagu\u00e1n tambale\u00e1ndose de fiebre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al otro lado alguien luchaba con la puerta. Se resist\u00eda. Al fin un golpe fuerte y la puerta se abri\u00f3. Eduardo Ortega vio la silueta de un hombre contra la luz de la luna. El desconocido entr\u00f3 y cerr\u00f3 tras de s\u00ed. A Eduardo le pareci\u00f3 o\u00edr que suspiraba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tal vez aquel hombre no fuera un soldado, pero c\u00f3mo saberlo. A Eduardo la fiebre no le dejaba pensar, s\u00f3lo sab\u00eda que no volver\u00eda a ser torturado, que no morir\u00eda solo. Sinti\u00f3 que se desvanec\u00eda y eso le dio valor. \u201cAhora o nunca\u201d, pens\u00f3. Cerr\u00f3 los ojos y se lanz\u00f3 contra el desconocido. De una cuchillada ciega le parti\u00f3 el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A Antonio Oliva lo reconocieron los vecinos y fue enterrado en el cementerio local. El desconocido que le hab\u00eda acuchillado fue trasladado a un hospital, donde muri\u00f3 d\u00edas m\u00e1s tarde de una septicemia. Nadie reclam\u00f3 su cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Antonio Oliva tuvo un sue\u00f1o. So\u00f1\u00f3 que un soldado se dirig\u00eda hacia \u00e9l con la bayoneta cargada, dispuesto a matarle. No parec\u00eda un combatiente republicano, sino un soldado alem\u00e1n de la Gran Guerra. 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