
{"id":369,"date":"2014-04-06T00:08:34","date_gmt":"2014-04-05T22:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=369"},"modified":"2014-04-05T21:37:41","modified_gmt":"2014-04-05T19:37:41","slug":"no49-la-vida-es-un-deseo-por-wishful-thinking","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=369","title":{"rendered":"N\u00ba49- La vida es un deseo. Por Wishful thinking"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Todo empez\u00f3 cuando me despert\u00e9 aquel d\u00eda. Mir\u00e9 por la ventana y vi una primavera reconvertida en invierno. Imagin\u00e9 gotas de lluvia, pero comprob\u00e9 que no eran de agua sino de piedras. Por fin fui consciente que algo me ocurr\u00eda. Dentro de m\u00ed todo estaba al rev\u00e9s e, intu\u00ed, que no exist\u00eda ni una varita m\u00e1gica ni una tecla de la fortuna que fuesen capaces de darle la vuelta a mi situaci\u00f3n.<!--more--> Conclu\u00ed, por tanto, que estaba varado en la eterna espera, como si todo lo que sucediese en mi exterior no importase, salvo una cosa, una noticia\u2026, acaso un accidente. Nada ajeno a <i>\u201ceso\u201d<\/i> ten\u00eda cabida dentro de m\u00ed y, desde hac\u00eda d\u00edas, me comportaba como un n\u00e1ufrago a la expectativa de que un barco que viniera a salvarme. \u00abNo hab\u00eda barcos en la ciudad\u00bb, me dije; \u00abni r\u00edos\u00bb, asever\u00e9, y como un aut\u00f3mata que est\u00e1 programado regres\u00e9 a mi agujero, con la \u00fanica misi\u00f3n de aguardar paciente a la gran noticia; el gran acontecimiento que, sin saber todav\u00eda muy bien por qu\u00e9, cre\u00eda que iba a cambiar mi vida. En definitiva, mi dilema existencial se reduc\u00eda a un todo o un nada de lo m\u00e1s absurdo, pues s\u00f3lo hab\u00eda dos opciones: la ruina m\u00e1s absoluta o desbancar a la banca y quedarme con todo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la suerte?\u00bb, me pregunt\u00e9 por en\u00e9sima vez. \u00abOjal\u00e1 yo lo supiera\u00bb, me respond\u00ed sin ninguna esperanza. Antes de llegar hasta esta infinita pr\u00f3rroga, cre\u00eda que mi desdicha acababa en el \u00e9xito final de mi gran d\u00eda\u2026, pero desde que me levant\u00e9 esa ma\u00f1ana ya no estaba tan seguro. S\u00ed, la espera, la eterna espera para alguien que no sabe ejercer de santo Job y que se pierde f\u00e1cilmente en los vericuetos de los sue\u00f1os m\u00e1s disparatados y de las metas m\u00e1s absurdas, por imposibles. S\u00ed, la en\u00e9sima dilaci\u00f3n de un veredicto que para m\u00ed ya se hab\u00eda convertido en un b\u00edblico juicio final. El gran problema, era y es, que siempre he relamido a la vez las caras contrapuestas de la victoria y la derrota y, como un funambulista, he caminado sin lastimarme por la exigua l\u00ednea que divide el \u00e9xito del fracaso. Pero esto es diferente. Todo o nada. \u00a1Hagan juego se\u00f1ores!; <i>black<\/i>, negro, <i>white<\/i>, blanco. Pens\u00e9 que las fichas de la ruleta tambi\u00e9n pod\u00edan ser las teclas de un piano; de un piano que me devolviese a la sublime e inquisitoria creaci\u00f3n. Sublime porque me liberaba, pero inquisitoria porque se transformaba en muda y solitaria y me dejaba siempre a mi propia suerte. Necesitaba respuestas a mis mensajes que, como el ta\u00f1ido de las campanas, surcaban los aires a la espera de que alguien me emitiera una se\u00f1al de aliento y esperanza y, con ella, apostar todo mi cr\u00e9dito a la realizaci\u00f3n de mis sue\u00f1os. Sin embargo, presa de mi paranoia, dentro de m\u00ed las palabras ya no se tocaban y las letras ya no se o\u00edan. Reprogram\u00e9 mis sentidos, \u00bfy mis sentimientos? Cre\u00ed que esos estaban igual que mis ideas, proscritos al destierro de la sinraz\u00f3n y abocados a la huida hacia territorios donde la primavera era un invierno coloreado de profundos tonos grises, y donde las gotas de lluvia te romp\u00edan las entra\u00f1as, porque no se conformaban con mojarte el alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Llegu\u00e9 al trabajo, y encend\u00ed el ordenador con la esperanza de encontrar aquello que anhelaba. Mientras se actualizaban todos los software, le\u00ed el post-it que hab\u00eda dejado pegado en el monitor antes de irme el d\u00eda anterior: <i>meaning of life<\/i>. Sin embargo, en vez de plantearme el verdadero significado de la vida, descend\u00ed como un cuerpo inerte a las profundidades de mis infiernos e, igual que si estuviera atrapado por una enredadera gigante, me qued\u00e9 paralizado, y sent\u00ed como algo parecido al plomo se apoderaba de todo mi cuerpo. Lejos de preocuparme me tranquilic\u00e9, porque \u00faltimamente esa sensaci\u00f3n solo me hund\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s cada vez que intentaba salir a flote. Un compa\u00f1ero de fatigas me dijo que eso era el miedo, el miedo al fracaso, a\u00f1adi\u00f3. Miedo o no, para m\u00ed era algo que se parec\u00eda bastante a la derrota; a esa especie de temblor que te entra al tener que volver a explicar a los dem\u00e1s que no lo has conseguido. Desafortunadamente, ese estadio lo conoc\u00eda muy bien, porque era la misma sensaci\u00f3n que me recorr\u00eda el cuerpo cada vez que suspend\u00eda el \u00faltimo examen de la oposici\u00f3n. Entonces, tuve la fortuna de saber qu\u00e9 exist\u00eda detr\u00e1s de la derrota y, c\u00f3mo esta, se difumina con el \u00e9xito y con el paso del tiempo; una combinaci\u00f3n perfecta que se convierte en una sinergia que en s\u00ed misma posee la capacidad de hacerte olvidar. De todas formas, ese era un falso olvido, porque todo permanec\u00eda en el caj\u00f3n de mis recuerdos y, como una persona que recupera el amor, ahora de nuevo soy v\u00edctima de esa sensaci\u00f3n de derrota que recorre mi cuerpo igual que en aquellos d\u00edas, como si ella fuese la mejor de las amantes que busca con pasi\u00f3n y con curiosidad en cada rinc\u00f3n de mi cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Introduje las claves que me daban acceso a internet y busqu\u00e9 desesperadamente, pero quiz\u00e1 por eso, no encontr\u00e9 lo que con tanta ansiedad anhelaba. \u00abOtra vez a esperar, y a permanecer en un imperfecto <i>stand-by\u00bb<\/i>, me dije. Pero no me rend\u00ed y repas\u00e9 mi vida, aunque s\u00f3lo vi en ella momentos diluidos en veredictos interminables en el tiempo. Siempre esperando el juicio de los dem\u00e1s. Primero de mis padres, luego de mis profesores, m\u00e1s tarde de mis amigos, despu\u00e9s de mi novia, y as\u00ed hasta el infinito. Sin embargo, cual condenado que no espera su salvaci\u00f3n, en ese momento yo tambi\u00e9n fui tocado por la bendici\u00f3n de la suerte, y sal\u00ed de mi profundo sue\u00f1o sin necesidad de llegar a despertarme. Antonio, mi compa\u00f1ero, lleg\u00f3 enseguida a la oficina y, gracias a \u00e9l, pude escaparme de los ficticios barrotes de mi celda prefabricada de miedos por un instante. Una huida que, como digo, no fue tal, porque enseguida me refugi\u00e9 en ella de nuevo, justo cuando Antonio me dio una copia del boleto de la loter\u00eda que jug\u00e1bamos todas las semanas. Le mir\u00e9, pero fui incapaz de decirle nada, perdido como estaba en mi particular rueda de la fortuna, \u00a1y el ganador es\u2026!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 A eso de las once de la ma\u00f1ana, Antonio, Juan y yo, fuimos a desayunar. En el camino que separaba la oficina del bar me fui fijando en las caras de las personas que se cruzaban con nosotros, pero por mucho que lo intentaba, s\u00f3lo ve\u00eda rostros apesadumbrados por el d\u00eda a d\u00eda. Al llegar al bar me detuve delante del vendedor de la ONCE y, en un impulso desconocido en m\u00ed, les propuse a mis compa\u00f1eros que jug\u00e1semos unos boletos para el premio especial del pr\u00f3ximo fin de semana. Sorprendidos me preguntaron qu\u00e9 me pasaba, pero lejos de sentirme molesto por ello, les dije: un poco de suerte no le viene mal a nadie. \u00abNo creer\u00e1s que toca de verdad\u00bb, me dijo Juan. \u00abNo s\u00e9 si toca o no, pero de vez en cuando sale alguien en la tele con cara de memo diciendo que le han tocado un mont\u00f3n de millones\u00bb, le contest\u00e9. Y en un momento, que yo interpret\u00e9 como de lucidez, les dije que la suerte no se compra. \u00ab\u00bfAcaso t\u00fa no crees en ella?\u00bb, me dijeron al un\u00edsono. T\u00fa, que eres el se\u00f1or de los concursos y te pasas la vida con tus sobrecitos debajo del brazo camino de la oficina de correos. Les mir\u00e9, pero no supe qu\u00e9 decir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Al regresar a la oficina, consult\u00e9 mi agenda y record\u00e9 que ten\u00eda que acompa\u00f1ar a mi padre a la consulta del onc\u00f3logo. Cuando llegu\u00e9 no quedaba nadie en la sala de espera, salvo \u00e9l y mi madre. Me los qued\u00e9 mirando, y pens\u00e9: \u00bfcara o cruz?, pero enseguida me arrepent\u00ed y rectifiqu\u00e9, porque ca\u00ed en la cuenta que no hab\u00eda peor jugada que aquella que se condensa en arriesgar la vida a una carta. Al salir de la consulta y, como todo hab\u00eda ido bien, me refugi\u00e9 de nuevo en la maldita suerte y lo que esta significaba para m\u00ed. Sin embargo, esta vez, la cara oculta de la diosa fortuna vino en mi auxilio y, en vez de enroscarme en m\u00ed mismo, repar\u00e9 en mi madre. Me fij\u00e9 en su sonrisa, que ese d\u00eda la enfermedad del olvido no era capaz de borrar y, como un feliz idiota, me alej\u00e9 de todos mis miedos. Este perfecto viaje que, me aislaba de mis conjeturas, sigui\u00f3 su camino en el restaurante al que fuimos a comer y, a la salida, cuando mi buen humor no hizo sino sorprenderme, cog\u00ed a mi madre del brazo y en mitad de la calle comenc\u00e9 a cantar con ella la canci\u00f3n del D\u00fao Din\u00e1mico<i>, \u00c9ramos tan j\u00f3venes<\/i>, que su maltrecha memoria todav\u00eda guardaba en un rinc\u00f3n a salvo del paso del tiempo. Caminamos cantando y ri\u00e9ndonos de nuestra propia sombra que, delante de nosotros, marchaba firme y dichosa. <i>\u201cJ\u00f3venes, \u00e9ramos tan j\u00f3venes\u201d\u2026<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando dej\u00e9 a mis padres en su casa me fui al supermercado con la lista de la compra que mi mujer me hab\u00eda dejado preparada. Al ir a pagar, la atenta dependienta de la cadena alimentaria me ofreci\u00f3 un taco de <i>\u201crascas\u201d<\/i> bajo la consigna de: \u00a1que tenga suerte, se\u00f1or! No s\u00e9 que me sent\u00f3 peor, si que me recordara lo de la suerte o que me llamara se\u00f1or, pero tampoco me par\u00e9 mucho a pensarlo porque, como un adicto al juego, nada m\u00e1s meter las bolsas de la compra en el maletero del coche me puse como un poseso a rascar los <i>\u201crascas\u201d <\/i>que la dependienta me hab\u00eda dado, con la \u00fanica intenci\u00f3n de encontrar el ansiado crucero tras el ba\u00f1o de plata que los recubr\u00eda. Cuando solo me quedaban tres, pens\u00e9: \u00bfqu\u00e9 es la suerte? Y en ese momento, sin necesidad de seguir rayando m\u00e1s boletos los tir\u00e9 en la primera papelera que encontr\u00e9. Al principio me extra\u00f1\u00e9 por verme a m\u00ed mismo echar a la basura las escasas posibilidades del sorteo final de un viaje que, por otra parte, yo no hab\u00eda deseado hacer nunca. Pero algo dentro de m\u00ed me hizo regresar a mi agujero; a ese que comienzo a excavar cada vez que soy la v\u00edctima de mis propios demonios. Sin pens\u00e1rmelo dos veces, saqu\u00e9 mi cartera del bolsillo y tir\u00e9 el billete de loter\u00eda que esa misma ma\u00f1ana me hab\u00eda dado Antonio, y el boleto de la ONCE que hab\u00eda comprado antes de entrar en el bar al que iba a desayunar con mis compa\u00f1eros. Despu\u00e9s de ese acto de heroicidad llegu\u00e9 a casa en paz conmigo mismo y, en vez de conectar el ordenador y volver a consultar por en\u00e9sima vez mi correo y la web de los premios literarios de la que era abonado, me abandon\u00e9 en la c\u00e1lida comodidad del sof\u00e1 del sal\u00f3n y en el paranoico aburrimiento de los programas de la tele. Esa certera anestesia hizo que cayera dormido al poco tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ese d\u00eda acab\u00f3, s\u00ed, pero tras \u00e9l llegaron otros que, sin embargo, no lograron quitarme de la cabeza esa sensaci\u00f3n de que la vida es un deseo. Y aqu\u00ed estoy, esperando todav\u00eda a que suene el tel\u00e9fono, como si esa llamada fuese a cambiar mi vida para siempre. Y de nuevo caigo en el abismo que me lleva a formularme la misma pregunta de siempre: \u00bfqu\u00e9 es la suerte, por favor? Y lo hago sin parar, en una secuencia de disparos que me dejan malherido, pero esta vez, como en las pel\u00edculas del oeste, el destino acude en mi ayuda, porque mi tel\u00e9fono m\u00f3vil no deja de vibrar en el bolsillo de mi pantal\u00f3n\u2026 y mientras decido si cogerlo o no, pienso en las palabras de mi profesor de literatura: mi carrera literaria est\u00e1 forjada en un veinticinco por ciento de talento y un setenta y cinco por ciento de fortuna.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Todo empez\u00f3 cuando me despert\u00e9 aquel d\u00eda. Mir\u00e9 por la ventana y vi una primavera reconvertida en invierno. 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