
{"id":379,"date":"2014-04-07T00:20:33","date_gmt":"2014-04-06T22:20:33","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=379"},"modified":"2014-04-07T00:28:27","modified_gmt":"2014-04-06T22:28:27","slug":"51-vega-sicilia-por-ayla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=379","title":{"rendered":"N\u00ba-51- Vega Sicilia. Por Ayla"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\" align=\"right\"><i>\u201cTengo en m\u00ed todos los sue\u00f1os del mundo\u201d<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"right\"><i>(Pessoa)<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Despu\u00e9s de dos d\u00edas de lluvia, Valladolid ha amanecido bajo un sol espl\u00e9ndido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Me dirijo al <i>Gabino<\/i><b> <\/b>con mi hija Clara. Su padre, Miguel, nos espera en el restaurante. En realidad, \u00e9l nos ha invitado: quiere celebrar su cumplea\u00f1os con nosotras. Me temo que solo yo soy consciente de que voy a romper un contrato.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ubicado en una casa antigua en el centro, el <i>Gabino<\/i> ocupa todo el primer piso. Techos altos, grandes puertas de madera y peque\u00f1os comedores, como el que reserv\u00f3 Miguel, con una sola mesa. Me siento frente a Clara, y su padre en medio de las dos. Compartimos la mesa cuadrada al lado de la ventana. Mis ojos, a trav\u00e9s del cristal, se clavan en las columnas corintias que flanquean el gran arco de triunfo de la vieja iglesia, y en La Piedad que corona el arco, con su dolor hier\u00e1tico y perenne. Un escalofr\u00edo me recorre la espalda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Pedimos de comer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 He aceptado la invitaci\u00f3n de Miguel porque hemos hecho un pacto: nada de malos rollos, vamos a\u00a0 comer los tres en buena sinton\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Recordamos tiempos pasados, pero s\u00f3lo cosas alegres en un ambiente <i>casi<\/i> cari\u00f1oso. Nos re\u00edmos mucho. Clara saca un papel en el que ha pintado un coraz\u00f3n a su padre, rojo intenso, y ha dibujado dos flechas que lo atraviesan con un enorme <i>\u00abTe quiero pap\u00e1\u00bb.<\/i> Miguel est\u00e1 contento con su regalo y, muy orgulloso, lo deja en la mesa para que lo vea el camarero; aunque nosotros, actores secundarios de una escena principal, fingimos la imagen <i>de una familia feliz<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miguel ha cuidado mucho la cita, por eso ha elegido el <i>Gabino<\/i>. De eso se trata, de cuidar las apariencias. Y, verdaderamente, ha acertado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Entre bocado y bocado contamos an\u00e9cdotas de la ni\u00f1ez de Clara, lo que nos lleva a la infancia de Miguel en Bata. A Clara siempre le apasionaron las historias africanas que le contaba su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Queremos dilatar este tiempo casi m\u00e1gico. Quiz\u00e1 tenemos (<i>tengo<\/i>) la necesidad de que el reloj se pare aqu\u00ed. Justo en este instante en el que parecemos felices.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y, sin que yo lo quiera, los mon\u00f3logos que habitan dentro de m\u00ed afloran poderosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Quisiera no haber conocido nunca a Miguel\u2026 No, eso no. Si fuera as\u00ed, no tendr\u00eda a mi hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Quince a\u00f1os sinti\u00e9ndome sola aunque \u00e9l estuviera a mi lado. No se met\u00eda en nada, ni se met\u00eda conmigo, pero \u00bfacaso yo le importaba? Nunca calent\u00f3 mi cama<b>. <\/b>Ni posey\u00f3 mi cuerpo; rara vez, si tengo en cuenta que mi hija est\u00e1 en el mundo. Nunca supo lo que yo pensaba, lo que me inquietaba, lo que so\u00f1aba, lo que me hac\u00eda feliz&#8230; yo era invisible para \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No le puse remedio, es cierto. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfAcaso no soy una mujer que merece la pena? \u00bfEs que no puedo volver loco a un hombre? \u00bfPor qu\u00e9 estuvo quince a\u00f1os conmigo? \u00bfPor qu\u00e9 estuve quince a\u00f1os con \u00e9l?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Pienso que ha llegado la hora de entregar a Miguel el regalo de cumplea\u00f1os. Me agacho como en c\u00e1mara lenta, lo agarro con las dos manos y lo pongo encima de la mesa: una elegante caja de madera donde puede verse el escudo de unas bodegas de vino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Hace mucho tiempo, desped\u00ed a mi suegro cuando estaba a punto de morir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Hab\u00edan pasado algunos a\u00f1os desde mi pedida de mano, en la que mi madre hab\u00eda comprado una botella de <i>Vega Sicilia<\/i> para celebrarlo las dos familias y brindar por Miguel y por m\u00ed. Ella siempre pens\u00f3 que yo hab\u00eda sido afortunada. Cre\u00eda que Miguel (o su apellido ilustre), era lo mejor que me hab\u00eda pasado. Por eso, cuando escuch\u00f3 al padre de Miguel decir que el <i>Vega Sicilia<\/i> era uno de los mejores tintos del mundo, supo que hab\u00eda entrado con buen pie en tan distinguida familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Mi suegro, evocando ese d\u00eda y cogi\u00e9ndome la mano en su lecho de muerte, me dijo: <i>\u00abGracias. Que me quiten lo \u02bbbailao\u02bc\u00bb.<\/i> Tambi\u00e9n un hombre como \u00e9l ten\u00eda derecho a hablar as\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Sent\u00ed una dicha transitoria al revivirlo. Si tuviera que recordar momentos gloriosos de mi vida, ese ser\u00eda uno de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Miguel coge la caja y comienza a abrirla con la ayuda de Clara, que no aguanta quieta en su silla y se levanta. Agarra el fino cord\u00f3n negro, que la protege contra aperturas imprevistas, para romperlo, pero no puede. Mira a su padre, que enseguida lo corta con un cuchillo. Clara le separa las manos de la caja con nerviosismo y le dice que mire qu\u00e9 bonita es la madera: en los costados tiene una imagen pirograbada, en rojo, de los vi\u00f1edos. Y le va explicando con detalle qu\u00e9 se ve en el dibujo: la propiedad de <i>Las bodegas<\/i> en Valbuena de Duero, los jardines, el palacete del siglo XIX, la vega, el r\u00edo, el bosque\u2026 y entonces Miguel me mira, boquiabierto, mientras yo me encojo de hombros. Esa es tu hija en estado puro, intento decirle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los miro, expectante, mientras sacan la botella de la caja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Fue absolutamente providencial que lo descubriera todo, porque Miguel jam\u00e1s dejaba su tel\u00e9fono m\u00f3vil al alcance de nadie. Dorm\u00eda con \u00e9l. Iba al ba\u00f1o con \u00e9l. Y no creo que decirlo as\u00ed sea exagerado. Era el d\u00eda 12 de mayo. Yo estaba en casa y Miguel pegaba carteles del <i>PP<\/i> en la calle. Clara se empe\u00f1\u00f3 en acompa\u00f1arlo, sali\u00f3 corriendo detr\u00e1s de \u00e9l y no pude retenerla. Aunque para ella era un juego, a m\u00ed no me gustaba que lo acompa\u00f1ara a este tipo de actos. Est\u00e1bamos en plena vena electoral, que quiz\u00e1 tuvo la culpa del descuido de Miguel. Eso, o que se hab\u00eda relajado: si sale bien un mes, \u00bfpor qu\u00e9 no uno m\u00e1s y otro y otro?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando escuch\u00e9 el pitido de su tel\u00e9fono avisando que entraba un mensaje, me acerqu\u00e9 a la mesa y empec\u00e9 a curiosear. Una tal Mar\u00eda hab\u00eda escrito<i>: \u00abAmorcito, qu\u00e9 bien lo pasamos en Sevilla\u00bb. <\/i>\u00bfAmorcito? Y \u00bfqui\u00e9n es Mar\u00eda? \u00bfDe d\u00f3nde ha salido? Abr\u00ed su carpeta de mensajes. Hab\u00eda muchos de ella. Me temblaban las piernas. <i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 <i>\u00ab\u00a1Me est\u00e1 enga\u00f1ando, por Dios!\u00bb<\/i>, me gritaba a m\u00ed misma como si fuera el mayor drama (que lo era). Lo era y yo era la v\u00edctima. Me sent\u00eda humillada, miserable como mujer\u2026 Pero tuve el reflejo de anotar el n\u00famero de esa tal Mar\u00eda, no fuera a ser que Miguel me quitara el tel\u00e9fono por la fuerza y todo se volatizara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Sal\u00ed a la calle. Pisaba fuerte el asfalto y le buscaba con la mirada, como una leona. Quer\u00eda avergonzarlo y desacreditarlo: ten\u00eda necesidad no s\u00f3lo de pedirle explicaciones. Ten\u00eda necesidad de matarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Por fin Miguel empu\u00f1a\u00a0 la botella, desnuda, con su etiqueta (sabe a qu\u00e9 a\u00f1ada corresponde porque la etiqueta es un cuadro de Antonio L\u00f3pez). No dice nada. Me mira (le brillan los ojos) y llama al camarero para que la abra. A Miguel se le ocurre que tomemos el vino con el postre. El camarero, con una sonrisa c\u00f3mplice, nos sirve en esas enormes copas que tanto le gustan a Clara. Tienen que traerle una copa a ella tambi\u00e9n, para <i>chocar<\/i> con su Coca-Cola. Eso le hace sentirse mayor e importante. Los tres brindamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando me vio llegar blandiendo el m\u00f3vil, calle abajo, se ech\u00f3 mano a la funda vac\u00eda del tel\u00e9fono. Lo intuy\u00f3 o me lo ley\u00f3 en la cara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Llegu\u00e9 donde estaba, le mir\u00e9 con descaro y le grit\u00e9:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014Te ha salido bien hasta hoy, pero se te acab\u00f3. Ya no ser\u00e9 m\u00e1s tu cornuda&#8230; hijo de puta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00c9l me clav\u00f3 los ojos llenos de ira, neg\u00e1ndolo todo. Intent\u00f3 arrebatarme el tel\u00e9fono, pero no lo consigui\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Clara permanec\u00eda detr\u00e1s de \u00e9l, confundida en medio de esa disputa de adultos que no entend\u00eda a sus nueve a\u00f1os. Cuando la vi detr\u00e1s de su padre, me contuve. Le dije que volviera a casa, que ya le explicar\u00edamos, que era una conversaci\u00f3n de mayores y no ten\u00eda nada que ver con ella. Clara obedeci\u00f3. Odiaba vernos discutir. Se tapaba los o\u00eddos como loca y nos ped\u00eda que dej\u00e1ramos de gritar. Entonces, Miguel y yo obedec\u00edamos, ella nos conmov\u00eda. Esta vez no se los tap\u00f3, esta vez ella sab\u00eda que todo era distinto. Sin embargo, tambi\u00e9n me conmovi\u00f3. Cuando Clara nos dej\u00f3 solos comenc\u00e9 un interrogatorio tit\u00e1nico. \u00c9l me cont\u00f3 una milonga: Mar\u00eda no era su amante, sino una mujer que sent\u00eda hacia \u00e9l una atracci\u00f3n fatal, que lo acosaba, y \u00e9l, pobrecito, no pod\u00eda hacer nada. Que s\u00f3lo me quer\u00eda a m\u00ed. Que Clara y yo \u00e9ramos sus amores. Su familia. Y yo le ret\u00e9. Le ret\u00e9 y le rogu\u00e9 que se lo dijera a su amante delante de m\u00ed, que yo pudiera escucharlo. Se neg\u00f3, claro, pero no le di tiempo a reaccionar. Marqu\u00e9 el n\u00famero de Mar\u00eda y le di a la funci\u00f3n <i>manos libres<\/i>. Ella lo cogi\u00f3. Le pregunt\u00e9 si conoc\u00eda a Miguel y me dijo que era su novio. Entonces a \u00e9l se le desat\u00f3 la lengua, acorralado. Le vociferaba que \u00e9l amaba a su mujer, y todas esas cosas que me hizo creer a m\u00ed. Y exclam\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014\u00a1No me molestes m\u00e1s. No me llames. Olv\u00eddate de m\u00ed!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Su forma imperativa de hablar, hizo que ella le contestara en el mismo tono:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014\u00a1Eres pat\u00e9tico!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y esa frase la tengo grabada a fuego. Miguel, eres pat\u00e9tico. Ella lo ha resumido bien: pa-t\u00e9-ti-co.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Despu\u00e9s me fui enterando de todos los detalles y todas las mentiras: los congresos inexistentes, los dos a\u00f1os y medio que llevaban juntos. Lo que m\u00e1s me doli\u00f3 fue saber que la hab\u00eda llevado a casa, con el enga\u00f1o de que \u00e9ramos separados, y que toda la familia de ella lo conoc\u00eda oficialmente, como si fueran novios a punto de casarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Le miro mientras brindamos. Intento atisbar alguna explicaci\u00f3n coherente. Tengo la sensaci\u00f3n de haber compartido techo, mesa y cama con un desconocido. La vida me ha dado muchas oportunidades de sentirme sola, pero ninguna como ahora. Ninguna es comparable con la traici\u00f3n y el desamor. \u00c9l nos ha enga\u00f1ado a las dos, y tambi\u00e9n a mi hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Despu\u00e9s del brindis cojo la mano de Miguel. Y le digo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014Gracias. Que me quiten lo \u00abbailao\u00bb \u2014aunque no tenga mucho sentido, no esta vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y el <i>Vega Sicilia<\/i> tiende un puente entre mi coraz\u00f3n y los recuerdos. Le miro y sabe que estoy cerrando una puerta de la misma forma en que la abr\u00ed, con uno de los mejores tintos del mundo. <b><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Hemos terminado de comer y salimos del <i>Gabino<\/i>. Nos vamos a casa. Miguel debe recoger sus cosas despu\u00e9s de casi un mes conviviendo a base de discusiones y gritos. Es duro asumir que un juez le obliga a dejar la vivienda y que ser\u00e1 as\u00ed hasta que Clara cumpla los dieciocho a\u00f1os. Es insufrible recordarle que debe irse mientras mi hija me grita <i>\u201c\u00a1Perd\u00f3nale, mam\u00e1!\u201d.<\/i> Es cruel y humillante tirar quince a\u00f1os de mi vida aunque no me haya sentido valorada nunca, ni amada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Mi hija sigue a su padre, como un perrito, mientras \u00e9l recoge sus cosas de los armarios. Despu\u00e9s, los dos se sientan en la cama de nuestra habitaci\u00f3n, hablan durante un rato y se abrazan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando Miguel arranca el coche para irse, Clara sale a la calle con una cestita llena de p\u00e9talos de rosa y comienza a tir\u00e1rselos. Salgo detr\u00e1s de ella aunque no entiendo por qu\u00e9, o s\u00ed: me duele Clara. Me llena las manos de p\u00e9talos y yo tambi\u00e9n los tiro al aire (me siento tonta, rid\u00edcula). Entonces \u00e9l, con l\u00e1grimas en los ojos, sin dejar de mirarme, proclama:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014Eres una gran mujer y la mejor madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ha esperado quince a\u00f1os para dec\u00edrmelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando Miguel desaparece le digo a Clara que su padre y yo la queremos como siempre. Que todo ir\u00e1 bien. Ella no me escucha. Se va a su cuarto. Me odia. Pero yo s\u00e9 que tengo que darle tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Se trata de vivir. Me lo debo. Tambi\u00e9n se lo debo a ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cTengo en m\u00ed todos los sue\u00f1os del mundo\u201d (Pessoa) &nbsp; \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Despu\u00e9s de dos d\u00edas de lluvia, Valladolid ha amanecido bajo un sol espl\u00e9ndido. \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Me dirijo al Gabino con mi hija Clara. Su padre, Miguel, nos espera en el restaurante. 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