
{"id":407,"date":"2014-04-11T10:00:44","date_gmt":"2014-04-11T08:00:44","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=407"},"modified":"2014-04-11T10:08:05","modified_gmt":"2014-04-11T08:08:05","slug":"no58-winner-por-yago-seimar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=407","title":{"rendered":"N\u00ba58- And the winner is\u2026 Por Yago Seimar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Miguel Molina abandon\u00f3 el edificio contrariado. Al llegar a la avenida se detuvo en el bordillo de la acera y busc\u00f3 un taxi entre el denso tr\u00e1fico que enfilaba el centro de la ciudad. Un veh\u00edculo se detuvo a su lado y el conductor lo interrog\u00f3 con\u00a0 la mirada.<!--more--> En ese momento pens\u00f3 que le vendr\u00eda bien caminar y lo despidi\u00f3 con un movimiento de la mano. Necesitaba reflexionar sobre lo que acababa de ocurrir all\u00ed arriba. Hab\u00eda escuchado que ese tipo de cosas suced\u00edan todos los d\u00edas y, aunque hab\u00eda imaginado que a \u00e9l tambi\u00e9n podr\u00eda llegar a pasarle, nunca se hab\u00eda detenido a imaginarlo en profundidad. Y ahora que le hab\u00eda sucedido, su cabeza daba vueltas como una lavadora pensando la respuesta que deb\u00eda dar a Ernesto Seti\u00e9n, presidente del grupo editorial Letras de Oro. Y le hab\u00eda pedido una contestaci\u00f3n esa misma ma\u00f1ana antes del almuerzo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Reflejando su impotencia con un suspiro, ech\u00f3 a caminar. Normalmente sol\u00eda hacer uso del metro, aunque fuera para el trayecto de unas pocas paradas. Disfrutaba contemplando los rostros de los viajeros para describirlos mentalmente como una forma de entrenar la descripci\u00f3n de sus personajes literarios, un ejercicio que sol\u00eda aconsejar a sus alumnos de los talleres de narrativa. Sin embargo, esa ma\u00f1ana su cabeza estaba ocupada en resolver el dilema que supon\u00edan las palabras de Seti\u00e9n, en realidad una verdadera trampa en la que no quer\u00eda quedar atrapado. Impermeable a las miradas de los cientos de rostros an\u00f3nimos con los que se cruzaba, decidi\u00f3 entrar en una cafeter\u00eda a rumiar su impotencia delante de una taza de t\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0La barra y las mesas se ve\u00edan ocupadas por decenas de funcionarios de un ministerio cercano, aunque, poco a poco, fueron regresando a sus trabajos dejando el local semivac\u00edo. Mientras esperaba a que se enfriase el t\u00e9, <i>Emed\u00f3s<\/i>, seud\u00f3nimo con el que sol\u00eda firmar sus obras, se concentr\u00f3 en las noticias de la televisi\u00f3n. Se trataba de un <i>magazine<\/i> matutino dirigido por una periodista de formas huesudas que contaba con una legi\u00f3n de seguidores, aunque no faltaba quien aseguraba maliciosamente que buena parte de ellos atend\u00edan expectantes al programa, s\u00f3lo para ser los primeros en <i>tuitear<\/i> las famosas meteduras de pata de la presentadora. <i>Emed\u00f3s<\/i> sonri\u00f3. Aunque no le gustaba reconocerlo, \u00e9l sol\u00eda sintonizarlo tambi\u00e9n, aunque, en su caso se deb\u00eda \u00fanicamente,\u00a0 o eso prefer\u00eda pensar, a que se trataba de un programa relacionado casi siempre con las noticias m\u00e1s escabrosas. <i>Una verdadera fuente de inspiraci\u00f3n para escritores<\/i>, acostumbraba a responder en tono defensivo cuando alguien le preguntaba por su costumbre de pasar la mitad de la ma\u00f1ana delante del televisor. A su lado, un par de jubilados se levantaron dejando un peri\u00f3dico sobre la mesa. En la portada acert\u00f3 a leer que Siro Neto hab\u00eda resultado ganador del Cedro, uno de los premios literarios de mayor prestigio del panorama nacional. Tras leer la noticia, dej\u00f3 el peri\u00f3dico sobre la mesa y se concentr\u00f3 en sus recuerdos, mientras echaba de menos los tiempos en que uno pod\u00eda encender un cigarro en un bar despu\u00e9s de terminar el caf\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Su mente viaj\u00f3 quince a\u00f1os atr\u00e1s, cuando despu\u00e9s de terminar su primera novela sinti\u00f3 la impotencia de dejarse los nudillos llamando a las puertas de no menos de cincuenta editoriales en las que, en el mejor de los casos, lo despidieron con un cari\u00f1oso <i>lo siento<\/i> o un poco reconfortante <i>en estos momentos no admitimos manuscritos<\/i>. Fue su hermano Jaime quien le anim\u00f3 a enviar la novela a un concurso literario, cosa que hizo como \u00faltimo recurso. Para entonces ya ten\u00eda un hijo, que su exmujer hab\u00eda apartado de su vida, hab\u00eda plantado un limonero en el jard\u00edn de la que una vez fuera su casa y que, seg\u00fan le hab\u00eda contado\u00a0 un antiguo vecino con el que se reun\u00eda de vez en cuando a jugar al <i>paddle<\/i>, agonizaba por falta de riego y cuidados. Con \u201cEl s\u00edndrome de Salom\u00f3n\u201d, esperaba cerrar la popular trilog\u00eda vital, aunque todo apuntaba a que su vida literaria resultar\u00eda tan ef\u00edmera como la familiar y la del limonero, que apenas daba cada a\u00f1o unos pocos y m\u00edseros frutos del tama\u00f1o de las uvas. Su esperanza de ganar era m\u00ednima y pas\u00f3 a ser pr\u00e1cticamente nula cuando, sabedores de que se acababa de lanzar al dif\u00edcil ruedo literario, unos entendidos que dec\u00edan moverse en el mundo de las letras le aseguraron que Cedro era uno de esos concursos ama\u00f1ados en los que el ganador se decide antes de la convocatoria del premio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Fue el primer sorprendido cuando supo que su novela hab\u00eda resultado ganadora. La vida le dio un vuelco inesperado. La dotaci\u00f3n econ\u00f3mica del premio le ayud\u00f3 a salir de la ruina financiera en la que se encontraba, pero lo mejor fue ver su novela publicada por una editorial de prestigio. En sus paseos a lo largo y ancho de la ciudad, sol\u00eda acercarse a los escaparates de las librer\u00edas s\u00f3lo para darse el gusto de ver a su \u201cS\u00edndrome de Salom\u00f3n\u201d disputarle un trozo de expositor a los autores m\u00e1s reconocidos. M\u00e1s tarde, como una catarata de sorpresas interminables, llegaron las entrevistas de prensa y radio y, m\u00e1s adelante, las visitas a los plat\u00f3s de las principales cadenas de televisi\u00f3n para participar en todo tipo de debates junto a personajes famosos a los que hasta entonces s\u00f3lo hab\u00eda visto a trav\u00e9s de la peque\u00f1a pantalla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Una camarera menuda de cabello canoso lo mir\u00f3 desde la barra y le hizo una se\u00f1a que no supo interpretar. Luego se acerc\u00f3 sec\u00e1ndose las manos en el delantal y le pregunt\u00f3 si quer\u00eda otro t\u00e9. Miguel le respondi\u00f3 afirmativamente y, despu\u00e9s de morderse el labio, ella inquiri\u00f3 si era posible que le hubiera visto en la televisi\u00f3n. Sonriente, <i>Emed\u00f3s<\/i> hizo un gesto con la cabeza y ella le tendi\u00f3 la mano, identific\u00e1ndose como una de sus m\u00e1s leales lectoras. Cuando regres\u00f3 con el t\u00e9, le pidi\u00f3 un aut\u00f3grafo lamentando no tener a mano ninguna de sus novelas. <i>Emed\u00f3s<\/i> le firm\u00f3 una cari\u00f1osa dedicatoria en una servilleta y ella se march\u00f3 caminando de espaldas y haciendo leves inclinaciones con el cuerpo mientras repet\u00eda lo contenta que se pondr\u00eda su hija cuando le contase su feliz encuentro con el escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Tras mojarse los labios con el t\u00e9 y comprobar que estaba demasiado caliente, regres\u00f3 a sus enso\u00f1aciones. Despu\u00e9s del \u201cS\u00edndrome de Salom\u00f3n\u201d vinieron otras catorce novelas, con una de las cuales lleg\u00f3 a ganar el premio nacional de narrativa. De su \u00faltima obra, \u201cArroz para perros\u201d hab\u00eda conseguido vender m\u00e1s de medio mill\u00f3n de ejemplares. Fueron a\u00f1os de trabajo duro, hasta encumbrarse como uno de los autores m\u00e1s reconocidos del pa\u00eds y en las listas de espera para entrar en los talleres de narrativa que dirig\u00eda, los aspirantes a escritores se contaban por docenas. Y de repente, Ernesto Seti\u00e9n le sal\u00eda con esas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Una de las cosas que defend\u00eda siempre en sus obras era la fidelidad a uno mismo, sobre todo en tiempos de crisis. <i>Ninguna situaci\u00f3n puede llegar a ser angustiosa hasta el punto de hacer renunciar a un individuo a s\u00ed mismo<\/i>, lo que, aplicado al mundo de los escritores, y as\u00ed lo trasmit\u00eda siempre en las palabras de bienvenida a sus alumnos en los talleres de escritura, consist\u00eda en ser fiel a uno mismo y a la honestidad hasta las \u00faltimas consecuencias. Ernesto Seti\u00e9n lo sab\u00eda, le hab\u00eda alabado muchas veces la pureza que encontraba en sus letras y ahora le ped\u00eda que, como miembro del jurado de Cedro, otorgase el premio a una determinada escritora sin que ni siquiera se hubiera cerrado el plazo de recepci\u00f3n de manuscritos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0En condiciones normales lo hubiera mandado a la mierda en su propio despacho, sin embargo la prudencia le hab\u00eda obligado a contenerse. Hab\u00eda firmado un contrato en exclusiva con Letras de Oro, de modo que s\u00f3lo publicar\u00eda como y cuando a Ernesto Seti\u00e9n le diera la gana. Desde luego, <i>Emed\u00f3s<\/i> era una figura s\u00f3lidamente establecida en el panorama literario hispano-americano y ten\u00eda los talleres de narrativa que, por s\u00ed solos, le permitir\u00edan vivir holgadamente sin necesidad de prostituirse intelectualmente, pero se hab\u00eda instalado en la publicaci\u00f3n de un libro pr\u00e1cticamente cada a\u00f1o y sab\u00eda que no podr\u00eda ni sabr\u00eda vivir sin ese aliciente ni el calor de su p\u00fablico y, por otra parte, en el dif\u00edcil mundillo de las letras se sab\u00eda de ciertos escritores de tanta o mayor fama que la suya, a los que la soberbia les hab\u00eda llevado a enfrentarse con la oligarqu\u00eda del mundo editorial y, sencillamente, hab\u00edan desaparecido del panorama literario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Apur\u00f3 la taza de t\u00e9 y volvi\u00f3 la mirada hacia la calle. A trav\u00e9s de las cristaleras contempl\u00f3 el rostro de la gente que caminaba en una y otra direcci\u00f3n sumidos en sus pensamientos y preocupaciones. Un autob\u00fas municipal se detuvo en un sem\u00e1foro. A trav\u00e9s de los ventanales distingui\u00f3 a un buen n\u00famero de viajeros concentrados en sus <i>e-readers<\/i>. Quiz\u00e1s alguno de ellos estuviera leyendo una de sus novelas. Como aquella atenta camarera que se hab\u00eda acercado a saludarle, sab\u00eda que muchos de sus lectores eran fieles seguidores de sus libros, precisamente por la libertad y la independencia intelectual que destilaban. Si ced\u00eda al capricho del editor, no ser\u00eda capaz de volver a dirigirse a ellos sin poder evitar los dolorosos mordiscos del negro lobo de la hipocres\u00eda.\u00a0 Cogiendo otra servilleta como la que acababa de usar para dedicar unas palabras a la camarera, permaneci\u00f3 cerca de una hora anotando los pros y contras de la decisi\u00f3n que deb\u00eda tomar sin dilaci\u00f3n. En la columna de la izquierda, amontonados unos sobre otros, reley\u00f3 vocablos tan pomposos como integridad, honestidad, pudor y hasta una docena de argumentos relacionados con la decencia, mientras que, en la columna de al lado, aislada dentro de un c\u00edrculo, como si tratara de evitar mezclarse con sus vecinas, aparec\u00eda \u00fanicamente una palabra: fama.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Arrastrando los pies, abandon\u00f3 el local. La camarera del cabello canoso le dirigi\u00f3 una sonrisa que no fue capaz de mudar el gesto adusto de su rostro. Decidi\u00f3 coger el metro de vuelta al edificio que albergaba las oficinas de la editorial, en cuyo pin\u00e1culo ten\u00eda su despacho Ernesto Seti\u00e9n. Todav\u00eda no hab\u00eda tomado la que sab\u00eda que habr\u00eda de ser una de las decisiones m\u00e1s trascendentales de su vida y ya se sent\u00eda abatido y roto por dentro. Lejos de imaginar los diferentes sentimientos que pudieran albergar los viajeros sentados frente a \u00e9l, como acostumbraba a fantasear en los vagones del metro y de los autobuses, el \u00fanico eco que llegaba a sus ojos era el de sus miradas asqueadas, decepcionadas tal vez de la decisi\u00f3n de quien se hab\u00eda considerado siempre uno de ellos y que hab\u00eda terminado vendiendo el alma al diablo de la fama. Mordi\u00e9ndose el labio, abandon\u00f3 el vag\u00f3n y subi\u00f3 pesadamente los escalones que conduc\u00edan a la calle, como si cada uno de ellos le acercara un poco m\u00e1s al final de un modelo de vida y el principio de otro que prefer\u00eda no imaginar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El portero le salud\u00f3 con una sonrisa y, fiel a su costumbre, le cont\u00f3 el \u00faltimo chiste que circulaba entre los oficinistas del edificio. Cuando tuvo delante a la secretaria del presidente, balbuce\u00f3 las razones de su presencia en el despacho del gran jefe y ella le invit\u00f3 a tomar asiento en un sill\u00f3n, particip\u00e1ndole que Ernesto Seti\u00e9n esperaba su visita. Una vez dentro del despacho, erguido sobre la mullida alfombra que cubr\u00eda completamente la estancia, levant\u00f3 la vista y se encontr\u00f3 con la mirada confiada del editor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-\u00bfY bien? \u00bfTienes ya tu decisi\u00f3n? \u2013pregunt\u00f3 desde detr\u00e1s de la mesa con sus carnes orondas desparramadas por el confortable sill\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-S\u00ed \u2013balbuce\u00f3 <i>emed\u00f3s<\/i> inseguro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0La sonrisa de Ernesto Seti\u00e9n hab\u00eda desaparecido, dando paso a la mirada de una hiena a punto de clavar los afilados colmillos en la carne de su presa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-T\u00fa dir\u00e1s\u00a0 -inquiri\u00f3 el presidente jugando con una pluma dorada entre los dedos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-\u00bfD\u00f3nde tengo que firmar?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\">FIN<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\">(\u00bfO principio?)<\/p>\n<p>&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Miguel Molina abandon\u00f3 el edificio contrariado. 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