
{"id":455,"date":"2014-04-15T00:10:15","date_gmt":"2014-04-14T22:10:15","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=455"},"modified":"2014-04-15T15:45:04","modified_gmt":"2014-04-15T13:45:04","slug":"no69-piezas-por-zoltan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=455","title":{"rendered":"N\u00ba69- Piezas. Por Zoltan"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0D. R. sorbe las \u00faltimas gotas de la lata de Coca-Cola Zero, la estruja con la mano izquierda y la lanza por encima del hombro. En el suelo gris de la nave vac\u00eda, el ruido de los trompicones de la hojalata reverbera \u00e1speramente en el techo y vuelve a la mano de D. R. justo en el momento en que su dedo pulgar de la mano derecha amartilla el gatillo de su Makarov PM;<!--more--> un modelo antiguo, s\u00ed, pero han vivido ya tantas cosas juntos que le cuesta separase de ella. Ahora, mientras coloca el ca\u00f1\u00f3n de la pistola a tres cent\u00edmetros del cr\u00e1neo del objetivo, le sorprende que el muchacho ni siquiera haya llorado. No opuso resistencia cuando le at\u00f3 las manos, ni cuando lo arrodill\u00f3 con un golpe seco tras las rodillas, ni ha hecho lo que todos suelen hacer (moquean, berrean, suplican, se cagan encima, rezan). De hecho, la suya va a ser la muerte m\u00e1s digna de cuantas \u00e9l ha ejecutado. D. R. se rasca la oreja, parpadea dos veces. Antes de que mueva el dedo \u00edndice de la mano derecha para apretar el gatillo, oye un aviso de entrada de llamada en el m\u00f3vil del muchacho. El sonido recorre la distancia entre los dos hombres como el alambre de un fun\u00e1mbulo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y. K. sale del centro comercial a las diez. La gran metr\u00f3poli brilla orgullosa de su triunfo de ne\u00f3n. Le gusta Tokio por la noche; de hecho, siempre que piensa en su ciudad natal, la imagina como un lienzo negro atravesado de espadas fulgentes. A lo lejos se oye el frenazo de un neum\u00e1tico sobre el asfalto, lo que, inopinadamente, le recuerda que ma\u00f1ana tendr\u00e1 que madrugar para coger el avi\u00f3n de vuelta a Madrid. Esta vez no ha podido acompa\u00f1arle su marido. Qu\u00e9 pena, cari\u00f1o, te echar\u00e9 de menos. Pero los dos saben que es una verdad a medias, como la vida que llevan: una felicidad a medias, con dos o tres cicatrices peque\u00f1as y muchas vendas previniendo improbables heridas. Despu\u00e9s de tantos desastres, con eso basta; acaso menos de lo que se merece, como su hijo le recuerda las pocas veces en que se ven. Cuando Y. K. da la vuelta a la esquina, se topa de frente con una gabardina que la arrolla, pero, antes de caer al suelo, la sujeta una ola de perfume a caoba y hierba fresca y, por un segundo, unos brazos la a\u00edslan del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En apenas una mil\u00e9sima de segundo, la memoria de Y. K. asocia el aroma, la voz y las manos que a\u00fan la sostienen a un rostro que hace a\u00f1os fue el atardecer y el beso fresco. A\u00fan puede, simplemente, sortear el cuerpo del hombre, seguir su camino, coger el autob\u00fas hasta casa de sus padres, despedirse de ellos, pues a la ma\u00f1ana siguiente ella saldr\u00e1 mucho antes de que despierten y, unas horas despu\u00e9s, estar volando a Madrid. O puede desvelarse con tan solo alzar la mirada. Es en ese momento cuando oye la melod\u00eda de su iPhone 3 dentro del bolso negro de Tous.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0G. G. no deber\u00eda estar ah\u00ed; eso ya lo sabe. Tal vez sea cierto que, cuando uno hace cosas malas \u2014o rid\u00edculas, o est\u00fapidas\u2014, le pasan cosas malas \u2014o rid\u00edculas, o est\u00fapidas\u2014. Oculto en la tercera cabina del aseo de se\u00f1oras, no se atreve a mover un m\u00fasculo. Hace ya m\u00e1s de cinco minutos que no oye nada, ni un ruido, a pesar de que entraron dos mujeres: la secretaria pelirroja de Env\u00edos Internacionales y su jefa; como siempre, a las diez y cuarto. Est\u00e1 claro que solo se ha ido una, la secretaria, cuyo taconeo blanco es inconfundible, as\u00ed que la jefa sigue ah\u00ed dentro, pero no hay ning\u00fan ruido en la cabina contigua a la que \u00e9l ocupa. Ahora que lo piensa tambi\u00e9n es raro que no se hayan dicho nada; normalmente, no paran de cotorrear sobre hombres, en un reto de infidelidad conyugal y de alardes carnales cuyos datos G. G. recoge con la dedicaci\u00f3n de un entom\u00f3logo. Y es que a sus casi cincuenta tacos y con esa barriga&#8230; Ya se sabe: en el amor y en la guerra, todo vale.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Vuelve el hombre a consultar la hora en su Sony Xperia L. Han pasado ya m\u00e1s de seis minutos y no se oye el papel raspando el vello p\u00fabico, ni el desag\u00fce de la cisterna, ni siquiera la ruptura de la l\u00e1mina de agua del retrete. Nada. La Jefa de Env\u00edos Intencionales no se mueve. Es la suya una quietud que huele al cloroformo de los hospitales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Al fin, G. G. decide bajar del retrete al que ha subido. Pero en el momento en que va a adelantar un pie, el tel\u00e9fono de la mujer emite un tono de llamada entrante. G. G. queda atrapado en el reclamo del tel\u00e9fono. Tres tonos, cuatro tonos. El sonido se afila en la piedra del silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0G. G. respira hondo. Al fin y al cabo, si ella no contesta, no le va a pillar larg\u00e1ndose. Baja del retrete; seis tonos. Abre la puerta de la cabina y llega hasta la de salida. Ocho tonos. Algo le habr\u00e1 pasado a la mujer&#8230; Nueve. Con la mano ya en el pomo, G. G. queda atrapado en el auxilio que exige la llamada. Bueno, ya vendr\u00e1 a buscarla la secretaria cuando vea que no vuelve&#8230; Diez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u2014\u00a1Mierda!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Al fin, da la vuelta y abre la puerta de la cabina ocupada. Una mujer a quien ve por primera vez est\u00e1 despatarrada sobre el retrete, con la espalda contra la cisterna y el cuello echado hacia atr\u00e1s; como un mu\u00f1eco de trapo al que han tirado al v\u00e1ter aun sabiendo que no cabe en \u00e9l. Once tonos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u2014\u00a1Eh, oiga, eh, que la llaman!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0G. G. ve el m\u00f3vil en el suelo, a unos tres cent\u00edmetro de la mano derecha de la mujer, que cuelga del brazo como un globo desinflado. Pesado como un gorrino, el hombre se agacha y coge el Nokia Lumia 720.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u2014\u00a1S\u00ed, oiga, que le ha dado algo a esta mujer!\u2026 que le ha dado un\u2026 Estaba en el ba\u00f1o\u2026 bueno, \u00a1yo no!, ella estaba aqu\u00ed\u2026 \u00bfOiga?, \u00bfoiga?&#8230; No, yo no s\u00e9 qui\u00e9n es&#8230; Bueno\u2026 yo\u2026 mira, yo no s\u00e9 nada, \u00bfeh?, pero a esta le pasa algo malo. Hala, yo he cumplido, ya est\u00e1&#8230; Vale, pues llama a los bomberos, corre; a una ambulancia, vamos&#8230; \u00bfQu\u00e9?&#8230; \u00bfC\u00f3mo?&#8230; Ah, vale&#8230; Pues ya est\u00e1s tardando en llamar a alguien, \u00bfno?&#8230; \u00bfC\u00f3mo que ya?&#8230; \u00bfYo? \u00bfYo qu\u00e9? \u00a1No, no; de eso nada!&#8230; \u00a1Que yo no s\u00e9 hacer eso! \u00bfY si me la cargo?&#8230; Joder, que yo no s\u00e9 de esas cosas&#8230; Puf. \u00a1Vaya marr\u00f3n!&#8230; Vaya marronazo\u2026 Bueno, pues que se muera, joder&#8230; Que s\u00ed, que s\u00ed&#8230; El bolso, s\u00ed; ya, ya.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Una catarata de objetos de pl\u00e1stico cae al suelo cuando G. G vac\u00eda el bolso de la mujer. Sus dedos entre las cosas parecen enormes gusanos de seda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u2014\u00bfC\u00f3mo es? \u00bfQu\u00e9 busco?&#8230; Esto, ya&#8230; Pero, no jodas: \u00bfc\u00f3mo, d\u00f3nde?&#8230; Puf.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0G. G. empu\u00f1a un tubo del tama\u00f1o de su mano en el que hay dibujada una jeringuilla y lo coloca con la flecha hacia abajo. Se sienta en el suelo y apoya la espalda contra la pared de la cabina, de modo que su cabeza queda a la altura del muslo desnudo. Con la mano izquierda, sujeta la pierna de la desconocida. Las bragas y las medias desfallecidas sobre los zapatos se le asemejan pellejos secos. Desde el tel\u00e9fono en el suelo, le llega la voz del desconocido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u201cUno, dos y tres\u201d, cuenta mentalmente G. G. y clava el tubo inyectable en el muslo blanco de la mujer, que, en una reacci\u00f3n inmediata, se pone de pie, agarra su bolso, abre una cremallera del interior, saca una pistola negra poco mayor que su mano y la coloca a dos cent\u00edmetros del ojo derecho de G. G.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u2014\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed, cerdo? \u2013dice entre jadeos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 G. G. se tapa la cara y arrincona la gelatina de su cuerpo entre el retrete y la pared. Fugazmente, mira hacia arriba solo ve el c\u00edrculo negro y met\u00e1lico como una prolongaci\u00f3n de su ojo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La mujer coge el tel\u00e9fono e intenta hablar, pero la n\u00e1usea la gana la voz y a trompicones abandona la cabina mientras contiene el v\u00f3mito tras el dique de los dientes. Al fin, llega hasta el lavabo, mete la cara bajo el grifo y responde la llamada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Bien, bien, s\u00ed,&#8230; Vale&#8230; \u00bfPero al chico?&#8230; Hay que avisarle ahora mismo, entonces\u2026 Ya lo hago yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Clava sus ojos en el hombre que le ha salvado la vida. G. G., sin saber muy bien por qu\u00e9, se palpa el cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014T\u00fa \u2014le habla la mujer\u2014, l\u00e1rgate, vamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con zancadas de paquidermo, el hombre alcanza la salida. Entretanto, la secretaria teclea en la pantalla de su Nokia Lumia 720. Mueve el pie aceleradamente. No ha llegado al ascensor G. G. cuando siente un v\u00e9rtigo que lo obliga sentarse en el suelo. Las paredes se vuelven de goma a su alrededor y el suelo se reblandece como arcilla h\u00fameda. En su Sony Xperia L marca de memoria. Ansioso, cuenta los tonos. Piensa en el hijo de su mujer, en c\u00f3mo lo habr\u00eda despreciado si lo hubiera visto as\u00ed postrado; ese muchacho, que parece un samur\u00e1i de piedra. Sabe que en cuanto oiga la voz que anhela todo volver\u00e1 a su sitio. Por eso, cuando al fin oye el ruido de fondo que anticipa la voz, simplemente escucha.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y. K. se queda un instante retenida en el aroma a caoba y hierba fresca que la ancla a un pasado de luz de luna. Sigue sonando la melod\u00eda de su iPhone 3. El hombre de la gabardina inclina el cuello para buscar los ojos de Y. K. Sin levantar la vista, ella lleva la mano al bolso y, en un gesto r\u00e1pido, saca el m\u00f3vil y mira la pantalla durante dos segundos. Despu\u00e9s, alza los ojos y las miradas se reencuentran quince a\u00f1os despu\u00e9s. Vuelve Y. K. a mirar la pantalla de su tel\u00e9fono, que brama con vibraciones de luz. Cuando alza la vista otra vez, no ve la sonrisa del hombre que a\u00fan la retiene junto a s\u00ed, sino un Boeing 777 que desciende sobre la ciudad como un tit\u00e1n presto a tomarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se desprende del hombre de la gabardina, lo sortea y sigue su camino mientras responde en castellano:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014S\u00ed, \u00bfdime?\u2026 Dime, cari\u00f1o, dime\u2026 \u00bfOye?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Camina mientras arrastra la mirada del hombre por la acera gris.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 D. R. sigue oyendo el aviso de entrada de llamada en el bolsillo del chico arrodillado a sus pies. Duda un instante. El joven, en un gesto instintivo, amaga con llevar la mano hacia su pantal\u00f3n. D. R. mueve su dedo \u00edndice de la mano derecha tres cent\u00edmetros; el crujido met\u00e1lico tensa las tripas del arma. El m\u00f3vil del joven no deja de sonar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Yo lo cojo \u2014dice D. R.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se atreve el chico arrodillado a doblar el cuello. De su pelo negro asoma un rostro que a D. R. le recuerda a las pel\u00edculas japonesas de artes marciales que ve\u00eda de ni\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014No me mires. Y dame el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Precipitadamente, hurga el joven en sus bolsillo, saca un Nexus 2 que cae al suelo, rebota y queda con la pantalla hacia arriba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 D. R. vuelve a dudar. Mira al suelo, al arma amartillada, al chico. Se agacha, coge el tel\u00e9fono y pulsa el icono verde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Antes de hablar, sin dejar de mirar la pantalla, mueve el dedo \u00edndice de su mano derecha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Espera que las ondas del eco del disparo dejen de vibrar en el aire. El silencio se posa como el polvo de las catedrales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Despu\u00e9s, D. R. se aclara la voz y habla:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Tarde.<\/p>\n<p>&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0D. R. sorbe las \u00faltimas gotas de la lata de Coca-Cola Zero, la estruja con la mano izquierda y la lanza por encima del hombro. En el suelo gris de la nave vac\u00eda, el ruido de los trompicones de la hojalata reverbera \u00e1speramente en el&#8230;<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=455\"><span>Leer m\u00e1s..<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":52,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[21,179,24,17,180],"class_list":["post-455","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relatos-a-concurso","tag-21","tag-piezas","tag-relatos-a-concurso-2","tag-x-certamen-de-narrativa-breve","tag-zoltan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/455","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=455"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/455\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/52"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=455"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=455"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=455"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}