
{"id":476,"date":"2014-04-15T15:43:25","date_gmt":"2014-04-15T13:43:25","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=476"},"modified":"2014-04-15T15:43:25","modified_gmt":"2014-04-15T13:43:25","slug":"no72-nudista-por-lolita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=476","title":{"rendered":"N\u00ba72- Nudista. Por Lolita"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">De peque\u00f1a, ten\u00eda la costumbre de pasearse desnuda por todas las habitaciones del gran caser\u00f3n de su abuela. Al llegar del colegio, apenas dejaba la mochila, abandonaba progresivamente cada una de las prendas que Josefina le hab\u00eda planchado con esmero por la ma\u00f1ana.<!--more--> Era como las serpientes que en una determinada \u00e9poca del a\u00f1o mudan de piel. Cambiaba la epidermis cada ma\u00f1ana al ponerse la ropa y cada tarde al despojarse de ella, al tiempo que dejaba un reguero de piel antigua en cada uno de las amplias estancias de la casa: la gorra y el abrigo, en el recibidor; los zapatos y calcetines, en el pasillo; los pantalones en la sala de estar; el jersey en la cocina \u2014donde tomaba la merienda ya s\u00f3lo en bragas, fuera invierno o verano. Finalmente, cuando ya sub\u00eda la escalera se quitaba tambi\u00e9n las bragas dej\u00e1ndolas caer por encima de la balaustrada con cierto adem\u00e1n despreocupado. Tan ensimismada como estaba en su propio ritual metam\u00f3rfico, se desembarazaba de todo aquello que le molestaba sin considerar qui\u00e9n pudiera visitarlas en ese preciso instante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00edo Antonio de Murcia, tan solo diez a\u00f1os mayor que ella, era su t\u00edo segundo y el sobrino preferido de la abuela. Su padre era un rico terrateniente y en cada uno de sus movimientos se percib\u00eda esa confianza en s\u00ed mismo que le hab\u00edan conferido los a\u00f1os en escuelas privadas, las horas en el club de tenis y las estancias en el extranjero para aprender ingl\u00e9s. Se hab\u00eda licenciado en Derecho aquel mismo a\u00f1o y la familia esperaba que se convirtiera en el administrador de los negocios de su padre. El t\u00edo Antonio, en apariencia, jam\u00e1s quiso contrariar el camino ya trazado ni las costumbres familiares. Sin embargo, cuando hablaba con su padre, surg\u00eda un rictus en el labio inferior que indicaba cierto desprecio por las ideas que \u00e9l representaba. Su padre nunca se percat\u00f3 de esos sentimientos y, por el contrario, cre\u00eda que su hijo le profesaba una admiraci\u00f3n y confianza ciegas. Casi todos los veranos, Antonio visitaba a su t\u00eda Mercedes. Su madre hab\u00eda muerto cuando era un ni\u00f1o y hab\u00eda encontrado en ella una suerte de figura materna alejada en kil\u00f3metros pero muy cercana en afecto. Ella lo mimaba en exceso, igual que a su nieta. A veces, cuando volv\u00eda de los bares del pueblo, lo esperaba despierta para servirle chorizos al vino o un poco de jam\u00f3n mientras \u00e9l le explicaba las aventuras con las j\u00f3venes locales: Conchita, la menor de los Pe\u00f1a, que le hablaba de las novedades del pueblo mientras se aproximaba m\u00e1s de lo que resultaba decoroso o de Laura, la vecina de toda la vida, que lo ignoraba con cierto desprecio pero que, en el fondo, no le quitaba ojo durante toda la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hac\u00eda dos a\u00f1os que no ve\u00eda a su sobrina y not\u00f3 con asombro c\u00f3mo hab\u00eda crecido desde la \u00faltima vez. Los primero d\u00edas no dej\u00f3 de observar todos sus movimientos. Frunc\u00eda el ce\u00f1o y fijaba la vista mientras le hablaban y eso hac\u00eda que el otro se sintiera halagado a la vez que abrumado ante tanta atenci\u00f3n. Aparte de sus evidentes cambios f\u00edsicos, se comportaba de forma habitual. Se ausentaba cada tarde unas cuatro horas para ir al pantano, como sol\u00eda hacer cada verano, y volv\u00eda sobre las nueve, justo antes de que oscureciera. Al regresar, ayudaba a Josefina a poner la mesa y cenaban todos juntos. No sal\u00eda con amigas, no parec\u00eda tenerlas, y se quedaba leyendo con la abuela antes de irse a dormir. No estaba alterada por los cambios f\u00edsicos de la adolescencia ni presentaba s\u00edntomas de inquietud ni desobediencia. Su cuerpo gr\u00e1cil y alargado comenz\u00f3 a despertarle una curiosidad obsesiva como si el t\u00edo Antonio hubiera sido objeto de un ritual vud\u00fa a la vez que su ausencia le provocaba una desaz\u00f3n dif\u00edcil de justificar, perderse un gesto suyo significaba extraviar la llave que le abrir\u00eda un sendero nuevo en su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00edo Antonio no pod\u00eda quitarse de la cabeza las visitas al pantano, lo que antes le hab\u00eda parecido una actividad saludable ahora le inquietaba y este desasosiego fue en aumento a medida que pasaban las semanas. Se debat\u00eda entre no dejarla ni a sol ni a sombra y pretender que todo segu\u00eda igual a los a\u00f1os anteriores. Ella, antes de marchar y ya de espaldas, extend\u00eda la mano por encima del hombro en forma de saludo antes de salir por la puerta llevando un ligero vestido de tirantes con el ba\u00f1ador por debajo y una toalla. Sent\u00eda que los a\u00f1os pasados vi\u00e9ndola crecer y cuid\u00e1ndola le daban un derecho carnal sobre ella. No era su t\u00edo abnegado sino un Otelo instigado por su propio Yago interior, quien le dec\u00eda que su sobrina le pertenec\u00eda y que seguramente no estar\u00eda sola en el pantano sino que se encontrar\u00eda con alg\u00fan chico del pueblo. El hijo del panadero, por ejemplo. Juntos, cogidos de la mano, buscar\u00edan un lugar escondido entre los matorrales y all\u00ed \u00e9l le levantar\u00eda el vestido para acariciarla mientras ella le mord\u00eda el l\u00f3bulo de la oreja. Aunque tambi\u00e9n estaba el maestro, un hombre culto que visitaba a menudo a la t\u00eda Mercedes y que estaba casado con esa mujer cotilla y poco agraciada. La dejar\u00eda con la excusa de irse a pescar y encontrarse con su sobrina a escondidas. Mientras Yago elaboraba toda clase de teor\u00edas, Otelo se sent\u00eda cada vez m\u00e1s traicionado. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda haberle hecho esto a \u00e9l? Por las noches, mientras pensaba, daba grandes zancadas por la habitaci\u00f3n, como un prisionero incomunicado, el mech\u00f3n negro del flequillo le ca\u00eda por la frente y \u00e9l lo apartaba violentamente como si le impidiera urdir con tranquilidad su estrategia de descubrimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tarde, cuando ella cogi\u00f3 la toalla, se la ech\u00f3 al hombro y se despidi\u00f3 de todos con una sonrisa, el t\u00edo Antonio ya hab\u00eda decidido esperar media hora para seguirla y sorprenderla con su supuesto amante. Mientras su t\u00eda le contaba que su padre le hab\u00eda llamado esa misma ma\u00f1ana para saber cu\u00e1ndo regresar\u00eda, \u00e9l contestaba como si estuviera al corriente del tema pero, en realidad, no paraba de mirar las agujas del reloj que estaba por encima de la chimenea. Cuando \u00e9ste marc\u00f3 las cinco y media, Antonio se incorpor\u00f3 con tanta prisa que hizo temblar las tazas del caf\u00e9 y dej\u00f3 a su t\u00eda boquiabierta tras apenas un fugaz saludo de despedida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pantano estaba a unos cuatro kil\u00f3metros del pueblo y se llegaba hasta \u00e9l a trav\u00e9s de un camino sin asfaltar, rodeado de pl\u00e1tanos. Los domingos, era el paseo obligado despu\u00e9s de comer pero los d\u00edas de la semana estaba pr\u00e1cticamente desierto. Los del pueblo trabajaban y los visitantes pasaban el d\u00eda en la playa m\u00e1s pr\u00f3xima. Durante el trayecto, Antonio se imagin\u00f3 a su sobrina y sus amantes en distintas posiciones sobre la hierba o en el pantano ocultados por el agua. El camino se le hizo insoportable. Hac\u00eda sol y el cielo estaba despejado, tanto que casi se confund\u00edan cielo y pantano en una degradaci\u00f3n de azul. Pero \u00e9l se dirigi\u00f3 a la orilla como un perro de caza en busca de la presa que su amo acaba de derribar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A medida que se acercaba agudizaba los sentidos. Al principio no logr\u00f3 verla pero luego atisb\u00f3 a lo lejos el vestido colgado de una rama. M\u00e1s adelante encontr\u00f3 el ba\u00f1ador abandonado sobre una piedra. Sigui\u00f3 las prendas como si fueran el hilo de Ariadna hasta que entre los arbustos, vio las piernas de su sobrina extendidas sobre la toalla. Se acerc\u00f3 y descubri\u00f3 su cuerpo desnudo tumbado boca abajo, un cuerpo joven y glorioso. Ten\u00eda el pelo mojado y recogido, y el brazo izquierdo extendido por encima de la cabeza. Parec\u00eda dormida. No oy\u00f3 a su t\u00edo hasta que \u00e9ste se le acerc\u00f3 y con un movimiento certero la cogi\u00f3 por las nalgas, ella intent\u00f3 incorporarse mientras \u00e9l le tocaba los senos incipientes y le besaba el cuello. Ella forceje\u00f3 hasta librarse de su abrazo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u00bfD\u00f3nde lo has metido?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2014\u00a1D\u00e9jame! Pero \u00bfde qui\u00e9n me hablas? \u00bfNo ves que estoy sola? \u2014grit\u00f3 col\u00e9rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El grito actu\u00f3 como la orden de un coronel, \u00e9l se detuvo y se puso de pie tambale\u00e1ndose mientras ella lo miraba como un animal que se enfrenta al hombre y, aun temi\u00e9ndolo, est\u00e1 dispuesto a todo antes que dejarse reducir. El t\u00edo Antonio corri\u00f3 los cuatro kil\u00f3metros que lo separaban del pueblo sin detenerse. Nunca volvi\u00f3 a visitar a su t\u00eda Mercedes. Le fue f\u00e1cil fingir que sus innumerables compromisos como responsable de los negocios de su padre no le dejaban tiempo para vacaciones. Aunque no lo admitir\u00eda jam\u00e1s, a menudo recordar\u00eda el olor de su sobrina aquella tarde en el pantano, esa combinaci\u00f3n pegajosa de agua dulce mezclada con las hierbas silvestres de la orilla y el crujiente aroma de la piel desnuda. Quiz\u00e1s si ese d\u00eda no se hubiese dado tanta prisa, se hubiera topado de frente con Pablo, el hijo del panadero, quien se dirig\u00eda al encuentro de su sobrina como cada tarde. Ella lo esperaba tostada por el sol de la tarde y desnuda, como de costumbre, despu\u00e9s de un largo ba\u00f1o en el pantano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De peque\u00f1a, ten\u00eda la costumbre de pasearse desnuda por todas las habitaciones del gran caser\u00f3n de su abuela. Al llegar del colegio, apenas dejaba la mochila, abandonaba progresivamente cada una de las prendas que Josefina le hab\u00eda planchado con esmero por la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=476\"><span>Leer m\u00e1s..<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":52,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[21,187,186,24,17],"class_list":["post-476","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relatos-a-concurso","tag-21","tag-lolita","tag-nudista","tag-relatos-a-concurso-2","tag-x-certamen-de-narrativa-breve"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/476","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=476"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/476\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/52"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=476"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=476"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=476"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}