
{"id":485,"date":"2014-04-16T22:25:12","date_gmt":"2014-04-16T20:25:12","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=485"},"modified":"2018-02-04T03:18:26","modified_gmt":"2018-02-04T01:18:26","slug":"no75-los-suenos-del-farero-por-petrarca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=485","title":{"rendered":"N\u00ba75- Los sue\u00f1os del farero. Por Petrarca"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dicen que en las noches sin estrellas un resplandor de luna se filtra entre las nubes,\u00a0 atraviesa la torre del faro abandonado y llega a las aguas oscuras del mar, como una escala de luz, en el punto exacto donde la vio emerger por primera vez. Siempre quiso vivir solo, pero la vida le fue llenando de vac\u00edos insondables que \u00e9l trataba de llenar con la espuma de sus sue\u00f1os.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ritual se repite un d\u00eda tras otro. En cuanto el sol se arroja por el abismo anaranjado, sube a reponer los niveles de parafina, se coloca las protecciones oculares y revisa las lentes c\u00f3ncavas del faro con la minuciosidad de un cirujano. Despu\u00e9s se acerca a los cristales y entorna los ojos, hasta que los dos a\u00f1iles se funden y le arrastran a la profundidad abisal donde la imagina, a esa estaci\u00f3n sumergida en la que siempre se detiene el tren de sus deseos. Azul, poderosa, vibrante, se le acerca en sus sue\u00f1os una y otra vez, irisada como la cresta de las olas. En la distancia, la luz es un grito parpadeante, a trav\u00e9s de su espalda ancha y sin aristas,\u00a0 modelada por el tiempo, igual que\u00a0 las rocas del acantilado. \u00c9l la eleva a realidad, a recuerdo, cada vez que la piensa. La pone a salvo en otras vidas y se queda solo en su orilla, en su muelle abandonado y sin barcos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 Figueiras no sabe que su mujer se hace la dormida cuando por fin baja al primer piso y se mete entre las s\u00e1banas. Treinta a\u00f1os de piel con piel han ido dejando su huella. Treinta a\u00f1os de surcos en las manos de ella, desgastadas de tanto seguirle, de faro en faro, por los derroteros de la vida siempre llenos de salitre. Treinta a\u00f1os como agujas en los ojos de \u00e9l,\u00a0 velados ya de tantas horas de lejan\u00eda hecha costumbre, como esas\u00a0 piedras lisas arrastradas por el vaiv\u00e9n de las olas. No se miran, dan por dichas las frases desgastadas y las conchas vac\u00edas que les dej\u00f3 la marejada del tiempo. Antes, de vez en cuando, se aferraban a la tormenta del sexo inocuo, solo para limpiar su playa de desaliento. Hace mucho que la playa amanece cada d\u00eda llena de despojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda da Ponte, como cada noche, cuando su marido ya ronca, en el entresue\u00f1o que precede a la respiraci\u00f3n profunda, comienza a bajar por la ladera norte hasta la orilla, se descalza y camina por la arena. Sus propias huellas son testigos borrosos de los sue\u00f1os de otras noches y le marcan el camino hasta la cueva del acantilado. Le invade una sensaci\u00f3n c\u00e1lida en los pies cuando se va acercando. La oscuridad le devuelve el destello de los ojos que la esperan.\u00a0 No cambiar\u00eda por nada esa sensaci\u00f3n de triunfo que la invade cuando por fin se encuentra con sus brazos fuertes, su pelo de sal y esa voz grave que la acaricia mientras hacen el amor en la barca que flota en la cueva. La palabra \u00d3dilus pintada de azul en la proa y las olas meci\u00e9ndoles acompasadamente la salvan de su maldita realidad. Al amanecer un beso dulc\u00edsimo la despierta y le ve alejarse a contraluz por aquella abertura deslumbrante de la roca que se abre al mar de madrugada, justo antes de despertar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese d\u00eda hay tres cartas sobre una mesa de silencio. El sobre m\u00e1s delgado, como un pu\u00f1al, contiene un\u00a0 mensaje escueto y punzante, en letras de molde y matasellos del Ministerio: \u201cEl \u00faltimo farero,\u00a0 abandonar\u00e1 su puesto dentro de tres meses, cuando se automatice el mecanismo del faro\u201d.\u00a0 Avances de la ciencia, cosas de la modernidad, comenta \u00e9l\u00a0 en el bar del pueblo. Jos\u00e9 apura su carajillo con la incertidumbre en los ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Apenas ocho casas habitadas en la isla. Ya nadie aguanta el viento acerado y las pleamares violentas del invierno interminable. Diez horas de electricidad al d\u00eda en verano y seis en invierno que gotean del viejo generador de gasoil a cambio de un ruido constante y cansino. Solo la voz de la radio flota en el aire espeso del bar, anunciando el tiempo para la semana, y Jos\u00e9 se guarda en la memoria la primera frase del d\u00eda: \u201cHoy veremos una lluvia mansa\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda compra el pan en el bar media hora despu\u00e9s de que Jos\u00e9 haya marchado a engrasar las poleas y enviar el informe de su peque\u00f1a estaci\u00f3n meteorol\u00f3gica a una televisi\u00f3n local de la pen\u00ednsula.\u00a0 \u00c9l se imagina besando apasionadamente a la mujer del tiempo, esa pelirroja ex\u00f3tica del telediario que explica tan bien los fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos. Hace dos a\u00f1os que de vez en cuando la besa apasionadamente sobre fondos de cumulonimbos o sobre paisajes nevados y lejanos. Lo hace solo para vengarse de la vida, aun sabiendo que la mujer del tiempo tiene aspecto de so\u00f1ar con islas paradis\u00edacas de lugares c\u00e1lidos. Es a ella a quien le roba la segunda frase del d\u00eda: \u201clas nubes ya no anunciar\u00e1n tormentas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace fr\u00edo, mucho fr\u00edo en las manos de Jos\u00e9, esas que no pueden so\u00f1ar y por eso se dedican a trabajar duro para recoger las redes y llevar a casa algo de pescado para la cena. Mar\u00eda tambi\u00e9n siente ese fr\u00edo en las entra\u00f1as mientras lucha con las s\u00e1banas que se quiere llevar el viento, azotando la ventana de la cocina que se abre como una boca en la pared encalada del primer piso del faro. Son s\u00e1banas, pero ambos quisieran que fuesen banderas blancas con olor a jab\u00f3n de lavanda.\u00a0 Una hilera de calcetines verdosos se mecen como algas sobre la cuerda retorcida del tendedero, que nunca quiso ser otra cosa que el cabrestante de un gale\u00f3n. \u00a0Se acostumbraron a vivir en el fin del mundo, como los buques inm\u00f3viles que se adivinan sobre la raya del horizonte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 sube la cuesta respirando fuerte, con el cubo lleno de peces que brillan con el sol y le miran con sus ojos transparentes; se dir\u00eda que son p\u00e1jaros mudos que quisieran volar navegando por ese cielo azul compacto. Mar\u00eda lo observa desde la proa del gale\u00f3n. Ya no es aquel gallego fuerte del que se enamor\u00f3. La pasi\u00f3n se fue deshaciendo sobre el escarpado que asciende al faro, sin darse cuenta, como se va deshaciendo el acantilado, imperceptiblemente, a fuerza de tiempo y de constancia. Mar\u00eda grita el nombre de Jos\u00e9 para sus adentros, solo para ver si le produce aquel cosquilleo que sent\u00eda al pronunciarlo. Y toda ella suena a hueco, como un reloj con las piezas sueltas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda carta, con la\u00a0 letra redondeada y torpe, es tambi\u00e9n\u00a0 para Jos\u00e9, escrita por las manos de Mar\u00eda, con frases sencillas. Comienza como todas las cartas que hablan de amores rotos, de zozobra, de la p\u00e9rdida de los sue\u00f1os.\u00a0 Jos\u00e9 no se ha atrevido a abrirla, porque en el remite solo hay un dibujo torcido de una sirena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La noche se come la luz. En alg\u00fan lugar ladra un perro, muy lejos. Tal vez arden en bullicio ciudades desconocidas, que nunca quisieron visitar, y nacen ni\u00f1os que nunca tuvieron en medio de noches cerradas, o bajo un sol abrasador, cuando Jos\u00e9 recorta un trozo de un titular en la tercera p\u00e1gina del peri\u00f3dico de ayer, su \u00faltima frase del d\u00eda: \u201c so\u00f1aremos\u00a0 juntos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la hora. De nuevo sube a reponer los niveles de parafina, se coloca las protecciones oculares y revisa\u00a0 las lentes c\u00f3ncavas del faro con la minuciosidad de un cirujano. Despu\u00e9s se acerca a los cristales y entorna los ojos. Hoy llueve como le hab\u00edan pronosticado los labios de la pelirroja entre los besos del mediod\u00eda. Dos gotas resbalan por el cristal y Jos\u00e9 las sigue con la mirada, sabiendo que su intr\u00e9pida carrera acabar\u00e1 en el fondo del mar. La luz del faro ilumina toda la playa y al fin la ve. Esta vez va caminando y su figura oscura le parece m\u00e1s real que nunca. El cabello le ondea con la brisa y sus brazos largos parece que le llaman. Jos\u00e9 Figueiras baja corriendo el camino del acantilado, coge la barca\u00a0 y bordea la costa hasta la entrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Mar\u00eda lleva la tercera carta, todav\u00eda cerrada sobre su pecho, entre sus senos tibios. Tiene la caligraf\u00eda rudimentaria de Jos\u00e9 quien ha ido hilvanando frases,\u00a0 captadas al vuelo o recortadas de los papeles. \u201cLas nubes ya no anunciar\u00e1n tormentas\u2026 hoy so\u00f1aremos juntos\u2026 veremos caer la lluvia mansa sobre el mar\u201d. Jos\u00e9 se la lee de memoria, susurr\u00e1ndole al o\u00eddo con voz profunda, mientras se aman en el fondo del amor, con una pasi\u00f3n casi olvidada, como si fuera la primera y la \u00faltima vez, mecidos por las olas de la cueva, sobre su nave de madera que lleva escrita la palabra \u00d3dilus en la proa. Se aman en ese fin del mundo que a\u00fan se\u00f1alan las br\u00fajulas en los mapas viejos, rozando el borde de la felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus nombres, sus soledades, sus silencios, todo lo que la vida les fue echando encima cae hacia las profundidades. Nada les hace falta. Ella cierra los ojos y los dos se funden en la misma certeza: \u201cla vida jam\u00e1s ser\u00e1 tan intensa como los sue\u00f1os\u201d. El regreso es silencioso, lleno de presentimientos, con una sensaci\u00f3n de cansancio en ambos, de ataraxia semiamarga o tal vez semidulce. Nadie sabe por qu\u00e9 al llegar al claror de la luna Jos\u00e9 Figueiras para de remar y mirando con dulzura a Mar\u00eda da Ponte le susurra:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Todo se ha cumplido. \u00bfVamos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Vamos! \u2013responde\u00a0 Mar\u00eda da Ponte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde ya nadie habita la isla. El viento se resguarda del olvido entrando en las casas invadidas por la maleza y llen\u00e1ndolas de viejas voces. Sobre el faro, medio derruido, un haz de luz de luna, como un rej\u00f3n de hielo, se clava en la superficie oscura del agua y luego se hace escala,\u00a0 por donde dicen que descendi\u00f3, en\u00a0 una noche como esta,\u00a0 el \u00faltimo farero de la mano de su esposa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que en las noches sin estrellas un resplandor de luna se filtra entre las nubes,\u00a0 atraviesa la torre del faro abandonado y llega a las aguas oscuras del mar, como una escala de luz, en el punto exacto donde la vio emerger por primera vez. 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