Renunciar a los sueños
es fallecer viviendo,
es andar por la vida
a merced de los vientos
sin brújula y sin norte
dando pasos inciertos.
Renunciar a los sueños
que llevábamos dentro
desde que comenzamos
a sentir los silencios
y a mirar hacia el cielo
en busca de luceros,
es morir poco a poco,
es vivir sin aliento,
es callar los sonidos
que quieren ir saliendo,
es cortar los torrentes
que quieren ir fluyendo.
Renunciar a los sueños
que llevábamos dentro
es renunciar en vida
a plasmar pensamientos.