Perfecta en tu chaise-long te desperezas
rutilante y felina, te levantas.
Qué bien te sientan esas braguitas blancas,
mientras bostezas ladeando la cabeza.
Invisible a tus ojos, te sonrío
la tajada de ayer pasó factura
y tu cabello negro me asegura
que deberé inventar otra estrategia.
Te propongo un café con dos tostadas.
Te cuento un chiste malo e inocente.
Observas la ventana despistada.
Tus labios acompasan pensamientos,
ni articular puedes dos palabras.
Eres un corazón sin sentimiento,
en un cuerpo que siente que naufraga.