Los domadores que os aprisionan
y nos dan trofeo
no deben arrastrar cuernos de animal,
ni cuerda en cuello ni rozar con otros
de pelo corto.
Así las normas.
No hay ojos conocidos, infinita la
numeración dada
por nuestros jóvenes de rojo y espeso cabello.
Manos cortan la piel como garras de oso.
Obras de Hemingway rellenan el
cuerpo eviscerado.
Arreglo que conserva la viva apariencia.
Huesos y músculos fríos se sumergen en yeso mate.
Nadie aguanta la mirada de cristal
remate del cuerpo.
Toca, toca el fulgor estelar del aliento.
Reposo. Puente y canto del inframundo.
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