No voy a volver a llorar,
me lo he prometido a mí mismo,
me lo tengo que tragar con la saliva,
no voy a volver a llorar.
Ni los besos que nunca me diste,
ni las hojas que caen arrancadas,
ni las ojeras que me deja el sueño
cuando tengo que ir al trabajo.
Tampoco tengo nada que decir.
En esta etapa
me faltan las palabras.
He callado tanto tiempo
que estoy repleto de nada,
de inagotable vacío,
hueco.
No soy, no existo,
y tengo mal trabajadas razones;
me sobra el alma,
me molesta el cuerpo,
y me aparto de mí mismo.
Con las manos que me faltan aparto mi silencio,
tampoco el silencio me queda
( pues voy por la muerte segura
y no muy segura la gloria ).
Tampoco he pensado en contárselo a nadie
porque nadie me va a comprender.
¿Cómo podría entender algo que no han experimentado?
No, no es posible
ni siquiera un suspiro,
ni siquiera un susurro,
ni siquiera un piropo,
nadie sabrá que te guardo en el pecho,
nadie sabrá que te evoco;
y ahora que vuelvo a secarme
los ojos
nunca sabrán que he llorado.