TRÁNSITO
Tañe la campana triste
con palidez de ausencia.
El brumoso Estigia asoma a los ojos
y en la lúgubre orilla, yace Caronte,
el ceñudo, el sórdido mensajero,
con ojos que arden como fuego,
con larga barba, enmarañada y sucia.
Aquel barquero de Hades,
aquel que guía las sombras errantes
a la otra orilla.
La sima acuna el torrente
que con despojos su nave surca
y a lo lejos se oye
la triste melodía de una lira,
afinada por la muerte.

