El hombre que no constaba
El hombre que no constaba
no sumaba ni restaba
pasaba siempre de largo y
cuando había de hablar, callaba.
Por las aceras, al caminar
no atraía la más triste mirada,
sonrisa o mueca de desdén,
ni la menor reacción suscitaba.
El hombre que no constaba
no aportaba ni quitaba,
ni frío ni calor transmitía
al posar en ti su mirada.
Pasar desapercibido era su vida,
la neutralidad personificada,
que nadie adivinara que allí estaba
cual sombra agazapada.
El hombre que no constaba
no ayudaba ni estorbaba,
nadie sintió nunca su aliento
ni en la frente ni por la espalda.
Papeles o documentos no poseía,
ni cuenta ni cartilla en el banco,
tampoco partida de nacimiento,
aún menos certificado del paro.
El hombre que no constaba
no gastaba ni ahorraba,
vestido con una triste gabardina
que para mí, ni regalada.
El día de su arresto
nadie le echó en falta
pero, ¿cómo darían con él?,
¿cómo sería que le identificaron?
La máxima pena le vino impuesta
una vez se dictó la sentencia,
su juicio sirvió de escarmiento y
fue un gran éxito de audiencia.

