A una madre desconocida
Te miro en cada rostro de mujer
veo los rasgos de tu cara suavizada
en cada mujer que encuentro.
Ya nunca más pisare la tierra que te vio nacer
No porque la odie, no porque la olvide
no porque no haya quien me espere.
No quiero ni recordar donde naciste
tampoco quiero olvidar donde estuviste
los que te amaron, los que te arrullaron.
Aquellos que te vieron crecer y que soñaron
soñaron en como serian tus días
soñaron que regresarías o quizás no lo sé.
Tengo tu retrato a mi derecha, también de frente
puedo recordar tantas y tantas cosas,
dar otras, pero ya no me haces falta.
No me haces falta, cumpliste tu faena
toreaste a la vida hasta el último instante
y entregaste tus trofeos más preciados.
No a cualquier torero, ni a ningún representante
porque no confiaste nunca en nadie
solo en el creador, el creador de imposibles
de todo lo que habitaba a tu alrededor.

