¿Dónde van las sombras al morir un eclipse?
¿Qué queda cuando
las hojas muertas
de un poema cualquiera
concluye
con su idea?…
¿Qué siente
el afligido árbol,
desolado,
al presentir su
inevitable otoño?…
¿Qué envuelve
el albo espíritu
del cielo insomne,
paralítico,
de tanta inerte suerte?…
¿Qué espectral designio
augura el destino
sobre esta
alma mía,
cuando nazca otro mañana?
¿Qué sendero siguen
las sombras todas
al morir el eclipse
improvisado
cuando un dios parpadea?…
¿Qué será de mí al no ser?…
y yacer sin vida
y morir igual,
y renacer como
gota de vacuo rocío,
sintiéndome que soy…
sin en verdad lograr ser
sin en verdad haber sido…


En estos versos serenos e inquietantes, expresas de forma clara y honda el sentimiento de esa gran-última pregunta del ciclo vital de esta existencia.
Pero al releer el texto percibí que el poema -para mí- se inicia en la segunda estrofa y culmina en la sexta. Sin la primera y la séptima estrofa -en mi opinión-, el poema gana un cuerpo estético y lírico más armónico. Por otra parte, el signo de interrogación de la sexta estrofa también podría cerrar -igual que en las otras- al final de la estrofa.
«¿Qué sendero siguen
las sombras todas
al morir el eclipse
improvisado
cuando un dios parpadea?»…
Destaco especialmente esta estrofa.
Me ha gustado. Saludos…