Soledad para una esperanza de consuelo
Me esfumo en esta niebla de primavera,
entre las desteñidas flores de mi camino,
esta lluvia agria de tóxicos pensamientos
baña mi alma como a un triste invierno.
Sentir la vida atravesar el útero del mundo,
a los insectos polinizar con juventud mi vejez
brotar los defoliados pinos de la conciencia
y yo, boquiabierto ante mi inmóvil borrasca.
Ninguna puesta de sol sosiega la marea
de este encrespado mar de sufrimiento
y ni los amaneceres traen la esperanza
ni tiñen de sabores los sonidos de mis días.
Se marcha el consuelo del falso personaje
y todos mis duendes se proclaman dioses
del inframundo, del miedo y de la noche
y Atenea no viene a compartir sabiduría.
Sólo la soledad sostiene mis huesos sin sol,
y aunque lo temo, quién sabe si ella es sabia
cuando me incita a derramar estos versos,
a secarlos con el paño de insondable paciencia.
Sentarme, andar, concentrarme, contemplar
sin juicio,
sin esperanza,
sin consuelo,
solo,
completamente solo,
las anestesias para el quirófano,
así,
tal vez,
despierte esa persona que duerme en mí.

