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221- El beso en el Lago Cocibolca. Por Kothbiro

       El barco avanzaba entre el vaivén de las olas con idéntica cadencia que los añosos dedos del hombre surcaban los cabellos de la joven que dormía sobre sus piernas. El barco había zarpado desde Moyogalpa, en la Isla de Ometepe, rumbo al puerto de San Jorge. Atrás quedaban tres días que nunca olvidaría.

       Antes de llegar a la isla me advirtieron que era un lugar propicio para leer, escribir y enamorarse. Después de tres días, sin tiempo para leer pero si para hacer varias anotaciones en mi cuaderno, necesitaba unos minutos para relajarme, para leer lo que había escrito: cómo durante mi breve estancia en la isla me enamoré a pesar de que nunca tuve esa intención. Los aires del Pacífico que traíamos antes del viaje se hicieron más intensos en la isla, entre volcanes nuestra pasión volcánica alcanzó cimas que nunca hubiera imaginado. Al final de la estancia en la isla nuestros sentimientos quedaron flotando, durante al menos una hora, como el barco que nos transportaba por las aguas del Lago Cocibolca.

       Si no fuera por la diferencia de color de la piel de ambos podría pensarse que eran padre e hija. Posiblemente el hombre era europeo, deduje, sin tener más certeza que mi intuición. Bajo una polvorienta gorra beige su cabello canoso, perfectamente peinado, delataba su edad: rondaría los sesenta años. Pero vividos intensamente, como los años que le quedaban por delante. Aunque quizá no era tan viejo, a pesar del color de su pelo apenas tenía arrugas en la cara. Su escuálido cuerpo dentro de sus pantalones y de su blusa anchos, colores caqui y beige a juego, le hacía parecer bastante alto y tan frágil como una rama a punto de estallarse por la mitad.

       Dentro del barco, en la planta inferior ras a la cubierta, la singular pareja y yo compartíamos una mesa alargada pero en asientos que estaban situados en paralelo. El hombre estaba sentado, su cuerpo se mantenía firme con la cabeza erguida y rígida, en defensa constante, como la fiera que reposa esperando el ataque imprevisto de su enemigo, de su próxima víctima. Las gafas le conferían la apariencia de un hombre sugestivo, trotamundos y lector empedernido de aventuras que él mismo hubiese protagonizado. Sin embargo, tras su vieja montura de carey de color oscuro, cosida con esparadrapo en uno de sus laterales, sus ojos iluminados de fuego sobre su piel alabastrina le otorgaban un aire menos afable. En su mirada conservaba asuntos pendientes de resolver, cuestiones que giraban sin orden en su cabeza impidiéndole descansar.

       La escurridiza figura de su cuerpo se prolongaba a través de sus delgados y largos dedos que acariciaban la cara morena de la joven, quien continuaba dormida con la cabeza apoyada sobre sus piernas. Sus dedos recorrían lentamente el rostro de ella, intuyo con cariño. Pero con un carácter residual, secundario, ajenos a la principal preocupación de su mente. Su rostro se mantenía serio y frio, y su mirada turbia atravesaba mi presencia haciéndome invisible. Mientras sus ojos me ignoraban yo disimulaba, sin disimulo, estar mirando hacia ellos, intentando que sus pensamientos no se fijaran en mi.

       La joven descansaba ajena a nosotros y simplemente se removía, encogiéndose para sí misma, cuando sentía la presencia de los delgados dedos acariciando su rostro o apartando su largo y voluminoso cabello rizado de su tez lisa y morena.

       Cuando tomé asiento ambos estaban ya sentados. La joven abrazaba al hombre, quien mantenía una actitud seria y distante. Sin embargo, ella sonreía y su mirada revoloteaba sin orden y alegre como un pajarillo intentando llamar la atención de las flores. El rostro impávido del hombre me hizo reflexionar sobre la magia de la isla y sobre la facilidad con que las pasiones se desvanecen al regresar al mundo real. Quizá, los amores imposibles sólo sean factibles en determinados lugares donde la magia y la naturaleza conspiran para que tengan éxito. Sin duda, la Isla de Ometepe es un lugar mágico que todas las personas necesitan conocer.

       Es posible, reflexioné, que un día regrese a la isla para comprobar si la pasión que dejo atrás se compone de deseo y cariño, o si es amor. Sin saber si encontraría la respuesta, tras cada impulso del barco alejándose de la isla mi corazón me impulsaba a prometerme a mí mismo, frente a la isla que iba desapareciendo de mi vista, que algún día regresaría.

       Sólo unos segundos después de que el barco partiera desde Moyogalpa, nada más comenzar el viaje, la joven cambió su postura pidiéndole al hombre, sin hablar, simplemente con una sonrisa, que él le cediera su cuerpo para descansar. Él no respondió a su sonrisa manteniéndose inmune a sus labios juveniles y a la mirada de sus ojos traviesos. Durante la travesía la expresión de su rostro no se alteró ni un instante, ni siquiera cuando, tras el sonido de la bocina del barco anunciando la llegada al puerto de destino, la joven se despertó e incorporándose ágilmente, sin tiempo para que él se percatara, le besó con ímpetu en la mejilla.

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10 Comentarios a “221- El beso en el Lago Cocibolca. Por Kothbiro”

  1. Lovecraft dice:

    Suerte

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  2. Dies Irae dice:

    Llegaba aquí atraída por el comentario de Lamari, para exigir al concurso un auténtico premio del público, que premie al público que se declara sólo lector, y me encuentro con una bronquilla a cuenta de plumilleros cuchipandistas, cachis diez, y yo sin avisar y sin palomitas… Y con estos pelos. Si es que no pué sé.

    El relato en cuestión… si Kothbiro quiere participar (que no lo veo muy interesado/a) y apuntarse a la cuchipandi post-concurso, podemos hablar largo y tendido de lo humano y de lo divino, siempre manifestando nuestra opinión personal. Yo aquí no la he dejado porque me parece que no puedo decir en cuatro palabras si me parece muy bueno, o muy malo, o muy regular. Pero, ya que estamos, aprovecho, Kothbiro, para dejarte un saludo y, si quieres, una invitación.

    Y unas estrellitas, que son gratis.

    Y… Ay, Hóskar-wild is back, ¿por qué me ignoras? Quiero mi vapuleo personalizado, porfi…

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  3. El asesino de Morfeo dice:

    Siento interrumpir, pero estoy intentando buscar su escrito para comentarlo y no la encuentro. Hay demasiados trabajos colgados y no siempre demasiado tiempo.Le agradecería me indicara con el número que participa. No quiero que nadie se moleste y piense que hay segundas intenciones.

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  4. lamari dice:

    Hola kothbiro tengo la impresión, que este texto está españolizado.Es usted nicaraguense o ha estado por allí y quiere ponernos los dientes largos?.De todas formas he imprimido este relato y se lo he dado a leer a una señora de nicaragua que conoce muy bien esa zona.Sepa también que le ha echo la misma ilusión que a mí.Creo que está dándole lustre a sus estrellas y de un día a otro las soltará en este relato en forma de polvo( polvo de estrellas, que aquí hay mucha formación universitaria y yo aún no he terminado la primaria).

    Para seguir la tónica de estos plumillas también le diré…» Estoy de acuerdo», pero en qué estoy de acuerdo?.Pues ahora no me acuerdo porque sólo pienso en esa palabra «Cuchipandi» y por más que la he buscado en el diccionario de la RAE no aparece.Mis pocas neuronas se han puesto hiperactivas pensando y saco la conclusión de que su significado se puede ajustar a una » pandi» que cuchichea en grupo con intenciónes sospechosas.Afines por «H» o por «B» y que después, cuando este asunto de plumillas sin fronteras pase.Cuando se vean en el salón de actos y se entreguen los premios, los que se tiraban a matar se » coman la boca»( vasta expresión de una mujer con menos fondo que un plato sopero).Allí voy a estar( si la hucha sigue engordando) viendo cómo se quitan esas máscaras sociales, bebiéndo el egovino y corrigiendo las faltas de ortografía de «La carta».

    _Salsichas con tomate.
    _Caramales a la riojana.
    _Arbóndigas.

    En fín que yo me siento orgullosa de cuando leo un relato, miro más allá de Despeñaperros, sin fijarme en comas,sólo me fijo en ese barco que navega y a ese hombre maduro acariciando a esa chica de distinto tono de piel.Sus cabellos cenizos, que me encantan en un hombre ,y los labios de la chica sobre la piel curtida del sesentón…, sólo busco la intención y el mensaje.Algunos puede que tengan un sobresaliente a costa de euros de academía, pero yo soy de barrio y estoy acostumbrada a «pintadas» que son obras de arte y pasan desapercibidas, como este relato que hace unos días nadie se dignó a comentar, mientras otros parece un foro, un frikiencuentro de cuchipandi.

    Bueno, que la suerte le acompañe a este relato maravilloso que me ha enamorado.

    Pd__Tengo mi escudo protector, puede ponerme una balada, aunque prefiera las de Gary Moore.

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  5. El asesino de Morfeo dice:

    De acuerdo con los anteriores lectores de tu relato en cuanto a lo poético del texto.
    Es pura envidia la que dicta lo que te voy a decir. Envidia mezclada con un claro rencor que surgió cuando afirmas…»rondaría los sesenta años….aunque quizás no fuera tan viejo». ¡Hombre, así no se gana amigos!
    A éste vejete se le nubló la ira y empezó de nuevo a leer, desde el principio. Primero le faltó el aire para leer (¡Ah de mis correctores!) algún que otro párrafo en que las comas se habían declarado en huelga. Luego palideció de envidia ante el apuesto viejo aventurero (de ojos iluminados de fuego sobre la piel alabastrina). Pensó entristecido que lo único que tenían en común era el esparadrapo de las patillas de las gafas.
    ¡Que guapa la pareja del barco, que envidia que a mi no me rasque nadie la cabeza!
    En fin, voy a guardarme mi ira, voy a meter en la maleta a Corin Tellado y me voy con mi cartilla de jubileta a la isla de Ometepe, ese lugar mágico que todas las personas necesitan conocer. A ver si ligo a pesar de mi barriguita cervecera.
    A pesar de todo, saco mi hipocresía y te deseo suerte.

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  6. El asesino de Morfeo dice:

    Por favor, Hóskar, preséntame a la cuchipandi esa, que yo tambien quiero que me echen flores. Cuando puedas, pásate con ellos por la bodega, porque, como no te presentas al concurso, no se cómo localizarte.
    Bueno, como no se quien eres, lo mismo formas parte del jurado y te está prohibido confraternizar con los concursantes.

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  7. Lovecraft dice:

    ¡Arrojarse flores es algo tan maravilloso que solo de pensarlo, mi espíritu tiembla felizmente trémulo como el de un tierno pajarillo entrañablemente arrobado entre los amantísimos brazos de un osito amoroso! Cuidado con las premoniciones, si no eres brujo.

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  8. Lovecraft dice:

    Parece como si el hechizo que transmite la isla sólo afectara a los varones, ya que son los únicos que se plantean dudas sobre la relación que surgió durante su estancia (la joven del relato no parece albergar ningún tipo de incertidumbre). Si es cierto lo de la isla de Ometepe, es para viajar allí a condición de no volver nunca. Un relato muy poético

    Suerte te desea otro miserable enamorado, Kothbiro

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  9. Hóskar-wild is back dice:

    Coincido con el anterior comentario plenamente. Un relato hermoso que pasa desapercibido (de momento) porque el autor no forma parte de esa cuchipandi que se arrojan flores en los comentarios. El tiempo y el jurado pondrán a cada uno en su sitio. Yo también quiero hacer ese viaje. Mucha suerte.

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  10. lisboa dice:

    Puede que algunos relatos, no sé muy bien en qué consiste, pasen desapercibidos.Tengan 0 comentarios.Eso no quiere decir que no se haya leído, pero pasan la página y punto.Puede que llegue a tiempo para decirle que no sólo la historia me parece encantadora, interesante y con su originalidad.Pero hay algo que me resulta mágico y es copiar y pegar en un buscador nombres, palabras que no me resultan familiares.He echo un viaje hermoso, y además gratis por ese lago de Nicaragua.Y lleva razón el protagonista elevado a dos, que sería un destino fenomenal para ver una maravilla, para vivir un romance prohibido, para dejarse llevar por la erupciones volcánicas que rugen dentro de cada uno.

    Muy bonito, sí señor.

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