Desfigurada el alma
Desfigurada el alma,
en la duermevela de mi piel deshilachada
agonizo
entre estas cuatro paredes
que ahora son infierno
en el cielo eterno que me prometiste.
La luna, que el alba se dejó olvidada,
se retrata en mi rostro,
ya sin rostro,
en la difusa melancolía del espejismo
donde se quedó,
ya marchito,
el rastro de tus manos
en los pliegues de este cuerpo de cuero.
A jirones sobre las sábanas,
se desgarra esta condena de besos muertos,
lejana la conciencia y la consciencia
de ser un poco menos cada día.
Ya todo lo que fui solo es esbozo
en el letargo atropellado de los celos.
Si hubo sueños, se borraron.
Si hubo lágrimas,
solo fueron un puñado de pétalos
en la tarde brumosa
donde estalla el griterío de los pájaros.
Ese griterío que dentro,
muy dentro,
hace más sonoro el silencio.
Y en esta soledad
que abarca toda mi noche ciega,
devuélveme la luz.
Esa luz que se llevó el aullido del perro
al olor del ácido sobre mi piel ardiendo.

