A un hombre lobo
Aun cuando sonríe temor infunde,
pues su colmillo asómase afilado:
augurio de ataque cruel y taimado.
Y aunque la noche oscura le confunde
un aura audaz y perversa se funde
entre la sonrisa y el vil bocado,
anunciando largos dientes que se hunden,
ausentes de piedad, en mi costado.
Aumenta mi inquietud el desasosiego
si tras la aurora continúa aullando
en un afán insano y raro de su ego,
pues tras el alba aún sigue buscando
la auténtica carne fresca, que luego,
en su guarida, acábale saciando.
Rota del corazón una aurícula,
pido auxilio sintiéndome perdido,
cuando así: de improviso y sin sentido
descubro en mi realidad ridícula
a un áureo cobrador bien embutido
en un disfraz de lobo: travestido.


La rima que anima.
voto por este poema
Voto este poema.
Voto este poema
Voto por este poema
hay cosas que por su sencillez són buenas y este es uno de los mejores ejemplos
Mucho arte me a parecido, en esta poesía del lobo, al final lobo travestido.
¡Muy gracioso!