63- Alabanza al Principe. Por Kovacs

Alabanza al Principe

 

Príncipe de serenidad, alzado a mástiles de raza poderosa,
hijo de predilecta estirpe.
Alta es la marea que danza en tu corolario,
y que tras largos años crecida, atas a tu espalda
como madrugada solitaria de la Reina encinta.

La espada de tus besos corroe mi cimiente.
Diste a mi piel nombre recorrido,
espacios y abertura de selva arrasada por los vientos.
Manglares talados en las aguas de tus miembros,
que han acariciado mi medida
hasta sus mieles bien cultivadas.

Velabas mi sueño, y soñando te ví como Dios,
y como agua salada, de suculentos bajeles,
que cubre el lecho de amar como las piedras
el flanco de los mortales.
Rito de tu abrazo, solsticio de pieles
por ese sol que nace empenachado
sobre el relieve de tu abdomen.

Abrázame aun más fuerte
que la succión del hundimiento,
y aun más que los despojos de la goleta
a medio consumir.

Soy como bahía abierta
en donde encalla las más profunda
penetración de los aromas, y al tuyo
he sembrado floración y helechos
aún donde las fronteras han sucumbido
al oro embaldosado.

Suculenta tu lengua como alamedas de islote,
no de palabra, sino de frescura.
Túnica rota en medio del rito de la concupiscencia.

Placer de hombre es placer
de alta montaña en archipiélago;
enseñorearse de azules infinitos,
de sal de cuerpos en la mas espléndida sudoración,
el calor de las diademas de todos los linajes
de mayorazgo.

Ante la mar de la noche,
que mece sus algas con la parsimonia
de la muerte en sí misma,
he visto negrura en tus ojos de naufragio,
y he sabido que la lluvia de verano
abre siempre sus espacio entre la
hojarasca de los bosques.

Tu eres la lluvia primigenia
y yo el barro donde fluyes libremente
como leche de ofrenda.

¡Oh amor, llena tus hombros de sal!
Eres hombre, como hombre es el océano
que besa mis playas ostentosas.

Espero la brisa de tu voz,
como esperan las islas a las
corrientes primaverales.

 
 

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Un comentario

  1. Sixto Rodríguez

    Siempre es difícil juzgar un poema amoroso. Este está evidentemente inspirado desde un gran sentimiento donde se conjugan la pasión y la admiración por el amado. De allí esa consecución de metáforas que alegorizan esos sentimientos y desarrollan el poema. En algunos casos fluyen y en otros no tanto. Pero en mi modesta opinión, la dos estrofas donde están logradas limpiamente las imágenes de esos sentimientos -en sentido y forma- son las siguientes:

    “Ante la mar de la noche,
    que mece sus algas con la parsimonia
    de la muerte en sí misma,
    he visto negrura en tus ojos de naufragio,
    y he sabido que la lluvia de verano
    abre siempre sus espacio entre la
    hojarasca de los bosques”.

    “Tu eres la lluvia primigenia
    y yo el barro donde fluyes libremente
    como leche de ofrenda”.

    En la primera se concentra el sentir romántico y en la segunda sentir erótico, en ambas con metáforas muy bellas.

    Mis saludos…

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