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33- La ansiedad de la larva. Por Nairobi

                Intenta abrir los ojos con gran esfuerzo. La cabeza le da vueltas y tiene la boca tan seca que le cuesta despegar la lengua del paladar. Desconoce el tiempo que ha durado su letargo, pero no ha debido de ser corto, porque no logra notar ni uno solo de sus músculos. Inmóvil, en su envoltura de seda, agudiza el oído. Silencio… ¿o se oye una respiración? Tal vez sea la suya… ¿o hay más?

           Un cosquilleo le recorre todo el cuerpo y empieza a recuperar la consciencia. Ahora percibe un fuerte olor a humedad y aprovecha un resquicio entre los filamentos para echar un vistazo al exterior. Le parece vislumbrar una larga mesa apoyada contra una pared llena de vitrinas, pero el reflejo de la luz le impide ver su contenido. De pronto oye una puerta que se abre y, de forma instintiva, cierra los ojos con fuerza, como si así pudiera abstraerse de su condición de crisálida.

        El coleccionista cierra la puerta con llave y baja las escaleras del sótano para comprobar el estado de sus particulares capullos de seda, que cuelgan de una viga de madera maciza como sacos de diferentes formas y tamaños. Una media sonrisa se dibuja en su cara cada vez que los observa, así, tan perfectos y a la vez tan frágiles. Saber que tiene su vida en sus manos le hace sentirse importante, y acompañado.

       Se pone una bata negra, unos guantes negros y coge la lupa de la mesa. Empieza a examinar el primero minuciosamente y ve que el capullo ya se está resquebrajando; la crisálida está a punto de emerger. Al llegar al segundo, ve que la cobertura de seda empieza a tener grietas. Esta vez frunce el ceño mientras se dice en voz alta: «Aún es pronto para ti, mi pequeña ninfa, tú tienes que ser perfecta». Sabe que este joven espécimen, al que hace meses arrancó del cascarón, será la joya de su colección y por eso le presta una atención especial. Se acerca a su mesa de trabajo dispuesto a preparar otra inyección con los nutrientes necesarios para alargar su estado larvario unos cuantos días más. Sentado con la jeringuilla en la mano, levanta la cabeza y se reclina sobre el respaldo de la silla para contemplar la gran obra de su vida: nueve vitrinas repletas de extrañas mariposas crucificadas con unos finos alfileres.

           La joven larva sigue paralizada. Al oír que los pasos se alejaban ha reunido el valor suficiente para entreabrir un solo ojo, con el que alcanza a ver la enorme espalda del hombre que le acaba de hablar, tan de cerca que ha llenado su reducido espacio con un olor a patata podrida y café. Por más que lo intenta, no consigue entender. No recuerda nada… Aquí viene de nuevo. Contiene la respiración.

Con la rigidez que contrae todos sus músculos, el pinchazo resulta más doloroso. Al poco, pierde la consciencia.

           El hombre de espalda ancha, ahora sentado frente al segundo capullo, ha empezado a cubrir las grietas con un hilo de seda cruda que se va endureciendo al contacto con el aire. El saco vuelve a estar sellado. No puede permitirse ningún error, la larva debe crecer ajena a todo; el estrés podría matarla antes de madurar.

           Al terminar con ella vuelve al primer saco colgante, de mayor tamaño, dispuesto a ayudar a la ninfa a convertirse en un adulto perfecto. Cortando la cuerda que lo colgaba de la viga de madera, se echa el pesado saco al hombro y vuelve con él hacia la mesa, donde lo deposita con cuidado. Para no dañarla, va retirando con unas pinzas los trozos de seda adheridos a su piel. Ella ya ha despertado y lo mira fijamente, pero él sabe que no podrá moverse: su tratamiento para la atrofia muscular es perfecto y lleva demasiado tiempo inmovilizada. Desnuda y con los ojos inundados en lágrimas, sigue clavándole la mirada en un intento de provocarle una chispa de compasión. Pero eso es algo que él desconoce desde el día en que su madre lo encerró en ese mismo sótano diciéndole, entre sollozos, que se había enamorado de un hombre que detestaba a los niños.

          —Me perdonarás algún día, hijo… —se excusaba lloriqueando—. Te encontrará alguien que sepa cuidarte mejor que yo. Y cuando seas mayor también te enamorarás y notarás que tu pecho se llena de mariposas. Sé que entonces me perdonarás…

            Con esas palabras cerró la puerta de aquel sótano donde la humedad le caló los huesos hasta congelarle el corazón.

         El coleccionista coge el bisturí de la mesa y, con pulso firme, hace una pequeña incisión a la altura del corazón, desde donde empieza a cortar la piel de aquella chica formando la silueta perfecta de una mariposa. Sus ahogados quejidos despiertan a la niña, que cuelga del segundo saco, del sopor que le había producido el cloroformo. Pero esta vez no ve nada, ya no hay ninguna rendija por la que mirar lo que está pasando allá afuera. Solo le queda esperar y seguir sumida en aquel incierto estado de latencia.

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33- La ansiedad de la larva. Por Nairobi, 8.7 out of 10 based on 40 ratings

68 Comentarios a “33- La ansiedad de la larva. Por Nairobi”

  1. Nairobi dice:

    ¡Uoooh!
    Perdonad, compañeros, pero no había visto todos vuestros preciosos comentarios (con los que, por cierto, habéis conseguido sacarme los colores; tantos como tiene el arcoiris… vaya cara me ha quedado, señores).
    Ojalá tuviera más tiempo para seguir leyendo relatos y participar más activamente en los comentarios, que creo que tenéis una buena juerga montada en varios rincones del Canal 😉

    Gracias de corazón por vuestros deseos y vuestras afectuosas palabras (aunque considero que algunas me vienen grandes, muy grandes).
    Un fuerte abrazo virtual para:
    Sol, gracias infinitas, enhorabuena y mucha suerte.
    Hóskar-wild is back, mi más sincero agradecimiento.
    leforeverdelamari, a ti ya casi te estrujaba con un abrazo de esos de abuela que, además, rematan besuqueándote los mofletes con gran intensidad.
    Bonsái, tus palabras me hacen doblemente feliz.
    Dies Irae, sigo oyendo a Mozart de fondo cuando te leo 🙂
    Metafastro, tocaya, no podías faltar en la final. Enhorabuena y mucha suerte.
    Lotte Goodwin, el gusto es mío y la artista, tú (en varios géneros, además). Enhorabuena y mucha suerte.

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  2. Lotte Goodwin dice:

    Enhorabuena, Nairobi. Me encanta tu relato y estoy encantado de compartir “antepódium” con todo un artista de lo inquietante.
    Un abrazo.

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  3. Metafastro dice:

    Nairobi, me alegro mucho de que estés ahí, lo que no esperaba es estar yo. Para mí tu relato (sin que se enfaden los demás), merece el premio por la sutileza con que ahondas en lo más oscuro del ser humano y el desarrollo impecable hasta la sorpresa final. Espero de corazón que lo consigas porque lo mereces. Un abrazo y mucha suerte.

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  4. Dies Irae dice:

    El primer relato en aparecer como finalista en el chat, uno de mis favoritos. Te lo merecías, Nairobi, por ese magistral retrato de lo que puede suceder en el sótano oscuro del corazón humano. Mi enhorabuena. Mucha suerte en la elección final.

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  5. Bonsái dice:

    Nairobi:

    Tú relato me gustó muchísimo desde el principio.
    Estoy feliz de que te encuentres entre los finalistas.
    Un beso.

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  6. leforeverdelamari dice:

    Ayer me alegré mucho que este trabajo fuera uno de esos quince seleccionados, hoy deseo que esté entre esos tres que quedan.

    Enhorabuena

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  7. Hóskar-wild is back dice:

    Mi más sincera enhorabuena por estar entre los finalistas. Sin duda, ese relato lo merece.

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  8. Sol dice:

    Bueno, muy buen relato.
    De los que me gustan, con un final inesperado
    Felicitaciones!!!

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  9. Nairobi dice:

    Gracias, Nuak, me alegro de que te haya gustado.

    Saludos.

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  10. nuak dice:

    Inquietante y con un conseguido giro final. Enhorabuena

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  11. Nairobi dice:

    Muchas gracias, Metafastro. Son las estrellas más bonitas que he recibido 😉

    Me alegro de que hayas disfrutado con la lectura y de que hayas sentido ese escalofrío final. Objetivo cumplido.

    Un abrazo.

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  12. Metafastro dice:

    Me gusta mucho tu relato, sobre todo la naturalidad con la que tratas el tema y la forma de conducir al lector hacia el escalofrío final.

    Te envío mis 10 estrellas en forma de mariposa.

    Mucha suerte

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  13. Nairobi dice:

    Y a Lovecraft, por supuesto, decirle que muchas gracias por aclarar el sentido figurado de mis palabras.

    ¡Saludos, compañeros!
    Nairobi.

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  14. Nairobi dice:

    Hola, Sussan:
    yo sí que me he llevado un susto. Como ya habrás visto, me limito a hacer comentarios sobre los relatos y sus personajes, que para eso estamos aquí. Me alegro de que se haya solucionado el entuerto.

    Un abrazo desde mi sótano 😉
    Nairobi.

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  15. Sussan dice:

    Disculpa Nairobi, ya me ha aclarado Lovecraf el equivoco. Que susto me he dado. Ya me resultaba extraño, por eso preguntaba.
    saludos

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  16. Sussan dice:

    Hola Nairobi, entro el fin de semana a leer relatos y me encuentro de primer plato un comentario en el que se me nombra de forma despectiva. ¿O quizás no te refieres a mí?
    http://canal-literatura.com/9certamen/17-neon-por-max/comment-page-2/#comment-5684
    Por si es a mí, me gustaría que me dijeras que hay de indeseable en el comentario que he dejado a Max o en el que te he dejado a ti referentes exclusivamente al texto.
    Por otro lado, no sabía que existieran sotanos por aquí, pero si los frecuentas me encantaría una visita guiada, quizás puedas enseñarme cosas que aún desconozco y puede ser entretenido.

    En el comentario que te deje ya expresé mi opinión sobre tu relato.
    Ya me aclararas de que va este otro cuento.

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  17. Nairobi dice:

    Hola, Lamari:

    en primer lugar, gracias mil por haber pasado por aquí a leer mi relato. Y en segundo lugar, gracias dos mil por tus amabilísimas palabras. No sabes cuánto me alegra (y halaga, claro) leer tu comentario.
    Lo único que espero es que, con el frío que hace, no te agarres un costipado con eso de ir aplaudiendo y correteando por ahí desnuda 😉
    Bromas aparte, me alegro de haberte ayudado a despojarte de tu disfraz y solo te digo que yo no me voy a ningún sitio, que me quedo por este sótano contigo y con todo el que quiera leerme o dejar sus impresiones.

    De nuevo, gracias de corazón (creo que aún no se ha inventado un emoticono capaz de expresarte mi agradecimiento).
    ¡Un abrazo!

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  18. Nairobi dice:

    ¡Gracias por tu fugaz visita, Javier!

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