Cuando todo se conjuga. Por María José Martí (Majomar)
«La escritura es, tal vez, el más grande de los inventos humanos. Une a personas que no se conocen entre sí. Personajes de libros de épocas lejanas rompen la cadena del tiempo. Un libro es la prueba de que los hombres son capaces de hacer que la magia funcione.
Carl Sagan

Carl SaganNada mejor para presentar a Sagan que cualquiera de sus frases. Como él decía en su último libro, titulado El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, también sus palabras son luz y nos guían en la oscuridad que en esa metáfora representa la ignorancia.

Carl Sagan era judío y nació en Brooklyn en 1934. Sus padres habían emigrado de Europa antes de que estallara la II Guerra Mundial y pudo crecer en un clima de paz y progreso a pesar del gran conflicto que destruyó tantas vidas al otro lado del océano, incluidas las de algunos de sus familiares. Estudió en la Universidad de Chicago y a los veinte años se graduó como físico puro. Antes de terminar su doctorado, ya colaboraba para la recién creada NASA. En 1960 obtuvo el doctorado en Astronomía y Astrofísica. En sus investigaciones propuso sorprendentes respuestas sobre varios enigmas del sistema solar. A los veinticinco años postuló la hipótesis de que la temperatura de la superficie de Venus era superior a los cuatrocientos grados centígrados debido a un «efecto invernadero», contradiciendo la idea hasta entonces defendida de que sería muy similar a la de la Tierra. La sonda Mariner 2 confirmó su hipótesis en 1962, gracias a un radiómetro infrarrojo en cuyo desarrollo estuvo involucrado el propio Sagan. En 1965 participó en el proyecto Mariner 4, primera sonda en llegar a Marte. Dictó charlas de inducción a los astronautas del programa Apolo de exploración lunar. Fue profesor de la Cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio, investigador y docente en Harvard (donde su postura abierta sobre la posibilidad de vida extraterrestre y la necesidad de divulgar la ciencia le crearon dificultades hasta el punto de perder su puesto). Fue nombrado director de Laboratorio en la Universidad de Cornell en Ithaca, donde unos experimentos acerca del origen de la vida en los que participó confirmaron que las moléculas orgánicas que son la base de la vida pueden reproducirse bajo condiciones controladas de laboratorio.

Colaboró en el proyecto Apolo 11 de 1969, en la misión Mariner 9 a Marte, en los proyectos Pioneer y Voyager, sondas espaciales que aún hoy, después de explorar nuestro sistema solar y enviar cientos de datos y fotografías, continúan vagando por el espacio.

En 1971 la NASA aceptó su propuesta de incluir en la Pioneer 10 —diseñada para explorar el Sistema Solar—, una placa con el primer mensaje de la historia de nuestra especie cuyo destinatario sería una posible civilización extraterrestre.

golden-recordY, en esta línea, formó parte del equipo de personas que decidieron la música e imágenes que conformarían los discos enviados como mensaje de paz de la Humanidad a posibles civilizaciones avanzadas que algún día puedan encontrarlos.

Personaje polifacético, presentar a Carl Sagan no puede ser sencillo. Existen muy buenos libros y lugares en Internet donde pueden encontrar toda su biografía. Mi idea es hablar de sus libros y de sus palabras, presentarlo desde el lado más reflexivo posible. Para ello, tomaré prestadas algunas de sus palabras, pues a lo largo de los veinte libros que escribió desde 1973 hasta 1996, y casi veinte años después de su muerte, sus palabras siguen rompiendo las cadenas del tiempo y uniendo a personas en todo el mundo, tal como predice casi proféticamente en la cita con la que he encabezado este artículo. Sus libros siguen interesando a personas que no se conocen entre sí —como sin duda habría sido su mayor satisfacción—, y despertando nuevas conciencias.

A comienzos de la década de los ochenta escribió y presentó la serie Cosmos: un viaje personal, que fue emitida capítulo a capítulo en la televisión pública española. Casi al mismo tiempo, a España comenzaron a llegarnos sus primeros libros: La conexión cósmica (1973), Los dragones del Edén (1977, Premio Pulitzer en 1978) y Cosmos (1980).

00011Con un guión escrito en colaboración con su tercera esposa, Ann Druyan —y paralelamente al argumento del libro—, la serie televisiva representó un antes y un después en el modo de transmitir la ciencia al gran público en la pequeña pantalla. Sagan explicaba los temas científicos de un modo audaz, conjugando diferentes disciplinas para aunar en un todo el entendimiento de la ciencia. En Cosmos acercaba la ciencia al público menos cualificado y se dirigía a todos sin excepción, diferenciándose de lo que hasta entonces se había hecho en materia divulgativa. A lo largo de trece capítulos, en un compendio planificado de los conocimientos conseguidos hasta la fecha, Sagan explicaba los conceptos del origen de la vida, del código genético, de las leyes que rigen el movimiento de los planetas, de la vida y muerte de las estrellas o de la materia de la que está hecho el Cosmos, y en todo este proceso de búsqueda de respuestas seguía el trazado de la historia de los hombres que dedicaron sus vidas a la ciencia para llegar a tan avanzadas conclusiones. Nos habla de Tolomeo y Copérnico, del gran Kepler y de Tycho; de Galileo, de Newton, Huggins, Lowell, Goddard… de todos los grandes científicos que aportaron descubrimientos que impulsaron la evolución de la ciencia.

Cosmos continúa siendo un referente. No la superan en calidad de contenido ni las series de hoy con todos sus avances tecnológicos.

Facts-about-Carl-SaganDe su éxito dan cuenta los más de setecientos cincuenta millones de espectadores por los que se calcula que ha sido vista a lo largo de treinta y tres años en más de ciento setenta y cinco países. Concentrar el mensaje que Sagan imprimió a sus textos resulta imposible, pero con sus palabras nos ayuda a comprender muchas cosas. Explica, por ejemplo, las leyes que descubrió Keepler y que rigen los movimientos de los planetas y nos cuenta además cómo las descubrió y cuáles eran sus creencias, y cómo fueron sus reacciones; nos habla de la naturaleza de la luz, de la gravedad, de la relatividad, de nuestro sistema solar, de las galaxias, de las estrellas, de muchísimas cosas…

Personalmente, el libro llegó a mis manos en 1986. Yo era muy joven y estaba poco interesada en la ciencia y su lectura me enganchó de inmediato. Sólo puedo llamar a aquel encuentro «pasión por saber y entender. Maravillarse ante el Universo al que pertenecemos».

Disfruto al constatar que la lectura de este libro agilizó un poco mi comprensión de la ciencia, despertó en mí nuevas ideas, e hizo brotar un sinfín de preguntas, muchas de ellas compartidas en conversaciones con mi amigo aficionado a la astronomía —el que me regaló el libro y ya, de paso, su amor para toda la vida…—.

«Lo conocido es finito, lo desconocido infinito; desde el punto de vista intelectual estamos en una pequeña isla en medio de un océano ilimitable de inexplicabilidad. Nuestra tarea en cada generación es recuperar algo más de tierra.»

T.H. Huxley, 1887 (cita del primer capítulo de Cosmos)

heic0503aLa presentación de Cosmos es un dechado de poesía. Cuida con esmero cada detalle literario y lo embellece de manera que no escapa siquiera a los títulos que dan nombre y vida a cada capítulo: «En la orilla del océano cósmico», «La armonía de los mundos», «El espinazo de la noche», «El filo de la eternidad…», Conjugando entre significados, la historia humana y la evolución del conocimiento científico caminan parejas y se conforman entre las reflexiones de Sagan en respuestas a muchas de nuestras preguntas.

En Cosmos, Sagan también nos plantea las atrocidades de nuestra especie. Razona sobre el peligro de las armas nucleares y lo hace con una buena base de datos. Es en el último capítulo: «¿Quién habla en nombre de la tierra?». En él expone con tremenda claridad la evolución bélica de las naciones, la potencialidad destructiva de la energía atómica, la maquinaria de la llamada «Guerra fría» entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Compara los resultados de la explosión de Hiroshima con la de Nagasaki, el rendimiento de la bomba de Hiroshima con la prueba de Bikini —la primera fue de sólo trece kilotones; la segunda, de quince megatones—. Y como siempre, no se deja nada en el tintero:

«Cuando los hombres vivían en pequeños grupos, cuando nuestras armas eran relativamente modestas, un guerrero por rabioso que estuviera sólo podía matar a unas cuantas personas… Hemos mejorado a una escala planetaria injusticias que hasta hace poco eran globales y endémicas. Pero nuestras armas pueden matar ahora a miles de millones de personas. ¿Hemos mejorado lo bastante rápido? ¿Estamos enseñando la razón del modo más eficaz posible? ¿Hemos estudiado valientemente las causas de la guerra?»

En este mismo capítulo, relata la historia de un gran centro del saber situado hace dos mil años en la porción egipcia del imperio de Alejandro Magno, la Biblioteca de Alejandría, donde los logros científicos de la Antigüedad fueron recopilados, escritos y conservados, desde su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su destrucción siete siglos después. Todo se perdió. El pueblo la quemó y no quedó ni rastro de ella.

«Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas?»

«La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo la chusma se presentó para quemar la Biblioteca, no había nadie capaz de detenerla.»

Sagan reflexiona. Nos da un pequeño empujón para que despertemos. Muchos sabrán de la existencia de la Biblioteca de Alejandría y de su último gran científico, una mujer llamada Hipatia, sólo porque vieron la película Ágora, de Alejandro Amenábar.

IMAGEN_SEIS_0La bibliografía de Carl Sagan está representada por diecinueve libros de ciencia y una novela: Contact: a novel, que, publicada en 1985 y convertida en best seller, se adaptó al cine con un guión de Sagan y Ann Druyan. La película se estrenó en 1997. Dirigida por Robert Zemeckis e interpretada por Jodie Foster, recibió el Premio Hugo de 1998 a la mejor presentación dramática. Otros títulos interesantes de su bibliografía son: Vida inteligente en el universo (coautor, Iosef Shklovski), UFO’s: A Scientific Debate (coautor, Thornton Page,) La conexión cósmica, Los dragones del Edén (Premio Pulitzer 1977), El cerebro de broca, Un punto azul pálido, Nuclear Winter and the End of the Arms Race (coautor, Richard P. Turco), Murmullos de la tierra y, en colaboración con Ann Druyan, El cometa y La sombra de nuestros antepasados. Es muy destacable la influencia de Ann Druyan en varios de los mejores libros de Sagan, y un hermoso detalle que no puedo dejar pasar es el agradecimiento que le dedica al final de su último libro:

«Algunas partes de cuatro capítulos de este libro fueron escritas con mi esposa y antigua colaboradora Ann Druyan, que fue elegida secretaria de la Federación de Científicos Americanos, una organización fundada en 1945 por los científicos del «Proyecto Manhattan» original para supervisar el uso ético de la ciencia y la alta tecnología. También me ha ayudado con directrices, sugerencias y críticas sobre el contenido del libro y en todos los estadios de redacción en el curso de casi una década. De ella he aprendido más de lo que soy capaz de decir. Me reconozco afortunado de haber encontrado una persona a la que admiro por sus consejos y juicio, su sentido del humor y visión valerosa y que es además el amor de mi vida.»

Por ser uno de sus libros más personales, yo recomendaría la lectura de El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad. En él, Sagan expresa sus sentimientos como nunca:

«No explicar la ciencia me parece perverso. Cuando uno se enamora, quiere contarlo a todo el mundo. Este libro es una declaración personal que refleja mi relación de amor de toda la vida con la ciencia.»

Cuando escribió esto, Sagan se encontraba enfermo de cáncer: la mielodisplasia, una enfermedad hasta entonces desconocida. Éste fue el último libro que escribió, casi a modo de testamento personal, pocos meses antes de su muerte en 1996.

El mundo y sus demonios es una defensa del método científico y del escepticismo frente a la superstición, la religión y la pseudociencia.

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Sagan toma como hilo conductor su propia vida y algunas de sus experiencias, incluyendo una conversación con un taxista. Y esa conversación entre la ciencia y la pseudociencia, créanme, no tiene desperdicio… El libro comienza con una bella anécdota de infancia. Habla de la importancia del amor, de los padres, de la familia, de los valores que sus padres le inculcaron y que para él constituyen «Lo más preciado». Así titula el primer capítulo. Reflexiona largo y tendido sobre sus inicios en la escuela y cuenta cómo despertó en él su vocación científica siendo sólo un niño, cuando sus padres lo llevaron a ver la Feria Mundial de Nueva York de 1939.

«Me llamaba la atención el esplendor del Universo, me fascinaba la perspectiva de comprender cómo funcionan realmente las cosas, de ayudar a descubrir misterios profundos, de explorar nuevos mundos… quizá incluso literalmente.»

En este libro hace valoraciones muy personales sobre la vida, la ciencia, la religión, el uso de las armas nucleares, la carrera armamentística, las pseudociencia, los fanatismos religiosos… y pregunta: ¿Estamos al borde de una nueva edad oscura de irracionalidad y superstición? El momento actual parece querer darle la razón.

«Hemos preparado una civilización global en la que los elementos más cruciales —el transporte, las comunicaciones y todas las industrias: agricultura, medicina… e incluso la institución democrática clave de las elecciones— dependen profundamente de la ciencia y la tecnología… Hemos dispuesto las cosas de modo que nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una garantía de desastre. Podríamos seguir así una temporada, pero, antes o después, esta mezcla combustible de ignorancia y poder nos explotará en la cara.»

Esperemos que no sea así, señor Sagan, que estemos aún a tiempo de invertir el rumbo. El mundo está necesitado de científicos valientes que se aventuren, como usted hizo, a defender la causa de la verdad. Personas influyentes que no teman levantar sus voces para llevar el sentido común allá donde haga falta.

María José Martí (Majomar)

 

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