El Palmeral de Elche
Hola buenas, bienvenidos!. ¿Qué tal están?. Aquí regreso de nuevo a mi Ciclo, que también es el suyo, de “Jardines de España”. En esta ocasión voy a hablarles sobre el Conjunto Histórico y Patrimonial de la Ciudad de Elche, que recientemente ha estado de aniversario: el 30 de Noviembre de 2025, se cumplía el XXV Aniversario de la Declaración por parte de la UNESCO de Patrimonio Histórico de la Humanidad.
En mi apasionado afán de contarles qué representa este Conjunto Patrimonial para los ilicitanos y para los que llegamos de fuera de Alicante, me he hecho eco de dos historias vinculadas a dos personas ilustres: Emilia Pardo Bazán y Joaquín Sorolla , que por decisión propia, tal y como hizo la emperatriz de Austria, Isabel de Baviera, más conocida como Sisí, deciden, -insisto que por motu propio…- visitar Elche, quedando maravillados por su Palmeral, como se pone de relieve en el lienzo que pintara nuestro pintor valenciano en 1918 y en los testimonios escritos de las impresiones de la escritora gallega.
Emilia Pardo Bazán llega a Elche en tren. Al bajarse en la estación por vez primera durante su viaje, se apodera de ella una impresión profunda, causada por bellezas que no se figura ni sospecha siquiera, aunque algo presiente de este maravilloso, dilatado e inacabable bosque de centenarias palmeras de grueso tronco y amplio penacho, cargado allá en la altura con los racimos de metal cobrizo de sus dátiles.
Todos los cuadros de la “Huida a Egipto” y el tierno episodio legendario del descanso bajo las palmeras que se inclinan para ofrecer su fruto a la Virgen Madre, se le representan a Emilia bajo sus bóvedas, catedrales naturales de infinitas columnas misteriosas. Ha oído decir Emilia que en África no existen oasis como éste de Elche; para ella, sea cierta o no esta rumorología, son tantas sus palmeras y tan majestuoso su Conjunto que explican cualquier encomio, por exagerado que sea este tipo de enaltecimiento.
Emilia recuerda el origen de las palmeras y de cómo tienen fama de haber sido plantadas por los árabes. Pero ella es una mujer con visión crítica y pone, sabiamente, en entredicho este dato; hay hechos históricos que demuestran que el origen primero de las palmeras se remonta a los pueblos íberos al haber encontrado en los vasos de cerámica íberos de Elche, imágenes de palmeras.
Aprecia Emilia su longevidad y su lento desarrollo y la veneración de la que son partícipes sobre todo en la vejez. E incide en el hecho de que tienen las palmeras nombre propio, quizá el nombre de alguna mujer que tocó el corazoncito del dueño de alguno de sus huertos. No es Emilia indiferente a la poesía de estos nombres femeninos, poesía que le evoca cuadros de la Biblia, fuentes y norias, camellos recostados, mensajeros que vienen desde lejos a traer presentes nupciales, esbeltas mujeres que llevan el cántaro donde beben los caminantes de la paz de edades primitivas. El aspecto de Elche le suscita también la visión sagrada de Jerusalén y le despierta ideas religiosas de versículos de evangelistas, con el perfume de los días primeros de la fe, en que millares de ramos de palmas secas caen a los pies de Cristo y alfombran su senda. La palma blanca de Elche es un fino y minúsculo y por ello muy difícil artesonado que llega a ser toda una maestría y que es un trabajo silencioso, símbolo de la misteriosa y sagrada transmisión oral del conocimiento entre mujeres ilicitanas, verdaderas maestras que dominan el arte de confección de las palmas; redención de Cristo que se visten de largo los domingos de Ramos de Elche, domingos que todos llevamos grabados en nuestro inconsciente como visiones inequívocas de nuestra querida España.
Casualmente con el tema “Visión de España” recibe en 1911 el pintor Joaquín Sorolla el encargo de elaborar por parte del hispanófilo y mecenas Sir Archer Milton Hungtington, catorce grandes paneles para decorar la Biblioteca de la “Hispanic Society of America” con sede en Nueva York. En 1912 Sorolla viaja por todo el país, tomando notas visuales. El 27 de Septiembre de 1918, (aunque en 1900 el maestro pintor valenciano ya ha venido a conocer el Misteri de Elche), Sorolla viaja a Alicante con la idea inicial de lograr localizaciones que le inspiren en un nuevo panel para su encargo. Sorolla se inspira en El Palmeral. Aunque la epidemia de gripe que asola la ciudad en ese momento, trunca sus planes iniciales, su obra logra capturar el alma de un paisaje que nunca deja de fascinarle. Desde el principio muestra un profundo interés por el Palmeral de Elche, prueba de ello son las descripciones que realiza en sus cartas a su esposa Clotilde, donde relata su admiración por el paisaje ilicitano y su deseo imparable de trasladar su singularidad al lienzo.
La época del año le presenta a Sorolla otro nuevo desafío además de la gripe española: los dátiles en el septiembre de 1918 no alcanzan, muy a su pesar, el color dorado que desea plasmar en su cuadro y este inconveniente retrasa su trabajo. El pintor realiza varias visitas a Elche, en las que estudia y apunta información sobre el emblemático horno de bóveda y toma numerosas fotografías de la corta de dátiles. Esto denota una conexión innegable entre Sorolla y Elche que transciende en el tiempo con su lienzo “El palmeral de Elche”. Esta pintura, creada entre 1918 y 1919 representa una escena de tintes costumbristas donde mujeres, (algunas afanosas en la selección de dátiles, otras percatadas de la presencia del pintor), aparecen recolectando los frutos a la sombra de acogedoras palmeras. Un hombre de espaldas lleva un gran fardo de dátiles y un horno de bóveda blanco, (típicos hornos de bóveda que tanto llaman la atención de Sorolla), cobra su particular protagonismo.
Se puede considerar un golpe de suerte que, de entre los catorce paisajes españoles encargados por la “Hispanic Society of America”, Sorolla eligiera el Palmeral de Elche y que pidiera expresamente ver, con sus propios ojos, cómo era la recolección local de sus dátiles.
Igual o más afortunada que la Ciudad de Elche con la visita de Sorolla me sentiría yo misma, si con este podcast (que siempre creo con todo mi cariño y mimo) les haya hecho disfrutar y aprender escuchándome. Y como quiero ir concluyendo, sólo me queda emplazarles a un nuevo y próximo podcast de mi Programa “Jardines de España” y agradecerles como siempre la atención prestada. Hasta una nueva edición. Muchas gracias.
USUE MENDAZA

