2-¿RECUERDAS?. Por Ariadna

Microtextos a concurso en el Premio Especial 2009
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¿Recuerdas? Teníamos quince años y el mundo en contra. Tú te preocupabas de retorcer con destreza tus largos tirabuzones y yo trataba de ocultar, bajo el chaleco de lana, un impertinente agujero en la camisa. Nos queríamos. Dibujábamos corazones de tiza en las baldosas oscuras de la plaza y, alguna vez, nos rozamos las manos. Qué atrevimiento. Tú, la hija del médico. Yo, el hijo de un pastor de cabras. Un amor imposible en un pequeño pueblo a principios de los años treinta. Inimaginable que ambos caminos pudieran cruzarse. Pero se equivocaban. Nadie supo que entre las cabras y la medicina existía un paraíso en el que tú y yo decidimos perdernos, a pesar de los cañones de las escopetas que amenazaban con destrozar nuestros corazones ardientes. Y salimos ilesos, huyendo como asesinos, perdidos como una brújula sin norte.
Nos instalamos en otra población, lejos de nuestras familias, con la ilusión como único equipaje y la incomprensión como único testigo. Nos teníamos el uno al otro, incondicionales, capaces de desafiar tanta estulticia, preparados para pasear nuestro amor por el camino de las dificultades. Tuvimos que crecer pronto y los tirabuzones dieron paso a una maternidad temprana, a unas obligaciones que asumimos con firmeza. Tú cosías agujeros en otras camisas y yo trabajaba incansable en las labores del campo. Por las noches ambos estudiábamos bajo la luz de un candil. Nos seguíamos queriendo contra todo pronóstico. Y el mundo nos miró de frente y sonrió. Fuimos a vivir a la ciudad, cada vez más lejos de los nuestros y más cerca de un destino. Ya teníamos dos hijos. Tú trabajabas en una botica, yo me empleé en una notaría. Seguimos estudiando por las noches, codo con codo, robándole horas al sueño, alimentando una expectativa. Diez años más tarde tú regentabas tu propia farmacia y yo acabé aprobando las oposiciones de notario.
¿Recuerdas? Nadie apostaba un duro por nosotros y hoy cumplimos cincuenta años juntos. Por eso te he traído flores. Son rosas blancas, tus favoritas. ¿Te gustan? Las pondré aquí, junto a tu foto, para que luzcan a la par de tu hermosura. Y no, no te preocupes porque no les eche agua. Del mismo modo que aquella tarde en que decidimos huir de las garras de la sinrazón, hoy va a llover.

Ariadna

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