Una luna inacabada desgrana su mustia sombra y despunta solitarios mástiles de un infinito océano de blancura.
Todo es nieve en la mañana…, la vista se humedece en la luz helada y el alma se blanquea en el alba desvelada.
El viento ya desatado restriega las manos de las más altas ramas y la nieve se renueva en el goteo de sus pinceladas mientras el río verdea al cielo con sus espejos y el aire hibernado se fragmenta en mil cristales.
El espacio se ahoga ya sin remedio entre irisaciones de blanco y azul helado y las huellas de la noche trepan por escalas de silencio hasta morir cegadas en la altura hasta que la esencia de lo níveo termine al fin por aguarse y el paisaje se diluya en las mil gamas del blanco primigenio.
Amanecer nevado de mi alma..
Germán Gorraiz López


