Aprovecho el invierno para ir a la playa. Me emociona el silencio, la brisa en la cara, la tos, la gripe, las caras tristes de los pescadores y el olor a mingitorio, a vómito, a no sé qué mineral volcánico.
Aprovecho la lluvia para caminar; para caminar y, sobre todo, para mojarme la ropa.
Aprovecho los feriados para trabajar el doble y parecer el hombre ocupado que no soy.
Aprovecho el Facebook para molestar a los que no me caen bien, para desilusionar a las personas que me quieren, para que mis amigos –que en la vida real son muy pocos– se ahorren la fatiga de visitarme, de salir conmigo y de intentar entenderme.
No aprovecho bien el tiempo, siempre me sobra demasiado.
No me aprovecho de la buena situación de mis padres, he aprendido a vivir con mis propios recursos, a veces con austeridad y otras con opulencia.
No me aprovecho de mis amigos porque no los tengo. Y los dos o tres que, digamos, son mis amigos, jamás están conmigo. En consecuencia no podría aprovecharme de ellos.
Aprovecho ir a las librerías para memorizar el título de los libros que compraré Amazonas.
Aprovecho mis cumpleaños para conseguir más libros originales –valga la aclaración– como regalo. A cada familiar bien avenido le corresponde uno o más títulos diferentes, según su status económico.
No me aprovecho de mi chica cuando salimos a pasear, más bien ella se aprovecha de mí.
A veces aprovecho una sala de cine para dormir.
Aprovecho la ciudad satélite de Santa Rosa para comer Tacacho con Cecina; la avenida Arica para comer sándwiches de pavo; el parque Kennedy para comer una riquísima mazamorra sucia; y Larcomar la aprovecho para ir al baño gratis.
No me aprovecho de los ingenuos, todo lo contrario, los respeto y a algunos hasta los admiro. De ellos debe ser el reino de los cielos porque el reino de la tierra pertenece a los perversos.
Mi chica y yo aprovechamos el tiempo libre que compartimos para engordar con pizzas o pollos a la brasa.
Aprovecho el departamento de mi abuelo para escribir. Pero más lo aprovecho para leer, leer y leer. Y dormir.
Aprovecho las noches para escribir.
Aprovecho escribir para no llorar…
Anthony Yupanqui Lorenzo
Aprovecho para felicitarte. ¡Buen provecho!
Hola, está tan bien llevado este relato que en ningún momento decayó mi atención al leerlo.
Saludos
Betty