COMPOST. Por Agustín Serrano Serrano


— Entonces, ¿no pensaba que eran seres humanos?
— Carga —dijo con voz apagada—. Ellos eran cargamento.

De una entrevista a Franz Stangl, comandante de Sobibor y Treblinka.

Cuando la señora Langer finalizaba la tarea de dar de comer a las gallinas y a los cerdos, se cambiaba de ropa y acudía sin premura al huerto, la segunda fuente de vida del viejo castillo. Viejo como ella, pero como ella, fuerte y bien conservado, y también como ella, sin dueño y al abrigo de una interesada dejadez por parte de los lobos. Con ella no iba nada. Era alemana, de sangre y de ideas y no era nada semita. Sólo la granja anexa y el huerto eran lo más importante en su vida. Más allá de la colina quedaba el campo de prisioneros, y mucho más allá de la vista, la guerra. En sus animales, en sus plantas y en sus hortalizas reinaba la paz. Habitaba la tranquilidad y la felicidad de una mañana como la de aquel día, en la que se arrodillaba con dedicación campestre. Residía el quehacer diario de un ser humano, como todos. Nada de bestias del inframundo. Humanos.
Al filo del mediodía llegaba Frederic, el chico, el joven polaco que se ganaba literalmente la vida con los recados. Él y alguno más como él, con el trasiego por los bosques y los senderos carretilla en mano, en la que llevaba sacos de compost extraído del campo de prisioneros a cambio de huevos duros, patatas y otras verduras, además de pastas de calabaza recién hechas por la señora Langer para los soldados.
La guerra no le afectaba a la muy afanosa anciana, que plantaba nuevos cultivos con el abono recibido. Y al anochecer, como era su costumbre, dedicaba casi media hora a quitarse el compost mezclado con la tierra de sus uñas, aunque al día siguiente las tuviera igual. Uñas manchadas de verde, de tierra de labor, de ceniza que daba lo que una vez fue: vida.


Agustín Serrano Serrano

6 comentarios:

  1. Una situación bastante común en la Alamenia macional socialista.
    Nadie veía nada, nadie levantó la voz en son de queja.
    ¿Fue el miedo?, ¿la ignorancia? o el autoengaño de la Sra. Langer.
    Oportuno texto .

  2. Bárbaro. Excelente. Me ha encantado. Tanto la narración como la historia

  3. Isabel Muñoz Vázquez

    He leido textos tuyos mucho mejores. Siendote sincera, esperaba algo inesperado al final, pero no ha ocurrido.
    Aún así fue gratificante leerte una vez más, como siempre 🙂
    Un saludo

  4. Agustín Serrano

    A Ignacio: Yo creo que fue una mezcla de miedo en algunos y obediencia en la mayoría. El pueblo alemán es un pueblo muy obediente…Gracias por tu comentario. Saludos.

    A María Dolores: Mi gratitud por tus palabras y celebro que te haya gustado. Un saludo.

    Y a ti, Isabel: Que sepas que es un criticomentario muy acertado, y que no olvides que necesito más como ése, más comentarios tuyos. Un beso.

  5. Me ha parecido un relato magistral. Y ese final creo que es de una revelación tan sutil que te deja los pelos de punta.
    Muy buen escrito.

  6. Agustín Serrano

    Creo que lo has definido mejor que nadie, Mercedes.
    Muchas gracias y un saludo…

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