El Eclipse. Por Mercedes Martín Alfaya

La cocina echa humo y vapores (el almuerzo de mañana que cuece y recuece). Todavía no he recogido los trapos del tendedero y necesito ducharme. Paso por el espejo del comedor: ¡vaya pelos! Claro, como ha llovido y acabo de llegar del súper. ¡Mierda! Se me olvidó llamar al dentista… ¿Podéis bajar la tele que no puedo pensar? ¡Y que alguien coja el teléfono por favor!…
¡Mamá, tu jefe!
Vaya. Seguro que me toca cambiar el turno; esta Rosa siempre con la alergias.
Me voy al teléfono con mi delantal de terciopelo (mentira, es de plástico y está roto).
—¿Sí…? Vale, vale… No se preocupe… No, no, si, total, no tenía nada que hacer (me crece la nariz). Venga… De nada, don Matías (de los cojones).
Bueno, pues me voy a la ducha, que ya es hora: Tiroriro-rí- tiroriro- rá.
Hola, ya estoy contigo. No veas, vaya día, ni te cuento… Mira, me he traído una copita de Cava y unas bolitas de perfume, para que te relajes. Oye… ¡pero qué buenorra estás! (estoy), con todo a flote y en su sitio. ¿Mañana…? ¡Ni acordarte! Ahora a bucear en la bañera como las reinas. Toda para ti (mí).
¡Mamáááááááá! Que se pegan las lentejas.
Salgo, envuelta en la toalla, dejando un rastro de jabón en el pasillo:
— ¡Vamos a ver!: que se pegan las lentejas… Pero, ¿yo qué soy? ¿El juez de Paz? ¿Tú qué, que no sabes poner orden en una pelea?
Mi hijo me mira como si hubiera visto un fantasma. Apago la comida, me vuelvo al baño y termino de ducharme. Secador de pelo, mascarilla de pestañas, pintura de labios… Un poquito de pachuli detrás de las orejas…, en las muñecas… Unas gotitas aquí (por si las moscas), otras allí (por si más moscas) y listo. Me enfundo mi traje (dos tallas menos, para marcar curvas), atravieso el pasillo corriendo, con un zapato en la mano (me lo pongo). Tiro de un pecho, luego del otro, así, así, que abulte en el escote y llego al salón. Todos cenan y miran las noticias con ojos de lechuza espantada: accidentes, robos, la economía fatal, la vivienda ni te cuento, el petróleo por las nubes… Paso, paso… que tengo prisa.
Ahora me miran con ojos de globo.
—Mamá ¿dónde vas?
—A la terraza. Tengo un eclipse y no me acuerdo a qué hora hemos quedado.

Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

3 comentarios:

  1. Nos situas perfectamente en la acción para dejarnos boquiabiertos con el final. Muy bueno :))

  2. Muchas gracias, Edu.
    Qué guay, encontrar ese comentario tuyo que tanto me ha gustado.

    Un saludo,
    Mercesupercontenta.

  3. Me ha encantado tu relato. El humor y la frase al hijo de las lentajas me hizo gracia. Muy bueno. Saludos desde el sur.

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