
No nos damos cuenta. No somos conscientes, ni nadie nos ha enseñado a tiempo, que nuestro cuerpo es una máquina perfecta capaz de mantenernos con vida incluso en contra de nuestra tenaz forma de oxidarla y maltratarla abusando constantemente de su capacidad de regulación automática y de dirimir las prioridades esenciales de nuestra supervivencia.
Incluso los médicos, en su mayoría, creo que han perdido esa perspectiva de que los síntomas son quejas profundas de la imposibilidad del organismo de regenerarse por si mismo por falta, en muchas ocasiones, de los mínimos recursos y materiales necesarios para hacerlo y estoy hablando de cosas tan simples como beber agua, hacer un poco de ejercicio o descansar lo necesario. (Esa puñetera manía de convertirnos en pilas inagotables que no pueden parar ni un segundo). La batería de medicamentos que nos mandan solo esconde, en ocasiones, la incapacidad de un análisis más sosegado de la historia familiar y personal de los pacientes.
Nadie olvida echar gasolina al coche o recargar su móvil, pero pocas veces nos preocupamos de saber si nuestro organismo dispone de recursos necesarios para seguir sosteniéndonos. Es curioso…
Es muy curioso el encanto que me produce ver crecer cada milímetro de mis uñas. Esa respuesta positiva y enérgica que se está produciendo en mi organismo, que por primera vez en muchos años, tiene el aporte necesario para poder sostenerme y además regenerarme. Y sabiendo, algo intrigada por cierto, que las uñas son sólo la parte visible de ese proceso.
Y se lo debo a un ser curioso, inteligente y amoroso, que ha tenido la paciencia de leerse mi historia clínica desde los seis años y de averiguar que esa carencia sostenida en el tiempo, era una parte importante de todos mis males físicos. Y se lo debo también a alguien que ha tenido el empuje y el cariño de buscarme esas proteínas específicas y necesarias hasta dar con ellas al otro lado de la frontera.
Y yo sigo aquí, asombrada, como una cría pequeña que descubre el mundo por primera vez, viendo crecer, más fuertes, más altas y lisas, mis uñas nuevas.
Brujapiruja

