El neonatólogo, perito médico, profesor del Departamento de Pediatría de la UAM y escritor Miguel Ángel Marín Gabriel ha publicado recientemente la novela El baile de las medusas con la cual pone el foco en una lacra silenciosa, a veces incluso tabú, como es el suicidio (más impactante aún si cabe entre gente joven). Charlamos con él sobre la misma y sobre su experiencia al respecto en el ámbito sanitario.
Hablemos de Lina, que estoy un pelín obsesionada con ella 😛 ¿Cómo surgió como personaje de la novela?
Quería una protagonista que tuviera mucha personalidad, coraje, fuerza. Que tuviera el carácter suficiente como para revertir los reveses que le había dado la vida y con la valentía necesaria para enfrentarse a sus fantasmas. En cierto modo, lo que buscaba en ella no era otra cosa más que argumentar mi discrepancia con la opinión actual según la cual, las nuevas generaciones son superficiales y carentes de carácter. En mis hijos y en sus amigos, así como en los alumnos universitarios a los que doy clase, veo cada día ejemplos evidentes de esta madurez.
¿Cuál crees que es el foco principal de El baile de las medusas? Podrían ser los suicidios, pero… ¿Hay más?
Sin duda, la temática del suicidio cobra gran relevancia en la novela. Estamos observando un incremento más que alarmante durante los últimos años y es preciso tomar medidas al respecto con labores de prevención y asegurando un adecuado apoyo social y familiar. Pero, efectivamente, también se abordan otros temas que considero, son de gran interés: la importancia del vínculo que se produce con un bebé desde el nacimiento, lidiar con el día a día cuando se vive en un entorno familiar desestructurado, el amor y la sexualidad y, por supuesto, las nuevas relaciones de amistad que se generan en un entorno universitario.
¿El proyecto “Psico-phone”? ¿Qué es? Y ¿cómo ves el papel de la institución educativa ante crisis emocionales de estudiantes?
En la novela, el proyecto “Psico-phone” es una iniciativa creada por los docentes de la Facultad de Psicología para ayudar a los alumnos que puedan tener ideas suicidas, con el fin de brindar apoyo y evitar que consumen sus ideaciones. Tenía ya avanzada la novela e incluso ya había escrito al respecto de esta iniciativa cuando, al realizar una visita a la Facultad de Psicología de la UCM, pude descubrir con gran alegría que existe esta herramienta de apoyo al alumnado. Su nombre es Psicall y el teléfono de contacto, por si alguno de los lectores lo puede considera de interés, es el 913945200. Afortunadamente, las instituciones educativas y sus profesionales están concienciados con esta problemática, si bien la falta de recursos puede limitar su capacidad de acción.
¿Tu formación médica/neonatológica te aporta herramientas o dilemas al inventar estos personajes y situaciones? ¿Te han leído compis del trabajo? ¿Qué opinan?
Sin duda. Aunque no es frecuente, aún a fecha de hoy me encuentro a mujeres que ante la falta de apoyo social o de información sobre los recursos disponibles, o como consecuencia de embarazos producidos de forma violenta, deciden dar a sus bebés en adopción. En el episodio de la novela en el que se relata el nacimiento de Lina, por desgracia, no he tenido que recurrir a la imaginación para novelarlo pues he sido testigo en más de una ocasión de estos momentos desgarradores.
Y sí, por supuesto que me han leído compañeros del trabajo. Tengo la fortuna de contar con el apoyo de todos ellos. No es infrecuente que me detengan en los pasillos del hospital para brindarme su opinión, siempre positiva, y solicitarme que les dedique la novela.
Lina carga con un pasado personal que la marcó. ¿Crees que en la novela se plantea la idea de si ese pasado se puede “superar” o si siempre deja huella, incluso en quienes ayudan a otros?
Es indudable que las experiencias vividas desde la más tierna infancia, incluido el momento del nacimiento, marcan de por vida y dejan huella. Sin embargo, en la novela quiero recalcar cómo, en determinadas circunstancias y con el apoyo adecuado, estas experiencias pueden resolverse de forma positiva. Afortunadamente existe evidencia al respecto. De no ser así, estaríamos ante un futuro desolador.
¿Y esas experiencias condicionan nuestro futuro? Creo que sí. No es infrecuente encontrar a profesionales que, en el entorno sanitario, han decidido especializarse en un área en concreto en base a lo vivido durante su infancia.
En la novela hay un cruce entre lo íntimo (vínculos personales, maternidad, trauma) y lo colectivo (la salud mental universitaria, el suicidio, la presión social). ¿Cuál crees que de esos dos niveles pesa más para ti como autor?
No podría pronunciarme por ninguno en concreto, la verdad. Mi profesión me hace estar en contacto con todos estos aspectos de una u otra forma y creo, sinceramente, que todos ellos son críticos para modular nuestra personalidad. Para bien en muchas ocasiones. Pero, por supuesto, en otras no tanto. Como autor, he querido dar cabida a todos y cada uno de los elementos que mencionas, pero considero que ambas áreas, la íntima y la colectiva, influyen una en la otra con el mismo peso.
Esta pregunta me gusta formularla a veces… ¿Escribiste alguna escena que luego borraste? ¿Había en tu mente alguna línea argumental que luego descartaste?
La verdad es que, por mi forma de escribir, rara es la ocasión en la que elimino alguna escena previamente ideada. Antes de empezar a escribir me anoto en unos folios (bueno, con esto del ordenador, en unos documentos Word) el hilo argumental (qué es lo que quiero transmitir) y las características físicas y de personalidad de cada uno de los personajes (incluso de los más triviales). Luego, me dejo sorprender por el camino por el que van llevando los personajes en cada capítulo. Eso hace que el final de mis novelas me sorprenda incluso a mí mismo.
Si pudieses cambiar algo ahora después de que la novela esté publicada, ¿qué sería? ¿Algún personaje, alguna escena, alguna decisión narrativa?
La verdad es que estoy muy satisfecho con el resultado. Cuando terminé de escribirla recuerdo que incluso me emocioné (mi mujer es testigo de ese instante), pues tuve la sensación de haber transmitido todo lo que tenía intención de comunicar. Luego, alguno de los lectores me ha referido que se les hizo corta, que les hubiera gustado contar con más capítulos para leer. Pero creo que eso lo que traduce es que se trata de una novela ágil y con una temática que engancha desde el primer capítulo.
Finalmente, ¿hacia dónde se dirige Miguel Ángel Marín en la escritura?
Pues se dirige a un intento de profesionalizarla, aún a expensas de que eso me suponga tomar un paréntesis en la medicina, la pericia médica o la docencia. Considero que, gracias a mis años como clínico y al contacto directo con los momentos que más pueden impactar en la vida de una persona, puedo aportar una visión más real y cercana a alguno de los elementos que habitualmente se tratan en la literatura actual. Pero claro, eso también dependerá de que las grandes editoriales opinen lo mismo (aquí no se puede ver, pero mientras escribo esta frase estoy cruzando los dedos de los pies para que este sueño se haga realidad).

