«Yo tenía diecisiete años y de pronto, sin la menor sombra de duda, comprendí que mi vida era mía, que me pentencia a mi y a nadie más»
Todos hemos tenido alguna vez diecisiete años y nos hemos dado cuenta que la vida nos pertenecía, pero los habitantes del libro del Palacio de la Luna no tienen sólo la vida en sus manos si no que la viven de modo peculiar. Con grandes caídas y grandes golpes de suerte que configuran unas vidas desgraciadas que merecen la pena ser leídas. Leánlo. Sumergánse en el universo de Auster, en sus citas literarias, en sus guiños al sol, en la inevitable repetición de vivencias que llevan a Efing, a Marco y a Solomon a configurar su desgraciada vida entorno a amores imposibles, falta de efectivo, desolación, ruina y vuelta a la abundancia de dinero.
Pero sobre todo, Auster, que escribe como los ángeles, todo hay que decirlo, nos presenta unos tipos no tan diferentes de nosotros, sólo un pasito más allá. Resulta gratificante leerlos, les coges cariño y hasta a veces sueñas con vivir en su piel. Además todo plagado de citas literarias, de pintura, de arte al fin y al cabo.
Me ha gustado tanto que no dudo que algún día no muy lejano volveré a meterme en el viaje de Marco Fogg, subido en su globo y recorreré de nuevo sus ochenta vivencias en blanco sobre negro.
Brisne
Blog de la autora.

