
Tú vas a arrodillarte ante mis versos denostados
y ante el tronío de mis recuerdos intactos en cuadratura, vas a enloquecer de amor mudo y sordera de beso entregado
porque un amor tan eterno como el mío jamás en tu aventura,
volverán a conocerlos ni tus labios ni su locura de verso eternizado.
Cuando mi nombre sea el epílogo de la pasión
en los brazos de una otra que no sabe qué o cómo fue,
ni conocerá de amagos de cielo en tus dedos o tu aire,
díle que mi esencia no quedó impresa en tu carne
– si puedes y la fe de creerlo te hace fuerte o o te hace disimulo-
y afirma que tus labios, en descuido, de mi nombre, por inercia, hicieron cima.
Vas a buscar en ese beso el agua de mis labios,
en esa carne el tacto de mi alma y el manjar de mi rima,
el decoro de darse única e intacta, profanando lo sagrado
en comunión de solsticio y abrazo de intriga, de alma y de vida.
Díle que es la única, eterna y primera en la vena abierta,
quizá lo crea en el pacto y connivencia de minuto aturdido,
díle que yo fui un paso de aprendizaje, un mero espectro de pasión cierta
y el tránsito de un pasado muerto y un futuro vivido.
Miéntele.
Díle que no me extrañas, que no me amas, no me sueñas ni me llamas.
Díle que no me diste a mí tu alma.
Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
De tu voz la travesura.
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Me encanta su ternura y su sensibilidad.
Muchas gracias Francisco Javier.