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Me tiembla el corazón, me pulsa,
como un ruiseñor de plata,
como un palpitar que vibra
en un manantial de voces
y en lluvia se desperdiga.
Donde vayan los latidos,
donde es jade la esperanza,
del orbe vena y arteria
para empujar la sangre a que lata.
Esta vez es la pujanza,
el conducto y yacimiento,
predispuestos en batalla
a dar soplo y cumplimiento.
Me tiembla el corazón,
me tiembla la vida entera,
y los levanto en la palma
a que un puño los extienda.
En cada mano alzada,
en cada boca que inspira,
el corazón se dilata
y en los panes se acrecienta.
Me arrastran los corazones
con su canto de fulgores.
Tropeles son las gargantas
que nos vuelven inmortales.
A la voz de las cantatas
retiemblen hoy las torretas.
Garzas lilas y blancas
forjando anchas cadenas
van hilando los mañanas.
A la voz de los pulsares,
que son grandes cual murallas,
y a la voz de las cigarras,
vistieron de alas las calas.
Me tiembla el corazón, me pulsa,
¡me tiembla la vida entera!;
al alba la llevo puesta
y en los ojos por bandera,
y cada latido esparce
un ruiseñor en mi alma.
Salvador Pliego
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