Aldonza González es una escritora mexicana de ciencia ficción y ficción especulativa que hasta la fecha ha publicado dos novelas dentro del género, Nueve punto cinco y (Abismos, 2021) y Vástagos (Estrella del norte, 2025).
La ficción especulativa explora mundos imaginarios, futuros alternativos o realidades diferentes y engloba a otros géneros como el terror, la ciencia ficción, la fantasía o las distopías. Podríamos decir que Vástagos, la última novela de la autora, tiene un poco de ciencia ficción, de distopía y, también, por qué no decirlo, de terror. Por un lado, porque nos muestra un mundo devastado por una enfermedad que solo afecta y mata a los adultos y, por otro, porque los supervivientes son niños indefensos, lo cual da verdadero pánico. Pero dejemos que ella misma nos cuente más sobre el tema…
Vástagos aborda temas muy íntimos como la pérdida, el miedo y la infancia. Dado que los protagonistas no dejan de ser dos niños, ¿qué querías explorar con una novela tan impactante?
Soy madre de dos niños y considero que no hay peor pesadilla para un padre o madre que el saber que no puede ayudar a sus hijos. Nos pasamos la vida entera facilitándoles las cosas y procurando su bienestar, a veces en detrimento de su propia independencia. Vástagos fue mi manera de enfrentarme a ese miedo cara a cara y de ponerlos a prueba en un escenario distópico y hostil.
Cuando la leí, no pude dejar de relacionarla con la pandemia de 2020… ¿Qué me puedes decir sobre esto?
La idea de Vástagos surgió cuando estaba terminando de escribir mi primera novela. En esa época vivía en Italia y tenía un blog en el que hablaba de mis batallas cotidianas, pero entonces llegó enero de 2020 y nuestro mundo cambió. Como sabes, el primer país después de China que se vio afectado por el virus fue Italia, en específico el norte. Estábamos muy asustados y la gente no hacía más que preguntar qué pasaba, cómo lo estábamos viviendo. Entonces empecé una serie de posteos con el título “Crónicas de un coronavirus con pasta Barilla”, y en uno de esos artículos mencionaba un rumor que circulaba afirmando que los niños eran portadores del virus, pero no enfermaban. El rumor pronto se desmintió, pero en mi cabeza se sembró la semilla de esa idea y empecé a trabajar en la trama. Fue una manera de sacar todo el miedo que llevaba en el cuerpo por mis hijos y por su futuro.

En la novela se refleja un trastorno de comunicación social sin nombrarlo explícitamente. ¿Por qué decidiste abordarlo de esta manera?
Así es, el personaje de Oliver tiene un comportamiento que encaja con los primeros signos de este trastorno y que no se hacen evidentes hasta que los niños cumplen más o menos tres años. Es un trastorno que genera mucho rechazo social durante la infancia porque, aunque es parte del espectro autista, tiene características que para el ojo inexperto pueden parecer simplemente mala educación. Yo lo viví en carne propia con uno de mis hijos y, antes de que lo diagnosticaran, pasé por un periodo muy oscuro de miedo y dudas, de no saber qué le pasaba, por qué se comportaba así y, sobre todo, por qué sufría tanto. Y por eso en la novela quise dejarlo sin etiquetar, para que el lector llegara a sus propias conclusiones, que lo viviera como lo viví yo, sin un nominativo que diera la paz de tener un cajón clasificador que mantenga las cosas en orden.
Niños organizándose socialmente, muy parejo a obras como El señor de las moscas. Me parece que aquí también hay muchísimo que decir. ¿Qué me puedes contar tú?
He convivido muchísimo con niños en muchos contextos y sus dinámicas sociales me parecen fascinantes, sobre todo cuando creen que nadie les observa. Hoy en día a los niños se les niega muchas veces la oportunidad de experimentar por sí mismos, de trabajar su independencia, y por otro lado se les exige una madurez en el aula o en los eventos sociales que no les corresponde. El ojo adulto clasifica, juzga, dictamina, organiza. Muchas de las explicaciones que les damos a los niños a ellos no les hacen sentido. En Vástagos quería un narrador que, aunque fuera en tercera persona, compartiera esa forma de observar y entender el mundo de los niños, tan inocente y directa al mismo tiempo.

La novela tiene, a mi parecer, más reflexión social que acción. Entraría en una ficción especulativa. ¿Estás de acuerdo? ¿Eres consumidora del género? ¿Crees que tiene buena aceptación?
La ficción especulativa es un género muy amplio y que gusta a casi todo tipo de lectores porque no pone el foco en los elementos de ciencia ficción ni en la creación de mundos fantásticos. El elemento distópico, utópico o futurista es el motor de la acción, pero no deja de ser un mecanismo que permite al autor hacer serios cuestionamientos sobre temáticas universales. Ensayo sobre la ceguera de José Saramago o El cuento de la criada de Margaret Atwood son un claro ejemplo de ello. Muchas obras que pertenecen a este género son imperecederas porque su valor no está en los elementos de ciencia ficción, sino en la profundidad y el asombro con el que indagan en la naturaleza humana.
En lo personal es un género que me encanta. Me parece valiente y además conecta con el lector a muchos niveles.
¿Qué opinas sobre la ciencia ficción escrita por mujeres en nuestro país?
Creo que en el mercado español la ciencia ficción escrita por mujeres está principalmente enfocada en la fantasía, aunque el interés por explorar otros terrenos está creciendo. Hay propuestas de autoras noveles verdaderamente interesantes.
Además, tenemos la suerte de contar con grandes autoras con obras que se mueven en ese género, como mi admirada Rosa Montero con su saga de Bruna Husky, Elia Barceló o Cristina Jurado. El Premio Ignotus, por ejemplo, no otorgó un galardón de mejor novela a una mujer hasta 2019. Estamos hablando de 28 años en los que el premio se otorgó exclusivamente a obras de escritores de género masculino. Pero desde que Cristina Jurado lo obtuvo, excepto por un año, el premio se ha otorgado a mujeres.
¿Las mujeres de repente nos hemos interesado en escribir ciencia ficción o ha crecido el interés por leerlas? ¿O más bien es un reflejo de otras problemáticas sociales? Es un debate interesante.
¿Cómo es la relación entre los dos hermanos protagonistas de Vástagos? ¿Qué has querido reflejar?
Me encanta esta pregunta porque el corazón de la novela es precisamente la relación entre Via y Óliver.
Al principio de la novela vemos que sus dinámicas son más bien de competencia, de ver quién obtiene más atención de parte de sus padres. Sin embargo, la circunstancia les obliga a depender el uno del otro: Óliver depende de Via para cubrir sus necesidades físicas, pero Via depende del amor de Óliver para motivarse a seguir adelante. El entendimiento y la cooperación de ambos va creciendo de tal manera que ya no son capaces de entender su existencia si no es a través del otro.
¿Crees que tus lectores esperan de ti seguir explorando la ficción especulativa o te sientes libre para experimentar otros géneros?
Me siento bastante libre en ese sentido. Casi todos los autores que hemos ido mencionando a lo largo de esta charla se han atrevido con un género y con otro. Porque al final de cuentas mi intención es entregarle al lector una historia bien contada, con un pozo profundo, literatura que le acompañe a lo largo de muchos años. En mi caso, el género lo decido en función de la historia que quiero contar.
¿Algún nuevo proyecto en marcha?
Sí, tengo dos proyectos en la bandeja, aunque no he comenzado a darles forma. Uno de ellos tiene tintes románticos y el otro es una novela sobre la codependencia y las dinámicas familiares que se construyen a su alrededor.
