La leve vanidad de lo cotidiano.

 La leve vanidad de lo cotidiano(1) no es, desde luego, un descuido. Tampoco, una promesa. Porque, lejos de tantos espejismos literarios, La leve vanidad de lo cotidiano cumple con creces las expectativas que crea. Definiría el libro, más bien, como un oasis, muy real, en el que recuperar fuerzas, un respiro reconfortante: un paréntesis de la vida en el que “escuchar” como nos la cuentan, reinterpretada bajo la apariencia de una aventura mucho más atractiva, en forma de cuento.

     Y digo escuchar y no leer porque una de las particularidades más llamativas de La leve vanidad de lo cotidiano consiste en su original estructura formal. Concebida como un largo espectáculo de oralidad escénica, cada historia concreta es precedida y presentada por una reflexión del autor sobre alguna idiosincrasia del ser humano o de las sociedades en las que éste se agrupa; sobre la interacción entre los individuos. De tal forma que cada historia sirve en realidad para ilustrar la correspondiente reflexión. Tan concebida como un espectáculo que la obra, para dar un respiro al lector/público, cuenta con un intervalo intermedio o interludio, una suerte de entreacto.

     Es La leve vanidad de lo cotidiano, en buena medida, un juego de interacciones. Interacciones marcadas a menudo por los desencuentros: desencuentros generacionales ‒infancias señaladas por patológicas exigencias paternas de éxito‒, desencuentros de parejas ‒porque a menudo nos empeñamos en cambiar al otro para descubrir después que ya no nos gusta eso en lo que, precisamente por obra nuestra, se ha convertido‒  o desencuentros entre vecinos ‒esos odios irracionales o rencillas seculares y estúpidas que brotan en las pequeñas comunidades como las setas tras a lluvia‒. Pero también interacciones gobernadas en ocasiones por el arbitrario sino: por la suerte o más bien la ausencia de ella. Esa suerte que a veces nos pasa por encima sin contemplaciones, como un coche sobre el que se ha perdido el control; ésa tan difícil de admitir como un accidente de tráfico en el que quitamos la vida pero no la perdemos, o al menos no del todo o no en el sentido más literal del término. Porque aceptar lo que escapa a nuestro dominio es casi tan difícil como aceptarnos a nosotros mismos, con nuestros defectos y carencias: como aprender a mirarnos en un espejo sobre el que sólo podemos aparecer desnudos, sin disfraces bajo los que escondernos. O tan difícil como no enamorarnos de la imagen que en él queremos ver, aunque no siempre ésta sea veraz.

     Con una prosa ágil, fruto seguramente de la experiencia del autor como narrador oral escénico, incluso con recursos propios de esta otra disciplina suya, el también periodista Jorge Fuentelsaz Franganillo logra un inusual clima de intimidad con el lector: un género de intimidad más propio de un espectáculo en directo que de la callada y concentrada lectura. Porque mientras la lectura normalmente nos ensimisma, La leve vanidad de lo cotidiano nos arrastra fuera de nosotros mismos, acercándonos a un narrador que se diría más presente que el común de los escritores.

     Es de agradecer al autor una fina ironía y un sentido del humor que, aun retratando lo cotidiano y a veces hasta sórdido, no cae nunca en lo vulgar. Así como su meticuloso y elegante uso del lenguaje. Un lenguaje extremadamente preciso, pero no por ello prosaico ni exento de lirismo. Antes bien, incluso armado de bellísimas metáforas y alegorías. Como la que nos presenta, mediante el binomio amor – olvido, un amor eternamente recreado, alimentado cada día y renacido o reconstruido permanentemente: el amor de un paciente amnésico, incapaz de recordar  tras el sueño, que confía en volver a enamorarse de su enfermera cuando despierte y ella se haya convertido ya en una extraña. Porque este libro está también permeado por la ternura.

     En definitiva, la obra tiene poco de vanidosa. Aunque sí la adorna la levedad. No porque se demuestre intrascendente o no deje huella en el lector, sino porque La leve vanidad de lo cotidiano nos lega una sonrisa en el rostro y un ánimo más ligero, más dispuesto al vuelo.

 

 Salomé Guadalupe Ingelmo
Página Web de la autora

(1)- Fuentelsaz Franganillo, Jorge, La leve vanidad de lo cotidiano, Ediciones COMOARTES, Los Libros de las Gaviotas 27, CIINOE/COMOARTES, Madrid/México D. F., 2013.

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Salomé Guadalupe Ingelmo

Salomé Guadalupe Ingelmo es Doctora en Filosofía y Letras formada en España e Italia (donde también desarrolló actividades como traductora y docente de español). Es miembro del Instituto para el Estudio del Antiguo Oriente Próximo, con sede en la UAM, y desarrolla desde 2006 actividades docentes como profesor honorífico en dicha Universidad, impartiendo cursos relacionados con las lenguas y culturas del Oriente Próximo. Ha recibido diversos premios literarios nacionales e internacionales. Sus obras han sido incluidas en numerosas antologías colectivas, algunas de las cuales presentes en la Biblioteca Electrónica del Instituto Cervantes de España. En diciembre de 2012 ven la luz su primera antología digital de cuentos, La imperfección del círculo, y una extensa entrevista, La narrativa es introspección y revelación: Francisco Garzón Céspedes entrevista a Salomé Guadalupe Ingelmo, recogida en la colección de indagación sobre la narrativa Contemporáneos del Mundo, a cargo del prestigioso escritor y hombre de cultura Francisco Garzón Céspedes. Ambas obras, publicadas por Ediciones COMOARTES. Su monólogo Alicia se mira en el espejo ha sido objeto de publicación digital (también por Ediciones COMOARTES), acompañado por su entrevista El monólogo recrea una intimidad sin parangón, en la que la autora responde a Francisco Garzón Céspedes sobre diversas cuestiones relacionadas con la dramaturgia. Su publicación digital Medea encadenada y otros textos dramatúrgicos hiperbreves (Ediciones COMOARTES, Colección Los Cuadernos de las Gaviotas 97, 2013) reúne quince monólogos y soliloquios, la mayoría premiados en concursos internacionales. Ha prologado El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, y la antología del VIII Concurso Bonaventuriano de cuento y poesía de la Universidad de San Buenaventura de Cali (Colombia), en el que fue jurado. Desde esta década es, también, jurado permanente del Concurso Literario Internacional “Ángel Ganivet”, de la  Asociación de Países Amigos de Helsinki (Finlandia) –respaldada por el Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia y el Ministerio de Empleo y Seguridad Social de España–. Sus recientes ensayos sobre las obras ganadores de este certamen pueden leerse en http://www.paisesamigos.com/otros/analisis_prosa2013.pdf y http://www.paisesamigos.com/otros/analisis_poema2013.pdf , respectivamente. Entre sus ensayos más recientes, también, por ejemplo: “Libros como libros vivos” y el extenso “Borges, un tahúr en la corte del rey Assurbanipal” (en proceso de edición). Una idea más precisa sobre su trayectoria dentro del mundo de la literatura se puede obtener consultando su blog  personal.

Retrato por el pintor valenciano Alejandro Cabeza

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La leve vanidad de lo cotidiano. Un libro que nos eleva. Por Salomé Guadalupe Ingelmo, 10.0 out of 10 based on 1 rating
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