Anonimato

 

En  los inicios de Internet mantener el anonimato era fundamental, la seguridad era escasa y con algún conocimiento informático, cualquiera podía acceder a las entrañas de tu ordenador ya que no existía cifrado ni enmascaramiento de la IP real. El seudónimo o nickname era, como digo, la forma usual de acceso a los chat y foros donde los usuarios entraban en contacto. Aún así, muchos seudónimos eran perfectamente reconocidos y valorados por sus aportaciones o su forma de comportarse. Los que perseguían y  persiguen otro tipo de objetivo mal intencionado, siempre son los que suelen cambiar de seudónimo con frecuencia para mostrar distintas personalidades según las circunstancias y el propósito.

Con la aparición de las nuevas redes sociales se crea la necesidad de poner nombre, rostro y datos a todos los usuarios, en parte por el control que exigen algunas administraciones y, por otro lado, por el interés comercial de algunas redes que utilizan inmensas bases de datos con todo tipo de información personal encaminada a la publicidad y al consumo.

Por su parte, los usuarios de estas redes identificadas, solo reciben de la mismas en su mayoría, refuerzos positivos; los típicos “me gusta” “eres genial”  y todo es estupendo. Pocas redes informan de quien deja de seguirte o tienen algún botón que muestre disgusto, excepto el comentario explicito. Es una forma de comprometer al usuario a ser transigente y complaciente o a seguir la moda que impera porque, con el nombre real, pocos son capaces de decir claramente lo que piensan a contra corriente sin un costo social o personal importante. Por otra parte, aunque en estas redes existen debates interesantes, surgen sin ningún propósito concreto, entre gente dispar que en muchas ocasiones no son ni amigos ni conocidos, simplemente “añadidos” para engordar artificialmente los seguidores. También es común expresar mensajes obvios y dirigidos a la sensibilidad más primaria de los otros usuarios.  Como siempre, hay de todo y el ingenio y la buena información anda entretejida entre ese barullo sentimentalista.

En los certámenes que convoca Canal Literatura, los comentarios no están para publicitarse personalmente o hablar de las bondades de los conocidos, ni para reforzar la autoestima de nadie, el propósito es otro bien diferente: contrastar opiniones sobre las obras presentadas con seudónimo y de forma anónima, para recabar impresiones desde la perspectiva de un lector que no te conoce, ni quiere conocerte, al que sólo le interesa la obra presentada y que puede hacer una crítica más o menos complaciente pero basada en sus impresiones o argumentos, no en el conocimiento del autor, que en este caso no es un dato relevante mientras dura el periodo de valoración. Es más, puede ser todo lo contrario, ya que desvelar la identidad supone la descalificación automática.

En el certamen, todos los participantes y lectores, aunque desconociéndose, persiguen un propósito común, mostrar sus obras y defenderlas, conocer las opiniones de los lectores con el único objetivo de aprender y mejorar en el proceso creativo, promocionar la poesía, entablar diálogos fructíferos con otros poetas de todo el mundo y finalmente ganar algún reconocimiento literario que publicite su nombre real y su obra una vez que se conoce el fallo.

Por eso quiero hacer hincapié en que el anonimato es necesario, que el concursante debe mantener su condición de anónimo, medir muy bien sus comentarios para relacionarse fluidamente pero sin dar pista alguna sobre su identidad real. También en la necesidad de ser respetuoso y correcto con las opiniones de los demás, oponiendo argumentos si es necesario para defender la obra, pero dentro de la  corrección y el respeto mínimo entre usuarios que tienen en común el amor por la poesía y que esperan una retroalimentación fructífera, tanto si la crítica es positiva como si no.

El verdadero éxito para un autor es que su  creación triunfe sin aditamentos.

Para finalizar, recordaros que el anonimato no es nada nuevo, que grandes autores literarios han pasado a la historia con seudónimo porque su obra así lo merecía.

 Ejemplos  como Gabriela Mistral que usó la poeta chilena Lucila Godoy, ganadora de un Premio Nobel de literatura. Clarín es el utilizado por Leopoldo Alas. Con el seudónimo de Pablo Neruda suscribía sus poesías el chileno Neftalí Reyes. Azorín, se llamaba  José Martínez Ruiz.

Mujeres con seudónimo masculino: Fernán Caballero es el seudónimo de Cecilia Böhl de Faber; George Eliot es el seudónimo de la escritora británica Mary Ann Evans;   George Sand es el seudónimo de la escritora francesa Amandine Aurore Lucile Dupin.

Recientemente la escritora  JK Rowling ha dicho, en su página web,  que su decisión de publicar con el seudónimo Robert Galbraith se produjo porque quería  volver al inicio en un nuevo género sin los prejuicios de su obra anterior.

Y eso es lo que os proponemos, comenzar cada certamen tal como dice Rowling: “Con la deliciosa sensación de ser anónimo”.

Felices lecturas.

Luisa Núñez, Directora de Canal Literatura

 

Luisa Núñez.

CEO del Portal Canal Literatura.
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación.

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Anonimato necesario.Condición de anónimo y el éxito de la creación.Por Luisa Núñez, 8.4 out of 10 based on 8 ratings
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