El Autismo de tu Secreto. Por Catalina Ortega Diaz

El Autismo de tu Secreto

 

El Autismo de tu Secreto

En la mañana de este frío invierno iniciando el abismo del futuro del año 2018, el caleidoscopio onírico del sueño- en fase REM- me ha transportado en un viaje órfico, hasta en el siglo XVI. He despertado envuelta en un halo de trasmundo en el castillo de Cloux- enero de 1518-. Te observo triste, Leonardo, asumiendo el engaño del rey Francisco I de Francia, que mintió admiración y afecto filial con el perverso fin de arrastrarte hasta Francia con la promesa de recuperar al Duchetto, hijo de tu segunda esposa, Isabel de Nápoles y legítimo heredero del ducado de Milán, tras la muerte del joven duque Gian Galeazzo, envenenado por orden de su tío, Ludovico Sforza “El Moro”

Bernardino Conti; retrato de Francesco Sforza il Duchetto.

“Verdaderamente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad supera a la de éstos. Su maldad no tiene límites; sus salvajes brazos no vacilarán en desencadenar la muerte, la aflicción y los dolores, las guerras y la devastación sobre todos los seres vivientes. En su monstruoso orgullo lucharían contra el propio cielo. Nada sobre la tierra existe, ni debajo de la tierra, ni en el agua, ni debajo del agua, que no sea perseguido, destrozado y arruinado por ellos” (Manuscrito de Leonardo)

No tardaste en conocer el triste destino del fanciullo, asesinado en 1512, cuatro años ante de tu llegada a Francia con el anhelo de rescatarle. El Duchetto fue el cebo para alejarte de Italia. Demasiado tarde, Leonardo, fuiste consciente de la perversa intención del ególatra y misógino Francisco I. El Rey conocía tu secreto origen, tan odioso para él como el de la dama del retrato del que jamás te separabas. Instalado en Cloux, Francisco de Angulema te abandonó a merced de sus físicos que, según sus instrucciones, te administraron dosis de bebedizos que acabarían con tu vida lentamente sin levantar sospechas del asesinato de tan magno y venerado artista. Francisco I nunca te visitó como mienten crónicas y retratos, generosamente pagados.

Jean A.D. Ingres “Muerte de Leonardo abrazado por del rey Francisco I” (detalle)

Jean A.D. Ingres “Muerte de Leonardo abrazado por del rey Francisco I” (detalle)

Consciente del terrible engaño y sintiendo cercano tu final, en el autismo de los secretos que siempre te envolvió, guiaste la mano de tu hijo Francesco-conocido como “da Melzo” y sospechas injuriosas de ser tu amante al igual que el primogénito de tu primera esposa “Salaino”- con el fin de copiar fielmente la imagen de la dama- Constanza Dávalos y Aquino- de cuyo retrato sfumato nunca te separarías desde que la pintaste, por última vez, en 1513 en el palacio de Belvedere acogido por Juliano de Medici. A tu lado, el joven Rafael Sanzio dibujó el retrato de doña Vittoria Colonna, triste por la suerte del joven esposo – “su Sol”-, Fernando Francisco, marqués de Pescara (sobrino huérfano de doña Constanza y pupilo, tal como Vittoria lo fue, de la dama, desde los cinco años), herido y apresado por los franceses en la batalla de Ravena.

Rafael y tú os pusisteis de acuerdo para inmortalizar a tan nobles damas entre dos columnas, alegoría de protección de los famosos condotieros Prospero y Fabrizio Colonna, tío y padre de Vittoria y aliados del reino aragonés de Nápoles, en el que Doña Constanza era venerada como Madonna Elisa (Mona Lisa), evocando a la heroína de la Eneida de Virgilio, poeta en el que se inspiró la cultura all’Antica (Renacimiento italiano), tras resistir, con bravura inimaginable, para una dama de la época, el largo asedio del poderoso ejército francés de Luis XII, desecho y derrotado por “una simple mujer”.

Bocetos

Las “Columnas” fueron mutiladas en el famoso Sfumato por el odio francés a tan aguerridos Condotieros. Quedan constancia de ellas en precedentes retratos de doña Constanza, como el pintado, por Leonardo, en conmemoración de las nupcias entre Vittoria y Fernando Francisco, el 27 de diciembre de 1509, tan fastuosas que aún hoy, 500 años después, se celebran en Ischia. Único retrato en el que Constanza muestra alegría en mirada y sonrisa.

Constanza Dávalos

Terminado el Retrato más famoso de la Historia del Arte, viajaste de nuevo hasta Milán, para inmortalizar el rostro del marqués de Pescara, que se recuperaba de sus heridas, amparado por su tía Beatriz Dávalos y Aquino, en palacio de vía Rugabella de Milán, gracias a su alianza matrimonial con el milanés Gian Giacomo Trivulzio, antiguo aliado del Nápoles Aragonés, convertido en mariscal de Francia, debido a su odio al usurpador del Ducado de Milán; Ludovico Sforza “Il Moro” Leonardo retrató al joven marqués de perfil, ocultando las heridas que desfiguraron su rostro

El arrogante Francisco I- sucesor de Luis XII por oportuna boda con la hija de éste; Claudia de Valois-verdadera reina de Francia-, nunca olvidaría el apellido de la dama ni de sus hermanos; Alfonso, Rodrigo; Martín e Íñigo, gloriosos militares que frenaron las sucesivas invasiones francesas con sus propias vidas.

“Pon la honra, pon la vida y pon las dos; Vida y Honra por España y por tu Dios”

Pero…y a ti, Leonardo ¿por qué la obsesión de eliminarte? Jamás incumpliste las leyes Abolitio Nominis y Damnatio Memoriae, que el notario Piero Fruosino desempolvó del derecho romano, para obligarte, bajo pena de muerte, a silenciar tu origen y los nombres de tus verdaderos padres a los que no llegaste a conocer, pues el anuncio del embarazo de tu madre, fue sentencia de muerte para tu padre, Leonello d’Este, marqués de Ferrara.

Medalla realizada por Pisanello para Leonello d’Este

Medalla realizada por Pisanello para Leonello d’Este con motivo de su boda con doña María, hija del rey Alfonso el Magnánimo. En la parte superior se pueden leer las iniciales G.R. AR: Genero Re Aragona (Yerno del Rey de Aragón).

El ambicioso hermanastro, Ercole d’Este – sexto en la línea de sucesión- no podía permitir que, tú, el hijo de Leonello le alejase de convertirse en marqués de Ferrara.

De nacer varón, el último suspiro de tu madre, la princesa María de Aragón, hija del rey Alfonso de Trastámara, V de Aragón y I de Nápoles “el Magnánimo” habida de una esclava sarracena, coincidiría con tu primer aliento de vida. Naciste huérfano. Sobreviviste, en la cuna, a dos intentos de asfixia con la boina negra ornada con larga pluma, de tu tío Ercole, que confundiste con el “Milano Negro” de las pesadillas que te persiguieron durante toda tu fugitiva vida.

“Este escribir sobre una especie de milano negro que al parecer marca mi destino, porque el primer recuerdo que tengo de mi infancia es que yo estando en la cuna, aparece este milano y con su cola me abre la boca más de una vez me trillaba con su cola dentro de mis labios” (Manuscrito de Leonardo)

Los astrólogos comunicaron al rey Magnánimo que había nacido, de su sangre, un ser inmortal, Vincitore della Morte; un ana-g-elo “Mensajero del Tiempo” que fue, es y será. El Rey, impresionado por tal designio, te puso bajo la protección del Gran Camarlengo del Reino, don Íñigo Dávalos y Tobar, en el Castel aragonés de Ischia.

El ambicioso hermanastro, Ercole d’Este – sexto en la línea de sucesión- no podía permitir que, tú, el hijo de Leonello le alejase de convertirse en marqués de Ferrara.

De nacer varón, el último suspiro de tu madre, la princesa María de Aragón, hija del rey Alfonso de Trastámara, V de Aragón y I de Nápoles “el Magnánimo” habida de una esclava sarracena, coincidiría con tu primer aliento de vida. Naciste huérfano. Sobreviviste, en la cuna, a dos intentos de asfixia con la boina negra ornada con larga pluma, de tu tío Ercole, que confundiste con el “Milano Negro” de las pesadillas que te persiguieron durante toda tu fugitiva vida.

“Este escribir sobre una especie de milano negro que al parecer marca mi destino, porque el primer recuerdo que tengo de mi infancia es que yo estando en la cuna, aparece este milano y con su cola me abre la boca más de una vez me trillaba con su cola dentro de mis labios” (Manuscrito de Leonardo)

Los astrólogos comunicaron al rey Magnánimo que había nacido, de su sangre, un ser inmortal, Vincitore della Morte; un ana-g-elo “Mensajero del Tiempo” que fue, es y será. El Rey, impresionado por tal designio, te puso bajo la protección del Gran Camarlengo del Reino, don Íñigo Dávalos y Tobar, en el Castel aragonés de Ischia.

Allí viviste una feliz infancia, absorbiendo la sabiduría oriental de tu abuela materna, incluida la escritura en espejo, conocimientos sobre la Naturaleza y otros ignotos en Occidente, tachados de brujerías, que te hubiesen llevado a la hoguera de ser descubiertos. Tu inseparable compañera fue la primogénita del Gran Camarlengo, Constanza, amiga y musa eterna; tu “Sibila Cumana”

Tras la muerte del rey [i]Alfonso el Magnánimo, la suerte estaba echada. Para el sucesor, Ferrante I de Nápoles, tu existencia suponía una amenaza si osabas reclamar tus derechos dinásticos, frente a los de su primogénito y sucesor; el abominable Alfonso II. Igual motivo temía Ercole d’Este por ser, tú, hijo de su hermano mayor y, por tanto, le precedías como heredero legítimo del Marquesado, elevado a Ducado de Ferrara por el papa Pablo II. Nadie se interpondría en el camino de Ercole.

¡Oh mundo! ¿Cómo no te abres para precipitar en los más negros agujeros de tus abismos y simas y para no exhibir más tiempo a la luz del sol un monstruo tan cruel y tan implacable? (Leonardo, Códice Atlántico)

Tras la muerte de Borso, hermano y sucesor de Leonello, Ercole planeaba asesinar a sus sobrinos, Nicolo IV, hijo del primer matrimonio de Leonello con Margarita Gonzaga- aún niño-, si llegase a reclamar el Ducado de Ferrara (lo hiso en cuanto hubo edad; su cabeza rodó anegando con su sangre las hermosas vías de Ferrara en septiembre de 1476) Sólo la existencia de Leonardo-aun anulada su identidad y desterrado -, amenazaba la ambición de Ercole.

¿Qué hacer con el bellísimo príncipe protegido por el Camarlengo, en el Castel Aragonés? El litigio, tras la muerte del “Magnánimo” fue largo. Ercole consiguió la tutela de Leonardo al ser el único pariente del ragazzo. Tras pagar una considerable fortuna, al notario Piero Fruosino. Éste se encargó de alterar documentos de óbitos y nacimientos, según los cuales, la princesa María habría muerto, sin hijos, un año antes que su esposo Leonello d’Este y Leonardo habría nacido en una granja de cerdos, hijo ilegítimo del mismo notario Fruosino, criado entre hermanastros embrutecidos e iletrados y madrastras recelosas de que tan bello príncipe pugnase por la herencia del sobornado notario de Florencia.

En la corrupta Italia de la época se compraban y vendían: Vidas, Estados, Honor y Almas. Antonio Fruosino, padre del notario, registró un falso documento para avalar la paternidad de su hijo, que llenaría sus bolsillos y haría de la mísera aldea de Vincci (con dos letras “c”), un santuario turístico muy rentable, pasando a denominarse, “Vinci, Città di Leonardo” cuyo escudo de armas con los colores de Aragón, pasaría a ser el de la ignota aldea de la cual sólo existía un sello medieval con la imagen de un castillo:

1452, Nachue un mio nipote fligiolo di ser Piero, mio fligiolo, a di 15 d’aprile in sabato a ore 3 di notte. Ebbe nome Leonardo, batezollo prete Piero di Bartolomeo da Vincci…

Nunca firmaste con el apellido Fruosino, y lo hiciste en español, no en italiano- “Yo Leonardo”- lengua que se hablaba en el Castel Aragonés- tu casa-, escrito a la manera oriental, tal como te enseñó tu innombrable abuela sarracena.

 

“No creo que los hombres groseros, de bajas costumbres y de poco espíritu, merezcan un organismo tan hermoso ni una tan grande variedad de engranajes como los hombres de gran espíritu. Los primeros no son otra cosa que una bolsa en la que entra la comida y de la cual sale. Se los debe equiparar a un canal para la alimentación, porque nada me prueba que ellos formen parte de la especie humana, si no es por la voz y el rostro: por todo lo demás se parecen bastante a las bestias” (Manuscritos de Leonardo)

***

Fuiste arrancado del paraíso de Ischia y abandonado en la mísera granja de Anchiano, cercana a la aldea de Vincci. Sufriste años de malos tratos hasta que Francesco Fruosino, hermano del notario -el supuesto padre al que no llegaste a conocer-, se apiadó de ti; un ragazzo que ya mostraba trazas de magno artista y te acercó a Florencia donde te acogió, en su taller, el maestro al que llamaban “Il Verrocchio” más como modelo ideal de belleza, que como el aprendiz que en pocos meses superaría al maestro. Posaste para obras del Verrocchio: el David y el ángel de “Tobías y el ángel” A Sandro Boticelli le inspiraste el “Céfiro convertido en Flora de la Primavera” y el ángel de Madonna dell’Eucarestia; Domenico Ghirlandaio te inmortalizó en el fresco de la Capilla Sixtina del Vaticano “Vocazione dei primi apostoli” como “Bel Fanciullo con Ghirlanda di Fiori in Testa”

En Milán, tu imagen sería canon y guía de ilustres artistas para innumerables obras maestras de la época más brillante de la Historia del Arte: Posaste para Bramante (“Eráclito llorando”) y para tus propios alumnos, conocidos como Leonardeschi: Ambrosio de Predis, Bernardino Luini, Giovanni Antonio Boltraffio, Giampetrino, Andrea Solario, Cesare da Sesto, Francesco Napoletano, Marco d’Oggiono, Agostino da Lodi e incluso tus hijos primogénitos habidos de tus dos esposas: Gian Giacomo “Salai” y Francesco de Melzo (a los que la ramera Historia confunde injuriosamente con amantes) Sin olvidar, obedeciendo al deseo tantas veces expresado, por ti, de vivir para siempre a través del Arte, tus muchos autorretratos “Joven Músico” “L’Uomo Vitruviano” y otros muchos perdidos; el último oculto en “Codice del Volo de gli Uccelli”, ha sido descubierto cinco siglos después de tu muerte.

El más famoso de todos tus autorretratos, rodeado de enigmas y especulaciones, fue realizado en el mural del “Refettorio de la Chiesa di Santa Maria delle Grazie de Milán”, en el que te representas como el apóstol Pedro inclinado, susurrando una promesa, sobre el joven Juan; la triste Isabel de Nápoles, viuda del asesinado esposo, Gian Galeazzo Sforza, duque de Milán, desposeída de su hijo Francesco Il Duchetto, de su título de duquesa de Milán y amenazada de muerte, de la que fue salvada por ti, Leonardo, tras ayudarla a huir a Melzo, donde contrajisteis matrimonio y nació vuestro primogénito; Francesco, al que seguirían, ya a salvo, en Ischia: Giovanna, María, Antonio e Isabella, conviviendo con Bona e Hipólita Sforza (+1504), hijas de Isabel de Nápoles habidas con el difunto Gian Galeazzo Sforza, duque de Milán, y con Gian Giacomo y su hermana Lorenziola (Monna Vanna); hijos de tu primer matrimonio con Caterina de Milán.

Rafael Sanzio, te situó junto a tu hijo Francesco de Melzo, en el centro de su magna obra “Escuela de Atenas” posando como Platón y Aristóteles, respectivamente. Quiso pintarte, portando el “Timeo” y alzando tu dedo índice hacía el “Origen (fue, es, será)” tal como los astrólogos pronosticaron, en tu nacimiento, al comunicar que había nacido un “Ana-g-elos, Mensajero del Tiempo” un Ser Inmortal, tal como se constató en tus obras de ingeniería adelantadas siglos a tu tiempo y en tus profecías cumplidas y por cumplir.

Profecías:

“Se verán seres sobre la tierra que estarán siempre luchando unos contra otros ocasionando grandes pérdidas y muertes de ambos lados. La malicia no tendrá límite y derribarán árboles y selvas. (sobre el medio ambiente)

 

“Todos los hombres cambiarán de hemisferio en un instante” (Avión)

 

“Todos se hablarán, aunque estén en un hemisferio diferente, comprendiendo sus respectivas lenguas” (Internet)

 

“Las obras humanas serán la causa de la muerte humana” (máquinas, armas, drogas…)

 

“Caerá sobre la tierra una cosa con espantoso ruido que aturdirá a los que se encuentren en el lugar y con su fuerza podrá demoler castillos y ciudades” (bomba atómica).

 

“El agua de los mares se elevará por encima de los montes y hacia el cielo. Caerá sobre las moradas de los hombres”. (tsunamis)

 

“El cuero de animales causará gran agitación entre los hombres, quiénes lo lanzarán unos contra otros, con grandes juramentos y gritos” (¿futbol?)

 

“Se verán a los árboles de los Monte Tauro, del Sinaí, del Atlas y de los Apeninos, atravesar el aire desde Oriente a Occidente, para transportar muchos seres humanos. ¡Cuántos augurios, muertos, separaciones de amigo! Cuántos de ellos no volverán a su patria, muriendo insepultos, dejando sus huesos en diversos lugares del mundo” (migraciones).

 

Tu arquitectura humana murió -tal como nació, en primavera (prima verità)-, un dos de mayo de 1519. Según versión oficial, expiraste tu último aliento en brazos del Rey de Francia, más Francisco I no estuvo presente en la hora de tu muerte ni asistió a tu entierro, ya que, según documentos oficiales, el 1 de mayo de 1519 el Rey de Francia se hallaba en St. Germain en Laye, lo que deja en evidencia las mentiras de la sobornada Historia, debido a la imposibilidad de que, en aquel tiempo, fuese posible llegar a Ambois, en un solo día para estrechar contra su pecho el postrero suspiro del Pintor de Almas. Contradiciendo la versión del profundo amor del rey Francisco I de Francia, tú, Leonardo fuiste sepultado bajo humilde loza en una capilla de Amboise. Tu ataúd, magno Creador, fue portado y escoltado por sesenta mendigos harapientos, para ocultar la identidad del difunto.

***

Salvo investigadores insobornables nadie creerá a esta nadie, fracasasdora de gran éxito. Lo entiendo, pero… ¿En qué mente cabe la increíble idea de que el más bello príncipe del Renacimiento nació y creció en una granja de cerdos entre hermanastros más bestias que los propios animales? Eso no lo entenderé jamás si no es evocando una y otra vez las palabras del propio Leonardo d’Este y Aragón; Vincitore della Morte: Il Vinci.

“No creo que los hombres groseros, de bajas costumbres y de poco espíritu, merezcan un organismo tan hermoso ni una tan grande variedad de engranajes como los hombres de gran espíritu. Los primeros no son otra cosa que una bolsa en la que entra la comida y de la cual sale. Se los debe equiparar a un canal para la alimentación, porque nada me prueba que ellos formen parte de la especie humana, si no es por la voz y el rostro: por todo lo demás se parecen bastante a las bestias” (Manuscritos de Leonardo)

***

 

Del matrimonio entre Alfonso V de Aragón y I de Nápoles con su prima doña María de Castilla, no hubo descendencia. El Magnánimo tuvo hijos de varias amantes. Reconoció como príncipes de Nápoles: al primogénito Ferrante I “El Bastardo” -su sucesor-; a la princesa Leonor de Nápoles, hermana de Ferrante y prometida, desde la cuna, con Ercole d’Este; a la princesa María de Nápoles, casada con Leonello d’Este, padres de Leonardo “il Vinci”

La alianza entre Ferrante y Ercole fue causa y efecto de la desaparición y renuncia de Leonardo a su verdadero origen, aunque nunca amenazó con desvelar el autismo de sus secretos ni jamás ambicionó Poder alguno, a excepción de vivir para siempre, meta conseguida mediante sus magnas obras propias de humanos y seres órficos “Viajeros del más allá”.

 

Catalina Ortega Diaz

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