Elena marqués

Nunca leería un libro si fuera posible hablar media hora con el hombre que lo escribió.

Woodrow Wilson

 

A veces trasteando me encuentro algunas fotos que he visto mil veces, pero un día cualquiera, y por alguna razón que desconozco, reclaman mi atención especialmente. Entonces las amplío, encuadro, recorto y las repaso con pausa como si fueran el cuadro de un gran pintor. Y, en cierto modo, lo son. Toda persona es un cuadro perfecto que la naturaleza nos ha pintado para embobarnos en su contemplación y aprender a leerlo y admirarlo. Lo que vengo en llamar «libros vivos», que se leen con un código muy diferente, de signos específicos que combinan conocimientos muy diversos y no utilizan la palabra. De ahí la tremenda dificultad de estas lecturas en un mundo excesivamente doblegado a la palabra escrita que obvia toda una gama de matices que se muestran espontáneamente en cada ser, solo visibles a quien quiera y sepa leerlos.

No os desvelo nada si os digo que hay rostros que son claramente el espejo del alma y que expresan el fondo que portan o soportan, que de todo hay. Este no es el caso de Elena.

Elena Marqués es una gran obra, única, porque la combinación genética más las vivencias y experiencias que la conforman también son exclusivas. Pero, además de singular, tiene un halo especialmente enigmático.

Creo que pocos conocen en verdad todos los rasgos de su personalidad, sus deseos más íntimos, sus ilusiones y aun menos sus heridas. Si preguntáramos a su sombra, que la acompaña permanentemente, no estoy segura de que supiera contestarnos con certeza.

Elena es de pocas palabras, escribe mucho, sí, pero habitualmente nos cuenta historias imaginarias, lejanas de su entorno y que creo poco tienen que ver con sus verdaderas vivencias. Quizá sea su poesía la que nos muestra algo más del latido de su corazón, de esa sensibilidad quebradiza tan a flor de piel, de las emociones que erizan su alma y engendran sus pasiones, de la inteligencia viva que caza al vuelo los matices de cualquier gesto por pequeño que sea.

Quizá mi lectura de este cuadro no sea correcta, pero mirad esos ojos grandes y profundos, que brillan en un ensueño retraído y melancólico. Observad ese pelo eléctrico y desenfadado que, en contraposición, vive su propio caos, esa boca que sella la armonía entre dispares. Y ahora, imaginad un lento parpadeo con «efecto mariposa» que puede llegar como un huracán a cualquier corazón. Sí, trasmite el sentimiento humano más reconocible y deseado por todos. El que cualquiera necesita para ser, moverse, para amar, para curar heridas, para apuntar los deseos a las estrellas. Elena atiende y se entrega apasionadamente y,  a veces, tiene la sensación de vivir en un mundo ingrato que no la corresponde en la medida en que ella se prodiga. Un mundo que añora permanentemente y en el que sigue creyendo, aunque todos sabemos que no existe más que en algunos corazones.

Tal y como reza la frase de Woodrow Wilson que encabeza este texto, prefiero mil veces hablar con el escritor/a, leer en vivo y en directo. Pero eso no siempre es posible. Por eso los libros nos permiten acceder a personajes e historias que no tenemos a nuestro alcance. Pero en este caso tengo la ilusión de un próximo reencuentro, y, mientras llega, dejo aquí a Elena el pequeño detalle de esta foto.

 

Espero que te guste.

 

Elena marqués

 

Luisa NúñezLuisa-nuñez-16

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

 

 

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Elena Marqués, un cuadro perfecto. Por Luisa Núñez, 7.3 out of 10 based on 10 ratings
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