Feliz Navidad

Nochebuena de guardia

Nochebuena de guardia. Por Luisa Núñez

Estaba contemplando las luces del belén que nuestros hijos han montado como una sorpresa esta tarde y de repente han pasado por mi mente un montón de belenes y de nochebuenas, de seres queridos y momentos entrañables. Cuando éramos pequeños y los abuelos presidían la mesa y todos revoloteábamos alrededor de la cocina picando aquí y allá.  Cuando la Nochebuena y la Navidad eran todo un acontecimiento porque eran los únicos días del año en que se comía besugo o cordero y muchos dulces y turrones. Hablo de los años cincuenta o sesenta, niñez y adolescencia llena de carencias económicas pero intensa en afectos familiares.

He recordado también mi primera Nochebuena fuera de casa, en 1972, cursando  mi primer año de enfermería. En aquellos años, las alumnas, todas internas, nos hacíamos cargo de tres plantas de hospitalización y todos sus turnos, incluidos festivos y navidades. Siempre tuteladas, pero cumpliendo un horario totalmente profesional. Así pagábamos parte de nuestros estudios.

Antes de ir a tomar el relevo a mis compañeras, sobre las nueve, hablé con mi familia, que, reunida a muchos kilómetros –para mí infinitos–, cumplía con los ritos acostumbrados, todos juntos menos yo.

De repente era como si el mundo hubiera desaparecido de mi vista y fuera el único ser en un vacío inmenso. Las lágrimas incontenibles brotaban de mis ojos como un torrente sin dejarme apenas hablar, así que a todas las palabras cariñosas de mis padres sólo pude contestar con monosílabos y un último «¡Os quiero mucho!» a duras penas.

Llegó la hora y con un pañuelo entre las manos subí a mi planta para hacerme cargo de mis enfermos. Pero, por más que lo intentaba, apenas podía dejar de llorar, por lo que mis ojos enrojecidos me delataban aunque yo entrara en cada habitación esbozando una sonrisa.

Cumplida la primera ronda, ya sentada en el control, sin posibilidad alguna de contacto con los míos, una inmensa tristeza se apoderó de mí, una sensación de abandono que aún pasado el tiempo me da escalofríos. Tal era mi desconsuelo que recuerdo con mucho cariño el gesto de varios enfermos que se acercaron al control a consolarme, darme ánimo y hacerme compañía. Algunos me trajeron dulces y todo. Ellos, que además de estar fuera de casa estaban enfermos, venían a  consolarme a mí. Pero era una cría novata y ellos lo entendieron así. Al final consiguieron que el mundo reapareciera ante mis ojos de nuevo y el vacío se llenase de comprensión y afecto. Finalmente la noche se convirtió en un intercambio de alientos de la que todos salimos a salvo.

Después llegarían muchas más nochebuenas y nocheviejas de guardia, pero ya nunca me sentí del mismo modo, aceptaba mi trabajo y sus peculiaridades y me acostumbré a celebrarlo con otra nueva familia: mis compañeros.

Feliz Navidad

Hoy, quiero dejar aquí un homenaje a todos los servicios ciudadanos que velan por nosotros haciendo una nochebuena de guardia, conscientes de su responsabilidad y de su comprometido trabajo.

Quiero también aprovechar para mandar aliento a aquellos que se sientan tristes o desconsolados por cualquier motivo. Por suerte, hoy en día, la comunicación es mucho más fácil y podemos darnos apoyo aun estando lejos, mirándonos a los ojos, leyéndonos, hablando directamente o enviándonos un motón de fotos.

Feliz Nochebuena, amigos, allí donde estéis. Esta es vuestra casa de emociones en letras.

Un fuerte abrazo.

 Feliz Navidad.

Luisa NúñezLuisa Núñez

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de Comunicación

 

 

 

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