Edurne Valiente, la escritora de fantasía que huye de la autocensura.

 

Edurne Valiente, la escritora de fantasía que huye de la autocensura.

 Cuando una tiene entre manos un producto de calidad, por lo general lo sabe. Incluso si ese producto contiene algunos elementos que pueden resultar chocantes o que una sabe que le van a pedir que modifique. Pero eso no es algo que encaje con la filosofía de Edurne Valiente (Valencia, 1993), que ha demostrado con Una canción fúnebre y El Lazo una fe ciega en la calidad de su obra.

    Un rasgo que salta a la vista de la obra de la escritora valenciana Edurne Valiente es que está escrita sin autocensura, sin atenerse al qué dirán y sin tocar, en definitiva, un solo pelo de aquellas escenas más peliagudas, que las hay, tanto en Una canción fúnebre como en El Lazo.

    La primera de sus obras es una novelette, una composición más próxima al relato largo que a la novela, pero en la que desarrolla perfectamente una historia fantástica que nos deja con ganas de más. Sobre su esencia, la autora lo resume perfectamente: «No recuerdo exactamente cómo surgió la idea, pero sé que se mezclaron varias cosas: mi temor al océano y a los animales marinos que habitan en las profundidades, y mi curiosidad por saber cómo sobreviviría una mujer atrapada ahí abajo durante semanas».

    Sobre su novela El Lazo, hay que decir que la ambientación es similar, si bien cambia radicalmente el contenido, acercándose más al mundo interior de los personajes: «Se trata de una novela ambientada en el mismo mundo que Una canción fúnebre, pero en una época y localización diferentes. En ella muestro las conductas que tienen los psicópatas integrados para atar a sus víctimas y las terribles consecuencias que sufren estas. Tuve que documentarme mucho, pero estoy muy orgullosa del resultado final», asegura Valiente.

    En ambas historias, que, como vemos, comparten universo, los personajes tejen relaciones que se salen de lo usual, e incluso en alguna ocasión serán bastante chocantes, y esto es algo que a buena parte del público le puede echar para atrás. Sin embargo, para Edurne Valiente, introducir estos elementos en sus historias es algo normal en una ficción: «En la novela aparecen muchos tipos de relación. Hay algunos que a la gran mayoría le producirán repelús —y con razón— y otros que son completamente normales, pero poco frecuentes en la literatura y en el cine. Por suerte, esto último está cambiando para bien», asegura.

    Igualmente, es consciente de que una historia que resulta chocante para el gran público lo tiene más difícil para triunfar, y que hubo momentos en los que temió por el recorrido de sus libros; no obstante, seguir su intuición fue lo mejor que pudo hacer, como ella misma rememora: «Sí, tuve un poco de miedo, no lo voy a negar. También debo decir que gran parte de ese miedo apareció debido a las opiniones de los editores que leyeron y valoraron la novelette antes de que me decantase por la autopublicación. Por suerte, le hice caso a mi instinto y aposté por mi historia tal y como estaba en mi imaginación, sin censurarla. Me alegra muchísimo ver que los lectores están viviendo esas relaciones desde la sorpresa y la aceptación».

    Ahora, una vez que se ha instalado cómodamente en el catálogo de autopublicados de Amazon, recibiendo una abrumadora mayoría de críticas positivas, Edurne Valiente se muestra satisfecha de haber confiado en su obra sin censurarla, de haber sabido sacar adelante a la criatura que tenía entre manos y que sabía que tenía calidad de sobra. Hoy analiza la crítica como algo anecdótico, ya sin la presión de antaño, pero contando con ella para conocer mejor y acercarse más a sus lectores: «Creo que prácticamente todos coinciden en que no era lo que esperaban leer, pero, por suerte, la mayoría de los comentarios han sido de sorpresa (de la buena). También han destacado a la protagonista, la diversidad de las relaciones, la originalidad de la historia y el estilo narrativo. He tenido también reseñas negativas, como cualquier otro escritor, pero las positivas han sido más frecuentes. Me quedo con eso», concluye.

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