Los reyes del mambo.

Los reyes del mambo

 

Nos creímos los reyes del mambo. Creímos tener la maquinaria del mundo bajo control y no pensamos que el poder es lícito, siempre y cuando se ejerza bien. Preguntémonos. ¿Y si sólo coqueteábamos con el equilibrismo como novatos trapecistas  sobre una milimétrica cuerda invisible a los ojos?. Decía Antoine de Saint-Exupéry que lo esencial es invisible a los ojos; ¿No será que llevamos ya bastante tiempo ciegos?. Un minúsculo organismo con halo de corona ha tenido que irrumpir en nuestras vidas para darnos cuenta de una verdad de la que no éramos del todo conscientes: que somos seres tremendamente vulnerables.
Ya sabíamos que el planeta no era ni es un mundo seguro y lo hemos recorrido con antifaz, no muy a sabiendas de ello. Quizá sí sabíamos que, en algún momento, en cualquier lugar, podíamos perder la vida. Pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. Aunque alguna vez nos creyéramos Dioses, nadie dijo que lo fuéramos. Con semejante arrogancia, hemos puesto la Naturaleza al servicio de nuestra felicidad. ¿De una falsa felicidad?. ¿O fuimos felices sin saberlo?.
¿Creímos que un mundo global sin precedentes iba a proporcionarnos más bienestar?. Desde esta pretendida y peculiar estulticia nuestra, la globalización nos prometía el intercambio comercial, una próspera Economía mundial, una moneda unitaria en una Europa paradójicamente desmembrada, tecnología a destajo, unas lenguas predominantes, migraciones controladas a fuerza de muros y un mundo más “sostenible”. Bendita globalización. Poca leche para tantos cachorros.
En la cumbre sostenida en enero de este año en Davos, la canciller alemana Angela Merkel desgranaba con evidentes dosis de positivismo, ante la mirada del fundador del Foro Económico Mundial y economista Profesor Klaus Schwab y la presencia de un nutrido público de expertos, los ejes de un discurso centrado en temas tan candentes como la Biodiversidad, el Medio ambiente, África, los movimientos migratorios, China, su Agenda para el futuro y la coexistencia de una más que necesaria multilateralidad en un mundo tremendamente acostumbrado al bilateralismo. Recalcó y puntualizó además la importancia de escuchar al Otro, de hablar con el que tiene algo que decir.

Hayan hablado o no los Gobiernos entre sí con esa sublime palabrería que tanto les caracteriza, reconozco que al ciudadano de a pie enoja más si cabe, no tanto el hecho de que China haya escondido la génesis del virus, sino  todo el trastoque provocado a su vida y a su Economía familiar. Frente a esta alarmante situación y respecto a la poca o nula clarividencia por parte de las autoridades chinas, dos asuntos no son todavía concluyentes. Primero, el paciente cero o el caso índice (que bien podría arrojar luz a las investigaciones que se están llevando a cabo sobre la vacuna) sigue inalterado en el anonimato y segundo, se ignora si el COVID-19 fue fabricado en un laboratorio o por generación espontánea de animal a humano.
Una realidad sí es cierta: con asombro impertérrito y desde una visión inicial un tanto distópica de la realidad, comprobamos atónitos cómo pasa la vida a través de los visillos, cómo el enemigo osa robarnos la Alegría. La empalagosa tormenta informativa nos atiborra con frívolas estadísticas, políticas afrentas y una sobresaturación diaria. Menuda tortura para un personal asiduo a las máximas de “y yo más”, “a mí no me iba a pasar nunca”, a mostrarse más que al “ser” y muy poco acostumbrado a vivir de puertas para adentro.

Frente a esta diatriba, no nos vendría del todo mal  acordarnos  de los sabios de Grecia para poder arrojar un poquito de luz a nuestro desdibujado horizonte. Pitaco de Mitilene, uno de los siete sabios griegos, sentenciaba que el poder evidencia al hombre. Preguntémonos si no hemos malgastado para nuestro placer o solaz, ese poder que nos hemos atribuido.
O tal vez debamos cuestionarnos al estilo de Rubén Darío ¿cómo estamos?, ¿qué nos pasa?.

 

La princesa está triste.
¿Qué la pasará a la princesa
que ha perdido la risa, que ha perdido el color?.
La princesa está triste.
¿Qué le pasará a la princesa
que radiante viste con organza, sedas y tul?.
Pobrecita princesa de los ojos azules.
¿No será que vive recluida en su palacio de cristal
y que sus labios ya no se encienden con los besos de su amor?.
Calla, calla que la princesa ríe.
Calla, calla que la princesa confía…
que el mundo se reinventa y libre, ella, en él.

 

Usue Mendaza

Blog de la autora

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Usue

Nace en Vitoria-Gasteiz en 1975, reside en Benidorm (Alicante) desde hace 9 años y pertenece al Liceo Poético de Benidorm con el que ha participado en la Antología VOCES EN AZUL. También participó en la Antología DEL SILENCIO AL TEATRO DEL PARNASO en homenaje al poeta modernista hondureño Juan Ramón Molina, amigo de Ruben Darío. Acompañada por el cantautor Luis Eduardo Aute, están también sus letras en la edición virtual de Agosto 2013 de DOS POEMAS Y UN CAFE. Reside en Benidorm y trabaja en Alicante.

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