EL DESEO DE TU AMOR. Por Isidro R. Ayestarán


Hoy decido que ya se acabó, que dejo de ser el poeta solitario ahogado en mil penas y herido en decenas de batallas. Esta noche pongo punto final a mi eterno personaje de vagabundo de sentimientos, tantas veces descrito en infinitos versos y retratado en innumerables personajes que no eran más que una necesaria proyección de mi realidad y mi propia vida.
He decidido dejar de llorarte, de echarte de menos, de buscarte por calles desiertas y de evocarte en mi propia soledad, apenas iluminada por unas velas como escenario de mis fotografías imposibles acerca de la certera amargura que provoca tu constante abandono cada vez que es tu nombre lo único que musitan mis labios secos y faltos del ardor de tus besos.
Hoy quiero mantenerme despierto para no soñarte, para no desearte, para no constatar que tu ausencia ha terminado por arruinar mi propia existencia, tan alejada de la tuya y tan gris, que ya apenas podía mantener por más tiempo viva entre cuatro paredes ruinosas y calladas…
Siempre sostuve la creencia de que mi empecinamiento por conservar todo aquello que nos unió un buen día, tan lejano del mundo de mis recuerdos, acabaría por destrozarme por dentro. Y así fue.
El amor es un sentimiento desnudo que no necesita de ropajes ni etiquetas; no precisa de jornada de reflexión alguna ni de confirmación de nada. Es tanto su poder y su magnetismo, que el mundo que lo rodea carece de toda lógica y de pleno significado. Y todo lo anterior define a la perfección lo que significa mi amor por ti, mi inmenso amor por tu persona, y lo enormemente desgraciado que me siento porque tú ya no estás junto a mí; porque tú decidiste alejarte de mi lado; porque tú, en definitiva, confesaste que ya no me querías ni sentías nada por mí.
Tal vez por eso, desnudo y carente de todo, especialmente de ti, y arropado únicamente por mis silencios y mis recuerdos, sea el punto final la única solución a la falta de respuesta por tu parte hacia este anhelo mío por conservarte entre mis brazos y por aferrarme a un imposible recuerdo que me pueda transportar a lo más hondo de los latidos de tu corazón.
Pero tampoco me hagas mucho caso, vida mía. Con toda probabilidad, en el último segundo tu nombre se me escapará de los labios, y como una fuerza del destino, como ese mágico deseo por sentirte de nuevo a mi lado para reiniciar lo nuestro, algo me hará recapacitar para hacerme comprender que el llorarte y el echarte de menos es también una forma de seguir amándote.
Realmente, es lo único que me motiva a seguir vivo en este mundo muerto que me fabriqué hace tiempo para ver si lograba olvidarte para siempre.
Y mientras vuelvo a la vida, me acercaré lentamente hacia las ventanas para ver si te veo enfilar nuestra calle, entrar de nuevo en nuestro portal, abrir nuestra puerta con tus llaves y saludarme con un beso en los labios. Yo te preguntaré qué tal has pasado el día, mi vida, y todo volverá ser como estaba antes. Como cuando comprendía que el amor es un sentimiento tan maravilloso, que nos unía para siempre en una relación de dos que no le importaba al resto del mundo.

Isidro R. Ayestarán, 2007
www.isidrorayestaran.blogspot.com – NOCTURNOS

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