Ladrones de ilusión. Por Paula Muñoz

Robadme el bolso, una lágrima, mi mejor sonrisa al doblar la esquina. Quitadme las pulseras, cinco minutos cada mañana y hasta un rizo de mi melena. Pero no me robéis la noche, dejadla encendida para que pueda ver las montañas que rodean la ciudad, para adivinar la silueta de mi amor junto a mí, para que pueda acariciar las hojas de un libro. Dejadla para que pueda hipnotizarme la mirada de ese gato negro que sale por mi ventana, para que pida deseos a las estrellas y dé forma a sus hermanas, para que la luna bañe con su luz cada recodo del mar. Por favor, dejad como única luz nocturna a las estrellas y a la luna -ella me promete que siempre vestirá su marfileña y redonda desnudez si me obedecéis. Quitad de las calles la navidad, las farolas (pero no todas, dejad algunas en las que agarrarme si bailo bajo la lluvia), apagad los coches y disfrutad de largos paseos al ocaso con la sinfonía de los lobos, romped todos los interruptores de casas y edificios y amaos en la oscuridad de las sábanas. Dejad abandonada en un rincón a la luz naranja y permitid a la blanca color paz que ilumine nuestras noches.

Paula Muñóz

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