
Dicen que hay gente chupaluz; gente que te roba la energía…; que te apaga, vamos.
Hoy, tuve un día gris; me refiero a que las nubes se adueñaron del cielo y faltó claridad. También el gris nos ayuda a expresar estados de ánimo: “Tengo un día gris”; o a definir a alguien que consideramos frío, indeciso, ausente…: “Es una persona gris”.
A raíz de estas disertaciones con las que me entretengo en los días grises, me ha surgido el tema de lo que califico como personas-chupaluz; que no las llamo “personas-nubes” ni «personas-grises», porque sí que brillan algunas veces; cuando nos roban la energía, claro.
Por lo general, la mayoría de personas que consideramos «grises» se maneja bien en su “oscuridad” y no necesitan apropiarse de la luz de nadie. En cambio, tenemos otro tipo de gente (chupaenergías) que sólo brillan apagando a otros. ¿Conoces a alguien así? Yo sí; afortunadamente, en cuanto los reconozco me los quito de encima.
Recuerdo a una de estas “lámparas sin aceite”, porque me dejaba seca cada vez que nos veíamos. Odiaba, por ejemplo, que me colocara bien el cuello de la camisa o las cuentas del collar mientras le hablaba; que me corrigiera la forma de sentarme o de tomar el café; que nunca me diera la razón y, sobre todo, no podía soportar que utilizara conmigo sentencias de palabras cerradas que mermaban mi autoestima: “Tú siempre andas perdida», «Nunca aprenderás” “No hay quién te entienda”…
Esta gente, resulta especialmente habilidosa a la hora de apagar a alguien. Suelen recalcarte, por ejemplo, todo lo que haces mal (eso sí, con la mejor de sus sonrisas). También cuestionan todo lo que dices, tu forma de vestir, de pensar, de actuar…; como si fueras zurda de las dos manos. Eso las coloca en una posición elevada respecto a ti (se crecen) y, sin tú saberlo, se te van subiendo encima hasta que te apagan; de manera que la luz que poseías, ahora, por defecto, es suya.
La energía también se pierde por otros motivos: por ejemplo, cuando no consigues desprenderte de un asunto que te afecta; cuando te comes el coco por algo que no merece la pena; cuando te exiges demasiado o cuando piensas que le quitas algo a tu familia por disfrutar de lo que te gusta.
Las personas normales perdemos energía casi a diario, aunque solemos recuperarla enseguida, porque la energía está ahí, a nuestra disposición. Se obtiene energía escuchando música, contemplando una puesta de sol, paseando entre los árboles, meditando, cultivando flores, leyendo, disfrutando de una velada con los amigos, un bañito de espuma… (y todos los gerundios que te hagan sentir bien). Y tú me dirás ahora, ¿por qué, entonces, esta gente viene a robar la energía de los demás? Muy fácil… También se obtiene dinero trabajando y algunos prefieren robarlo. Además, estos seres chupaluz no son capaces de disfrutar de ese abanico de posibilidades entre las que fluye energía sana y gratuita al alcance de todos. Ellos sólo «lucen» cuando apagan a otros; son como las farolas y el sol: hasta que la luz natural no se retira, la superficialidad de las farolas ni se ve .
Es por eso, que estas personas van por el mundo a oscuras, clavija en mano, a ver dónde enganchan su mísero artilugio para que brille un poco.
¿Conoces personas de luz? Ésas, ésas son las fuentes naturales a las que debes arrimarte, porque al fusionarte con ellas, su luz y la tuya se duplican.
Huy, me enrollo como las alfombras en verano…
Mercedes Martín Alfaya
Blog de la autora.

Cuanta razón llevas en lo que dices. Lo cuentas de una forma sencilla, pero es un tema complicado que muchos tardamos en ver.
Gracias por compartirlo.:))
SusanaBCN
Como me ha gustado este texto Mercedes, es que te entiendo muy bien.:))
te digo los mismo, no dejes de decir lo que piensas. Besos grandes
Brujapiruja