No hablemos mal de la mentira porque, según cierto enfoque filosófico, el mundo entero es mentira, se llama Maya y solo existe en nuestra imaginación. Y en este mundo de mentira pedimos «No me mientas» sin querer oír la verdad porque duele. La mentira maliciosa hiere y difama, y su hermana piadosa no va a misa sino que se absuelve a sí misma bajo pretexto de no querer hacer daño. Algunos dicen que no mienten nunca, pero a lo mejor no saben distinguir entre mentira y verdad como aquel cretense que mantuvo que todos los hombres de Creta mentían, con lo cual creó un bucle absurdo del cual no hay salida. El refranero nos consuela -o nos amenaza- diciendo que las mentiras tienen las patas cortas, o sea, que, antes o después, la verdad las adelanta y son descubiertas.
Seamos sinceros, pues, y cantemos una canción infantil…
Dorotea Fulde Benke
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