
Bajo la fresca mata – el adivino-
lanza estridentes notas hacia el viento;
es su techo y su luz, el firmamento,
lo acompañan los sapos del camino.
No tiene instinto cruel, ni es traicionero,
vigila sigiloso en su maraña;
al mínimo sonido, él siempre extraña,
y es su vestido tinte carbonero.
Pequeño cantarín, que sin colores,
alegras los senderos… ¡Quién pudiera
lanzarlos como tú, de mil amores!
Si por siempre tu canto enmudeciera,
¡qué sería del campo y de las flores!
cuando empiece a brotar la primavera.
——–

Autor: Juan A Galisteo Luque
Blog del autor.

Me encanta el poema, pero debo estar espesa hoy porque no adivino. Será posible…si no lo consigo ¿me lo dirás?
Un abrazo.
Será el Grillo…
Exactamente, es el grillo, un insecto que últimamente no lo escucho tanto en los campos de primavera, aquí en el Norte y no sé ¿por qué?. Quizá sea, porque mueren con los frios las crias o por todos los pesticidas o química que tiran al campo. Cuando era niño, me gustaba cogerlos y en las noches de luna llena, en verano, me quedaba inmóvíl escuchándolos bajo un gran manto de estrellas.
Eso, me inspiró para hacerle un poema al modo de adivinanza.
Muchas gracias Brujapiruja, por tu comentario y por la publicación.
Un abrazo.
Bonita descripción Galeote, al poco de neviar el comentario se me ocurrió, porque yo si me duermo con el canto del grillo en la playa y el runor del mar, y es cierto que cuando no canta (de lejos,claro) se echa en falta.
Gracias a ti por dejarnos estas perlas :))