Eternos
Yo quiero que me dejes ser la mano
que se allega volando a tu cintura
como un pájaro hambriento de locura
en una clara noche de verano.
Y que otra mano surja en la premura
para ayudar a ese ritual arcano
y sean así dos aves en el llano
de tu vientre lacrado de ternura.
Volar… volar… a allí donde me esperes,
adonde estés… siempre mi meta eres,
mi sinrazón, mi lucha, mi agonía.
No te voy a olvidar aunque me muera,
habrá una sombra, si es que yo pudiera,
que te recordará que fuiste mía.

Marcelo Galliano
Argentina
