Las reinas del grito por excelencia
-no me cabe duda- somos las madres
que concebimos gritando
y gritamos pariendo.
Luego nos sale un amor ciego
que expresamos a gritos
hasta que nuestros hijos
nos dejen de escuchar:
¡Te voy a comer a besos!
¡Ven aquí o te voy a matar!
Pero si nos los matan,
ese grito nuestro se multiplica
y ya no se acalla nunca
aunque solo suene en nuestras mentes.
Dorotea Fulde Benke
