Las arañas zancudas. Por Jordi Rosiñol

Las arañas zancudas

 

   Siempre me gustaron las arañas zancudas, eran menos amenazantes, y más frágiles a mi mirada entomofóbica, caminan seguras, rápidas, y gráciles en el deambular sobre el estucado blanco y criminal en la moda pintoresca de las paredes de los años setenta. Los insectos, vamos los bichos siempre me dieron pavor, es más sin todavía balbucear ninguna palabra más allá de ruidos guturales, ya era el hazmerreír de la familia (siempre tan solidarios ellos). El marchar de una simple hormiga errante interpuesta en mi camino despertaba una sirena atronadora de horror en mi garganta, unos gritos solo atenuados por las carcajadas a coro de los que supuestamente me tenían que defender de tan tremendo animal. Después de desencajar las mandíbulas parentales a risotada batiente, mi tío, el mayor de sus hermanas se compadece de mi subiéndome a una piedra, en ella tenso y tieso, oteo los límites de la ínfima isla, y allí como un faro más parecido a un mojón de carretera pasaba un feliz día de campo.

aranas zancudas

   Ya entonces noté que les había decepcionado como heredero de una genética de supuesta valentía, y es que las comparaciones son odiosas, y la algarabía de mis primos cogiendo saltamontes, y otros insectos para jugar con ellos era degradante. Aunque ahora me pregunto qué pensarían esos animalillos martirizados entre tortillas de patatas, lomos empanados, y botas de vino tinto de Jumilla. En aquel entonces, con mi dignidad perdida antes de estrenarla, no entendía nada, la jornada era maratoniana subido en mi piedra protectora. Un caso perdido eran mis primas, semejantes a las hermanas Gilda de los tebeos seguían descojonándose de mí, y azuzando a esos pobres bichos medio aplastados entre sus huesudos y largos dedos. Ellas siempre han sido muy de reírse de todo, ya entonces me hubiera gustado que aquellos pobres animalicos balbucearan lo que pensaban de ellas. En fin, aún no tenía dos años, y ya era un desecho familiar de primer orden.

Ante la vergüenza depresiva de mi padre, y la desesperada e inútil defensa de mi madre, todos ellos degluten, discutiendo si era mejor la tortilla de mi madre o la de mi tía, siempre en perenne competencia para llenar los estómagos jubilosos de mis primos, y sobre todo en conquistar el paladar del hermano mayor que debía dictar sentencia, tan solo podía haber una ganadora, y la competencia argumental entre ambas llegaba a ser despiadada. Por suerte, las risas se apagaron con los dos carrillos inflados a todo tren.

Como el faro de Alejandría, versión invisible, no me pensaba bajar de la piedra por nada del mundo, y eso que los jugos digestivos me atenazaban de hambre hasta trenzar un lazo en el esófago que acallaba los rugidos de las tripas. Menos mal que mi tío no venía cada semana, y las féminas de la familia tenían meses por delante para prepararse las olimpiadas tortelliles en las cocinas de alto rendimiento, si no hubiera sido así, mi trauma estaría aún en manos de psicólogos, y terapias de grupo.
Los años pasaron, y mis miedos a los bichos los sigo sufriendo en silencio, en silencio y resignado como si de almorranas se tratara. Sigue el terror a todo, menos a mis queridas arañas zancudas.

Jordi Rosiñol Lorenzo

jrosinol

Nacido en Barcelona, catalán al cincuenta por ciento y por igual de orígenes murcianos. Desde la emigración forzada por la necesidad tras la Guerra Civil, soy el primer retornado de mi familia al mencionado origen. Autor: «Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad» Frida Kahlo - _ Finalista del certamen de relato AzulCobalto 2021 — premio con el relato «Urgencia humanitaria» en el I Concurso de Microrrelatos Navidad 2017 de Molina de Segura. — Finalista con el relato «Hipocresía» en el I Premio Espacio Ulises 2017. — Seleccionado con el relato «El cine de las sábanas blancas» en la antología de relatos «Ulises en el festival de Cannes» Playa de Ákaba 2017. — Seleccionado con el relato «La ventana a la libertad» en la antología «Cosas que nos importan» Playa de Ákaba 2017. — Seleccionado con el relato «La batuta mágica» en la antología «Las 7 notas musicales» Defoto libros 2017. — Columnista habitual desde 2015 en «Periodista Digital» dirigido por Alfonso Rojo. Anteriormente colaborador con opinión en «Crónica Global» y diversos medios regionales y locales. — Articulista de opinión en el Semanal Digital dirigido Antonio R Naranjo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *