Remedios. Por Amelia Chaves Macias

 

Remedios

Remedios, la del Cerro Pelón, vende flores en la Plaza Chica. Antes ofrecía su cuerpo, al precio de seis claveles y un lirio; pero ahora solo brotes florecidos, agrupados en primorosos ramilletes que remata con celofán y lazos de seda.

Tras el ventanal, yo la veo afanarse desde la amanecida, recia en los andares e invulnerable a las hablillas de la plazuela. Parece que tuviera Remedios cáscara o los interiores muertos a ojos de todos; pero yo se los entiendo bien frondosos, porque veo desarmársele el mohín al roce con las criaturas. A Remedios se le suaviza el alma cuando los niños señalan sus rosas coloridas y le azuzan con su lengua de trapo sus ternuras de mujer. Y es que la Reme, además, nunca ha dejado de ser niña, la delatan mil fulgores en sus ojos inocentes, y yo sé bien que de inocencia la Reme no presume solo en la mirada. Al puesto se le acercan muchos para comprarle las violetas o las rosas a cambio de echarle el ojo lleno de vileza, y de vicio, y de astucia, aunque ella ya dejó su pasado bajo lacra y bien atrancado, por mucho empeño que den con los nudillos a su memoria con tanto disfraz.

Yo sé bien por qué tuvo sus yerros en el pasado. A la Reme la sedujo un pájaro con mucha academia enredándola con promesas de futuro y cegándole el alma hasta dejársela enajenada. Vestida de novia casi, el indeseable le voló a las Américas muy cobarde, con el yugo familiar desafiándole abandono muy de frente. Digo «cobarde» porque a él la Reme no le era nada indiferente, pero el miedo a perder la herencia le apretó más fuerte la hombría que el corazón.

La Reme se echó con la razón maltrecha a los anocheceres, con pulso yermo y la piel en otro mundo. Yo creo que buscaba en los hombres borrar aquellas caricias primeras, y a poco más se saca el pellejo buscándose dolores para avivarse la pena. Bien cruelmente se castigó los adentros teniendo tan poca culpa. Anduvo así siete años, y se comprende que, a base de lágrimas y aborreciendo machos, le regresó la razón con tanto golpe. Después, más sola que viva, entendió que las flores, después de arrancadas, pueden marchitar bien alegres. Y que el sufrimiento es un buen maestro. Ahí, en la plaza de enfrente, en la Plaza Chica, delante de este ventanal frío como la prisión de mi alma, ella florece cada día, mientras yo no broto más que en vergüenza.

Hoy es 14 de abril, aniversario de aquella espantada canalla que me ha marcado las entrañas. Y hoy, como siempre, encargo un ramo de rosas para recordar qué soy. Cuando el zagal al que mando recogerlo, le pone los dineros en la mano, ella, muy digna, se lo entrega. Luego alza la vista al ventanal y a mí me cubre con escarcha cada latido en esa mueca. Después se gira y me da la espalda. Y me destierra con el poder de una reina al exilio de otra primavera.

remedios

Amelia Chaves Macias

Premio especial del público del VIII Certamen «Poemas sin Rostro»

Remedios. Por Amelia Chaves Macias, 9.1 out of 10 based on 22 ratings
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24 comentarios:

  1. Elena Marqués

    Más de una vida retratadas en unos cuantos párrafos. Y tu voz poderosa, y al mismo tiempo frágil, señala sensible un mundo no siempre hermoso. Pero tenemos la suerte de que hasta las historias más tristes reciban de ti el hálito de la dignidad y la esperanza.
    Muchísimos besos.

    • Cierto Elena, el mundo no es siempre hermoso, pero podemos, tenemos la obligación de dulcificar esa mirada ante él, porque eso puede incluso hacerlo un poquito mejor.
      Suerte la mía de tener el privilegio de que me leas.

      Un abrazo enorme.

  2. ¡Muy bonito!!! ¡No puedo hacer más que admirarte por saber expresar aquellos sentimientos que son tan difícilesde describir!!!!
    Enhorabuena!!!!

    • Hola Igor, tu ya sabes por ser mi familia, (se me llena la boca diciéndolo) que para mí es ilusionante tu apoyo. Yo también te admiro.

      Besazo.

  3. Una historia de supervivencia, de saber sacar la cabeza y la dignidad cuando quieren hundirte. De gusto por la vida y de saber vivir a pesar del mundo. ¿Hay mejor profesión, más poética, para quién desea salir del lodo, echar sus raíces fuera? No. No podías colocarla mejor, Amelia, con lirios, claveles o rosas se deshace en belleza, como los pétalos de las flores, este texto. Incluso el canalla contemplando la hermosura se humaniza. Maravilloso. Enhorabuena. Muchos besos, amiga.

  4. MariajoseMarti

    Precioso, Amelia, precioso e inteligente modo de contar una historia tan desgarradora.

  5. jean Llobregat

    una vivencia que nos hace criticar a otros sin conocer las razones por las cuales se actúa de tal o cual manera, es un relato muy hermoso, sigue así ameli

    • Hola Señor Llobregat,me alegra de que el relato le haga madurar reflexiones, y muchísimas gracias por leer y comentar.

  6. Al igual que el pintor diestro que con escasas líneas, pocas pinceladas, presisas ambas, construye el concepto y a la vez ilustra el detalle, así en tu escrito, ameli, nos regalas una imagen en la que el pasado del personaje y su presente, sus deseos y sus realidades, miedos y certezas, nos hacen sentir a la vez complices y culpables de todas las Remedios y de todos los cobardes que en el mundo han sido. El barro sucio de callejones sórdidos que son su pasado, conforman la tiera fértil necesaria para que surjan esas flores que ahora ofrece, limpias, brillantres, retazos de luz en contraste con la antrerior obscuridad. Felicidades amelí, me arrancas una sonrisa que permanece durante horas.

    • No puedo reaccionar ante este comentario, señor Roderic, sino con otra sonrisa.

      Muchísimas gracias por leer y comentar. Un abrazo enorme.

  7. Después de leer tu relato, uno queda tocado por la mirada solidaria de tu narradora, atrapada en el ventanal de su tristeza, y por la fuerza y las ganas de vivir de tu Remedios, hermosas ambas a pesar de los golpes y de tantas cicatrices en el alma.
    Otro relato, Ameli, lleno de sensibilidad y de ternura hacia los personajes desvalidos y maltratados por la vida, que pululan insomnes por tus relatos como por ‘calles sin nombre’.
    Dan ganas de acariciar las flores que dibujas con tus imágenes, de olerlas, de besarlas, porque tienen el aroma de tus criaturas literarias y de ti misma. Enhorabuena, Ameli, y un beso.

    • Uno de los privilegios más notables de quién escribe, es crear con total libertad.
      Escribir permite proyectar aquellos valores que se reconocen, incluso condenarlos. Una de mis inclinaciones en cuanto a narrativa es justificar en cierto modo ambas, y humanizar en la medida de lo posible cualquier visión.
      Pero en esto de la creación y por ese mismo privilegio, quién sabe en que momento un autor mute sus percepciones según su estado de ánimo o inspiración Gervasio.
      En cualquier caso te confieso que la sensibilidad me enamora cada día, y si has podido captar eso, pues tengo muchísima suerte de tenerte como lector.
      Y por cierto hablando de “sensibilidad” tus comentarios son toda una declaración en ella.
      Un beso enorme.

  8. Es tremenda la capacidad que tienes de hacernos participes no sólo de la historia, también del detalle, de la insinuación,de las fragancias. Y ese lenguaje preciso que me situa los planos en perfecto equilibrio y belleza.
    Una delicia leerte Ameli.
    Besos

    • Brujapiruja, escribo con ilusión porque comprendo, el maravilloso don de poder mudar historias de nuestro Mundo, a ese otro plano tan díficil en el que sabiamente tú te sitúas.
      Compartir todas esas visiones en un lugar privilegiado como esta Casa, es motivación suficiente para hacerlo humildemente lo mejor que se pueda.

      Un abrazo enorme. Gracias.

  9. nunca e podido leer istoria tan triste y a laves tan bien escrita

    • ¿Te llamas Remedios? Me parece especialmente emotivo tu mensaje. Muchísimas gracias por leerme y te dedico cada hermosa flor de la historia en cada Remedios de este mundo. Un abrazo enorme para ti de corazón, entrañable lectora.

  10. Un texto poderoso, bello, con un estilo espectacular al servicio de una gran historia.

  11. Yo sé bien, mi querida Amelia, que me has puesto los vellos como escarpias, así como el que no quiere de la cosa, y de buena mañana.
    Un abrazo.

    • Y así como quién si quiere la cosa, y de buena tarde, yo me quedo comtentísima con este comentario y con el abrazo muchísimo más

      Admirado Belmonte, infinitas gracias y un abrazo.

  12. Nos lleva y nos trae al corazón de esa mujer…

    • Muy bonita lectura la que has hecho del relato, muchísimas gracias por tu sensibilidad Maria Esther.

      Un abrazo.

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